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Cohousing, o decidir cómo (y con quién) envejecer

Una forma alternativa de pensar la vejez gana espacio en Mar del Plata: viviendas comunitarias para mayores de 60 años que priorizan la autonomía, la vida en común y el acompañamiento entre pares, lejos de la soledad y la institucionalización.

Por Natalia Muñoz

Una tendencia que nació en Dinamarca en la década de los ‘60 llegó a Latinoamérica y ya desembarcó en Mar del Plata. Se trata de una forma distinta de envejecer, alejada de la dependencia y amparada en la amistad, la comunidad y el entendimiento entre pares.

Puede ser una casa o muchas casas juntas, con espacios comunes, actividades compartidas y habitaciones privadas. Una salida a la soledad para mayores de 60 años en plena soberanía de su cuerpo y de su mente, tanto como una consecuencia tangible de los “nuevos” formatos familiares, el cohousing busca su morfología cerca de nuestro mar. 

Pensar en cómo envejecer suele ser un sitio incómodo, un “ya veremos” postergable, sobre todo si no se cuenta con los recursos necesarios. Mar del Plata, particularmente, tiene una población vieja. Al entrar esta frase en la mente, se configuran prejuicios y estereotipos sobre cómo es vivir después de los 60 años: dolores corporales, algunos males crónicos, pérdida progresiva de la autonomía, olvidos. Sin embargo, cada vejez es un mundo y no siempre duele. 

Los orígenes

El cohousing nació en Dinamarca en la década de 1960 como respuesta a la falta de viviendas y a la creciente urbanización. No estuvo ligada a la tercera edad en sus orígenes. Lejos de eso, se trató de una comunidad experimental liderada por los arquitectos Jan Gudmand-Hoyer y Bent Rørbæk que pensaron que una casa no debía limitarse a ser un lugar donde dormir, sino una oportunidad para que las personas puedan conectarse.

La construcción originalmente también atendía a problemáticas de sustentabilidad y a la eficiencia energética. Desde entonces, las casas se construyeron de manera tal que la luz del día pudiera ser aprovechada al máximo. Cuando ello no bastaba, se activaban los paneles solares. 

Todos y cada uno de los habitantes eran responsables por todos los espacios, los comunes y los privados. Había reglas de convivencia que respetar, hacer ver y revisar: no cualquiera podía ser parte del cohousing. 

Autónomos 

“Se empieza a instalar saludablemente la idea de prepararse para la vejez”, analizó en diálogo con Bacap Pablo Della Savia, presidente del Colegio de Psicólogos Distrito X. Prepararse de manera autónoma para una etapa de la vida donde en muchos casos hijos y nietos tienen sus vidas en marcha y muchas veces en otras ciudades. 

Para el profesional, existe un “gran conjunto” de la población mayor que atraviesa la vejez sin mayores complicaciones de salud física ni mental. Para ellos, el geriátrico no es una opción, vivir solos no es deseable. 

Por definición, un geriátrico debe contar con una dotación de personal destinado a atender la dependencia. Eso es, asistir a las personas mayores para tareas de la vida cotidiana. “Seguramente, hoy te despertaste, te bañaste, te hiciste el desayuno y te subiste a un colectivo. Y no lo pensaste. Esas son actividades de tu vida diaria”, ejemplificó el psicólogo. “Una persona mayor es probable que necesite asistencia para hacer todo eso”, ilustró. 

Muy por el contrario, en un cohousing o vivienda comunitaria, hay grandes niveles de autonomía. “La gente se maneja sola”, dijo Della Savia. Hacen su vida, tienen actividades conjuntas o por separado, pueden entrar y salir, cocinarse, bañarse, lo que sea. 

El argumento mayor para optar por la vida en comunidad lo dijo el referente en salud mental: “el geriátrico no resuelve problemas de soledad”. 

Nadie se salva solo 

En un artículo especializado publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se sostiene que “para los adultos mayores, la conexión social es particularmente importante para reducir factores de riesgo como el aislamiento social y la soledad”. 

Para la institución, la soledad aqueja a un cuarto de los adultos mayores del mundo. Ello compone un factor de riesgo importante “para las afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida”.

Por su parte, la Red Latinoamericana de Gerontología define a la soledad como “una experiencia subjetiva de insatisfacción con la cantidad o calidad de los vínculos sociales, mientras que el aislamiento social corresponde a una condición objetiva caracterizada por la escasez de interacciones con el entorno”. 

 En consecuencia, desde esa organización justifican: “Diversos estudios han demostrado que tanto la soledad como el aislamiento social pueden afectar la salud mental y física de las personas mayores, aumentando el riesgo de deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares y mortalidad prematura”.

 Vivir y envejecer solo de toda soledad no estaría siendo un buen negocio. 

 Por qué  

Además de un motivo para no sucumbir ante la soledad y el aislamiento, Della Savia encuentra otros motivos para experimentar el cohousing. “Empiezan a impactar dos cuestiones: las mujeres que optan por no tener hijos y la pérdida de fortaleza de las relaciones de pareja para toda la vida”, explicó. El fenómeno de la pérdida en paralelo es el tercer motor. 

 ¿Cuántas veces se ha oído preguntar “¿y quién te va a cuidar si no tenes hijos?” a una mujer que decide no maternar? ¿Es acaso la descendencia un mero plazo fijo para no ir sola al baño dentro de 30 años? ¿Y qué pasa si efectivamente llega la jubilación y el después y en la casa no hay más personas? ¿Y si el matrimonio y el amor al final no fueron para toda la vida? Para ese hiato también existe el cohousing.  

Para eso y para enfrentar una (otra) dura realidad: llega una edad en la que ya no fallecen los padres, los tíos, los abuelos, sino que fallecen nuestros pares. A eso se le llama pérdida en paralelo, al achicamiento de la red social. De la primera red social, la analógica, de carne, hueso y abrazos. 

 Honrar la vida 

De los creadores de “¿qué queres ser cuando seas grande?” llega “¿qué vas a hacer cuando te jubiles?”. El modelo de presión por la productividad en la que vivimos no será parte de esta entrega, pero es un factor crucial para decidir la vejez, el tiempo libre.  

No ser o sentirse una carga para los más jóvenes del grupo familiar, ni pasar a depender de un cuidador extraño, profesional o no, ni pasársela solo encerrado en un departamento. El cohousing ofrece una cuarta alternativa que requiere, al igual que todos los años y experiencias previas de la vida, una misma condición: animarse. 

 

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