De Mar del Plata a la cima: el año consagratorio de Facundo Piñero

Rendimiento, títulos y continuidad marcaron una temporada que confirmó una carrera
construida sin atajos en la Liga Nacional de Básquet.

Por Florencia Cordero

A veces el clic no llega en el momento exacto del festejo. Llega después. Cuando baja la espuma, cuando el cuerpo afloja y la cabeza se permite mirar hacia atrás. Recién ahí aparece la pregunta inevitable: ¿cómo llegué hasta acá?.

A los 37 años, el marplatense Facundo Piñero, cerró un año calendario siendo el jugador más destacado por rendimiento, títulos y continuidad no es algo que se construya de la noche a la mañana. Es el resultado de años de trabajo, decisiones difíciles y caminos que no siempre fueron lineales. “La verdad que fue mucho. Haciendo el balance del año entero, creo que mejor no lo podía terminar”, reconoce Piñero, todavía con asombro, quien supo convertirse en el más ganador de 2025 siendo campeón de la Liga Nacional y la Copa Súper 20 con Boca y de la Liga Sudamericana con Ferro.

La ficha terminó de caer tiempo después, cuando un compañero se lo dijo sin rodeos: había ganado prácticamente todo lo que jugó en ese año, incluida la Sudamericana con Ferro. “Ahí lo empecé a pensar de verdad. Todo entraba dentro del mismo año. Es un montón. Y lo disfruto… pero también quiero más”.

Decidir pensando en la vida

Detrás del mejor año deportivo también hubo una decisión clave: priorizar el equilibrio personal y familiar. Cuando Boca le comunicó que no continuaría, la elección del próximo paso no pasó solo por lo deportivo. “Mi prioridad estaba en un plano personal. Buscaba quedarme en Capital por la cercanía con Mar del Plata, donde vive mi mujer y mi hijo”.

Después de varios años lejos -Corrientes, Formosa-, la distancia empezaba a pesar. Estar en Buenos Aires le permitió verlos más seguido y encontrar una estabilidad emocional que, con el tiempo, también se reflejó en la cancha. En ese contexto apareció Ferro, y todo se fue acomodando.

“No es estar en el día a día, pero es mucho más llevadero”, resume Facundo. A veces, estar en el lugar indicado no es solo una cuestión de suerte: también es saber cuándo escuchar lo que pide la vida.

Quilmes, el origen y la herida abierta

Hablar de Mar del Plata es hablar de Quilmes. El club donde empezó a los siete años, donde hizo todas las inferiores y donde pasó “horas y horas” que hoy son recuerdos imborrables. “Todos mis amigos son del club. Estuve ahí hasta los veintipico. Eso es lo que me mantiene unido”.

Sin embargo, la salida no fue como hubiera querido. Diferencias con la dirigencia de ese momento, un contrato vigente y una despedida que dejó una marca. “La última imagen no es buena, y eso duele después de tantos años”. Desde entonces, la vuelta nunca se dio, aunque la puerta no está cerrada. “Es algo que cada vez más me pide mi hijo”, confiesa Piñero.

Hoy, de todos modos, la cabeza está puesta en el presente: competir en equipos que peleen arriba, sostenerse en la elite y valorar lo difícil que es mantenerse. “Cuesta, y cuesta mucho”.

Apostar cuando duele

El quiebre en su carrera llegó cuando decidió irse lejos. Formosa fue el primer gran salto, no solo deportivo sino personal. “Salir de mi entorno y apostar a una continuidad familiar fuera de Mar del Plata fue el inicio de todo”.

Con el nacimiento de su hijo, las decisiones empezaron a pensarse en conjunto. Cuando llegó la etapa escolar, la prioridad fue clara: estabilidad para él, aunque eso implicara vivir separados durante la temporada. “Nuestra Liga va en contra del calendario escolar. Cambiar de ciudad a mitad de año es muy difícil para un chico”.

Ese sacrificio tuvo recompensa. Buenos Aires, México, finales, títulos y un rendimiento sostenido que lo volvió a poner en el radar internacional.

México y la Selección: estar cerca también cuenta

La experiencia en la Liga Mexicana llegó en plena pandemia y fue una confirmación de nivel. Tres temporadas, finales y un campeonato en una liga competitiva y exigente. “Fue una experiencia muy linda, con extranjeros de alto nivel y mucho ritmo”.

Algo similar ocurrió con la Selección Argentina. La primera citación a la Mayor llegó casi de casualidad, como reemplazo, y terminó con un buen partido ante Estados Unidos. Luego vinieron más convocatorias y el proceso previo al Mundial 2019, donde quedó afuera en el último corte del plantel que sería subcampeón del mundo.

“No llegué en plenitud física, venía muy castigado”, explica con honestidad. Aun así, haber estado ahí, tan cerca, es una marca que nadie le quita.

Adaptarse para seguir

Desde chico fue cambiando su rol dentro de la cancha. De perimetral a interno, hasta consolidarse como un “cuatro tirador”, en sintonía con la evolución del básquet moderno. El resto fue adaptación: entender qué necesitaba cada equipo y asumir distintos grados de protagonismo.

“Nunca me costó relegar un poco en pos de un equipo competitivo”, afirma. Hoy, con 37 años, esa lectura es aún más clara. “Hay un momento en el que hay que dar un pasito al costado y acompañar desde otro lugar”.

Familia y legado

El recorrido también se refleja en casa. Su hermano “Coco” siguió el mismo camino profesional, con experiencias en distintos países. “Él siempre me dice que soy su faro”, cuenta. Y detrás de todo, la figura constante de su mamá, sostén cotidiano desde los comienzos. “Hasta hoy me escribe antes y después de los partidos. Es muy lindo”.

Como la familia. Como la vida. Como una carrera construida a fuerza de decisiones, sacrificios y paciencia. A los 37, con un año impecable a cuestas, la historia sigue escribiéndose. Y todavía quedan capítulos por escribir.

Cuando el esfuerzo encuentra sentido

Nada de lo que hoy sostiene su presente fue casual. Cada paso de Facundo Piñero estuvo construido con paciencia, constancia y la decisión de seguir aun cuando el camino lo llevaba lejos de casa. Hubo distancia, sí, pero también convicción. Y en ese recorrido, el básquet fue siempre un puente: hacia nuevos desafíos, hacia el crecimiento personal y hacia una versión más madura de sí mismo.

Con el tiempo, aprendió que no todo se mide en cercanía física. Que el acompañamiento también se sostiene en los mensajes antes de los partidos, en los reencuentros que valen doble y en la certeza de que el esfuerzo compartido tiene sentido. Por eso este gran año no es solo una consagración deportiva, sino la confirmación de un camino bien elegido.

Hoy, con raíces firmes en Mar del Plata y vigencia plena en la Liga Nacional, Piñero disfruta el presente con otra perspectiva. Sabe de dónde viene, entiende lo que costó y valora cada logro sin apuro. El recorrido sigue, pero ahora con la tranquilidad de quien transformó cada sacrificio en aprendizaje y cada distancia en motor para seguir creciendo.

Últimas Notas

Belén Casetta no alcanzó la final de los 3.000 metros con obstáculos

redaccion

Generan un programa para que estudiantes visiten el Parque Industrial

redaccion

Cohousing, o decidir cómo (y con quién) envejecer

Natalia Muñoz