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octubre 2, 2022
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Queso y dulce

A 40 años de la guerra de Malvinas, una familia marplatense mantiene vivo el recuerdo de unos de sus integrantes y de la posibilidad de traer su cuerpo a la ciudad. Cómo se vive una guerra cuando tu hermano es el que está en ella.

Por Juma Lamacchia

Juan Del Hierro es hermano de José Luis, fallecido en Malvinas durante la guerra. En memoria de él y acompañando a su familia en un nuevo aniversario, los invito a leer esta historia.

Al comienzo de la guerra de Malvinas José Luis se encontraba en La Plata para estudiar la carrera de ingeniería aeronáutica con sólo 19 años de edad. Había realizado el servicio militar obligatorio y finalizado hacía un año. El regimiento volvió a solicitarlo y se calzó, nuevamente, el uniforme militar.

Juan Del Hierro, hermano del ex combatiente José Luis. Fotos: Mauricio Arduin

La fecha era 7 de abril, Argentina llevaba unos días de recuperación de las islas y todas eran buenas noticias. José Luis era un pibe muy racional, así lo recuerda Juan, ocho años menor. El traslado era inminente pero la información era difusa. No sabían a dónde iban o a qué, ni exactamente qué les tenía preparado el futuro. Supuestamente no iban a pisar tierra en las islas, solo se quedarían en el continente. Según relata, les mentían a los jóvenes que debían sumarse al Ejército para que no tomen la decisión de irse. Quizás por eso mismo, José Luis decidió continuar con sus obligaciones ante la insistencia de su madre de irse a otro país. Y quizás también, porque nadie se imaginaba que podía suceder. “Nunca tomás dimensión de que vas a una guerra, no te lo imaginás. Nadie dijo ‘se puede morir’. Y en una guerra esas cosas pasan”, agrega Juan.

La familia

La familia Del Hierro estaba constituida por tres hermanos, José Luis el mayor de ellos, y Juan, el menor. El padre trabajaba en una empresa mayorista, y su madre era ama de casa. Un día lo despidieron uniformado y con el pelo rapado, recomendándole que se cuide. Y el último abrazo que hoy Juan recuerda cada vez que pasa por ese lugar.

La comunicación con los soldados que se encontraban en las islas era muy difícil, mediante cartas fueron obteniendo información que él mismo les acercaba. En junio de ese año comenzaba el Mundial de fútbol en España. Los Del Hierro tenían pasajes, la cita máxima iba a cumplir el sueño de una familia futbolera. En sus primeras cartas, en el mes de abril, José Luis advertía que al finalizar la guerra en los próximos días, le iba a dar tiempo para poder subirse al avión. El mismo tono mantuvo unos días más durante mayo. Hasta que en sus escritos, dejó de nombrar la posibilidad de ese anhelo. Las cartas se escribían en diferido por el bombardeo inglés y ya llevaban dedicatorias a sus seres queridos. Una especie de despedida anticipada o cautelosa. 

“Es cierto que los ingleses están muy cerca, pero a mi puesto de combate les juro no me han venido ninguno a visitar, espero que no lo hagan. Hay que seguir rezando y pidiendo a la Virgen para que esto se arregle en paz y se acabe ya. Cada vez tenemos más ganas de volver c/u a su casa sea como sea, ganando o perdiendo, pero volver y pronto”, escribe José Luis, en lo que sería su última carta.

Sus compañeros le hacían chistes con que perdería el avión, pero la ilusión de volver y viajar estuvieron intactas durante un tiempo. Seguramente así lo pensaban José Luis y sus compañeros, como mucha gente en el país, de que la guerra se estaba “ganando”. Pero las fechas se le venían encima.

Algunas pertenencias de José Luis.

La última carta de José Luis Del Hierro

La última carta de José Luis fue escrita el 7 de junio de 1982. El avión rumbo a España para disfrutar del Mundial despegaba al otro día, por eso intentó disculparse: “Al final se nos quedó en el tintero el viaje. Pobre papá, tanto juntar y organizar y yo le tiré abajo todo”. Pero siempre tuvo en claro a los responsables, y agregó: “Aunque deslindo responsabilidades en el loco de nuestro presidente y sus desvelos de grandeza. Acá todos, pero todos lo agarraríamos del fundillo de los pantalones y lo pondríamos como nosotros, hoy cumplimos 55 días, en estos pozos”. 

La noche previa a la rendición argentina, José Luis y otros soldados, pierden la vida camino a Puerto Argentino a causa de una gran nevada. Sus cuerpos permanecieron por debajo de la nieve hasta que ésta comenzó a desaparecer.  Geoffrey Cardoso, militar inglés, es quien los encuentra, guarda sus pertenencias y entierra en las islas.

Esta noticia llegó a manos de la familia Del Hierro mucho tiempo después. Ellos fueron a recibirlo a José Luis a La Plata, y al no bajarse del micro, las posibilidades eran varias: en un hospital inglés, prisionero o muerto.

Una de las cartas de José Luis Del Hierro
Una de las cartas enviadas por José Luis a su familia

Allí comenzó la odisea. El padre de Juan inició una búsqueda interminable. Financiada de su bolsillo, viajó a París en marzo del año siguiente con la ilusión de encontrar la información necesaria que le dé la tranquilidad del paradero de su hijo, pero el resultado no fue positivo. De París a Ginebra, a la sede de la Cruz Roja, con el mismo objetivo. Un baño de realidad fue recibir un informe completo con los detalles de defunción de José Luis, día, horario y lugar, que había sido enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país el 10 de febrero de ese año. Es decir, el gobierno argentino siempre supo y tuvo esa información, mientras una familia desesperada recorría el mundo en busca de algún dato.

“Las Malvinas no tenemos dudas de que son argentinas, pero nunca más una guerra. La guerra no termina el día que dicen que termina, al contrario, no termina nunca”, reflexiona Juan mientras lee el informe cedido por la Cruz Roja.

20 años después

Pasaron veinte años y Cardoso, junto a Julio Aro, repasaron detalles sobre soldados caídos en Malvinas para identificarlos y realizar trabajos de ADN. En ese momento, los Del Hierro supieron que había sido él quien alzó el cuerpo de José Luis, y guardó sus pertenencias y realizó la devolución correspondiente a su familia.

Otro recuerdo que lograron tener años después fue el de un compañero de José Luis, de Saladillo, que también les devolvió una llave que él tenía guardada que la habían intercambiado en campo de batalla. Memoriza los malos momentos que pasaron y cuenta que en pleno bombardeo, vió acercarse a José Luis cuerpo a tierra unos treinta metros. Ante la curiosidad del hecho y el riesgo de vida que eso significaba, la respuesta fue que iba en busca de queso y dulce, solicitado por un superior, hoy General retirado.

Juan viajó dos veces a las islas, la primera en el año 1991 y la segunda en 1998, una forma de representar a su familia y encontrarse cerca de su hermano mayor, aún enterrado en las islas. El objetivo es poder traer su cuerpo, además de haber sido el deseo de él, para cerrar un ciclo y sentir que “ya estás acá”, como dice Juan. 

La importancia de saber

Para todas las familias obtener información y poder realizar pruebas de ADN a los cuerpos que se encuentran en las islas es un trabajo muy importante para superar y cerrar ciertas dudas que pueden tener al pasar los años pos guerra. La fundación No me olvides realiza trabajos para fortalecer la calidad de vida de los ex combatientes y sus grupos familiares.

la llave de José Luis Del Hierro
La llave de José Luis que en campo de batalla entregó a un compañero y que su familia recuperó tras su muerte

En la familia Del Hierro hubo dos etapas sobre Malvinas una vez finalizada la guerra, relata Juan. La primera, muy fea y dolorosa que significó la búsqueda por mucho tiempo de José Luis y el obtener información sobre él. La segunda, el monumento hecho en Mar del Plata, si bien los padres no eran de involucrarse mucho, en ese momento estuvieron más cercanos a las organizaciones de ex combatientes. Una vez terminado, decidieron alejarse porque el tema entre ellos era muy monotemático.

El padre de Juan falleció hace 15 años, y en sus últimas horas de vida, se la pasó hablando de su hijo mayor, algo que no hacía nunca. Una muestra de la mochila que fue cargar por tantos años el sufrimiento de una guerra.

Hoy el mundo aún tiene guerras, y 40 años después de Malvinas, Juan mira por televisión o redes sociales a soldados rusos o ucranianos caminar a la deriva y piensa en que así estuvo su hermano. Algo que los argentinos no pudieron ver en aquel entonces.

El Jardín de infantes N° 29 de la ciudad de Mar del Plata lleva el nombre de José Luis Del Hierro y fue inaugurado en el año 2013. Para Juan, el mejor homenaje que su hermano podía recibir. José Luis fue alumno del Instituto Peralta Ramos y ex compañero del actual Intendente del MGP, Guillermo Montenegro.

El Mundial de 1982 no pudo ser lo que la familia deseaba, como tampoco lo fue el resto de su vida. Yo no sé si el fútbol repartirá justicia, pero cuatro años después todos tomamos con épica la casualidad del enfrentamiento en una cancha contra el seleccionado inglés en un mundial, en este caso, el de México. Ya todos sabemos lo que pasó y quién fue su protagonista, y Juan lo recuerda de esta manera: “Cuando Diego hizo el segundo gol, a mamá se le caían las lágrimas. Algo había. Fue muy importante, y creo que para todos lo fue”.

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

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