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Manual para entender lo inentendible 

La captura de Nicolás Maduro reconfigura el tablero político venezolano y expone una estrategia estadounidense cruda y sin eufemismos mientras una región observa, sin margen de maniobra, un giro de alto impacto en Sudamérica.

Por Augusto Taglioni

La captura de Nicolás Maduro por un operativo de la DEA en territorio venezolano abre un escenario de fuerte incertidumbre para el futuro del país sudamericano y la región. El antecedente es fuerte por lo desembocado de la estrategia que, además, no tiene en Estados Unidos la más mínima intención de ocultar los verdaderos motivos. 

No hubo en la narrativa norteamericana palabras como democracia o libertad y dejaron en claro, Trump y Rubio que no buscan convocar a elecciones ni generar las condiciones para que María Corina Machado y Edmundo González formen parte de la etapa que se viene. “Queremos el petróleo”, dijo sin rodeos el líder republicano. 

Es evidente que la caída de Maduro despierta esperanza en millones de venezolanos que están en el exilio y de muchos otros que siguen en su país con miedo y tristeza. La brutalidad de su secuestra no omite su condición de dictador, ni los crímenes por violar los derechos humanos y perseguir a los opositores. Maduro es eso y mucho más, pero el panorama que se abre parece más complejo de lo que a muchos le gustaría.

En primer lugar porque la transición la conduce el propio chavismo. Delcy Rodríguez ya tomó las riendas del poder con aparente aval interno y externo, en especial de la Casa Blanca. ¿Qué significa esto? Que Trump no es un presidente ideológico como esperan las derechas locales que lo admiran sino que se mueve con un pragmatismo que le permite acercarse a Putin u otros líderes del mismo estilo, detestado por el liberalismo occidental. 

Ejerce el poder con mano de hierro y no oculta sus intereses. Es de una sinceridad que abruma y que lo hace jugar al fleje en un contexto internacional en donde parece imponerse la ley del más fuerte. Trump sabe jugar ese juego como nadie y sabe que tiene competidores pesados como China o Rusia.

Pero al mismo tiempo es disruptivo y suele tomar decisiones con un notable factor sorpresa que cambie el orden de las cosas en un abrir y cerrar los ojos. 

La foto de hoy es esta: Trump decide administrar por su cuenta un país soberano y pone a prueba a sus autoridades de los cuales muchas tienen orden de captura de Estados Unidos, pese a ser sus nuevos aliados siempre y cuando respondan a sus intereses. Los supuestos amigos son marginados y los “malos” son los elegidos. ¿Por qué? Trump quiere hablar con los que tienen el poder y, por más que no esté Maduro, el chavismo tiene los recursos, el territorio y las armas. 

El debate también se centra en las entrañas del chavismo y una nueva pelea por la conducción del proceso como ocurrió con la muerte de Hugo Chávez en 2013. Delcy conduce el modelo económico que dio un giro ortodoxo mediante una dolarización de facto que pulverizó los salarios en bolívares, pero bajó la inflación y volvió a abastecer los supermercados.

Además, junto con su hermano Jorge, maneja la política energética, controla PDVSA y tienen vínculo con Chevron, la principal petrolera estadounidense que nunca dejó de operar en territorio bolivariano. 

Las otras dos patas de la mesa son dos halcones: Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. El primero es un histórico del chavismo que supo ser el dos del propio Chávez, pero perdió la interna con Maduro. Tiempo después y tras una larga interna que lo tuvo marginado, volvió al poder con el súper ministerio de Seguridad, Inteligencia y Justicia. Controla lo que en Venezuela llaman “el cuerpo del régimen”. 

Por su parte, el General Padrino López es el ministro de Defensa, maneja las Fuerzas Armadas y las milicias populares hace 12 años y es uno de los funcionarios más poderosos.  Diosdado y Padrino son los más duros con Estados Unidos y esto puede generar tensiones con el ala política que apunta un diálogo. 

En el medio, una región indefensa sin capacidad de intervención y preocupada por un conflicto en el corazón de Sudamérica que provoque daños irreparables. 

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