Ro Ferrer se presenta en Chauvin este jueves 29 de enero con De Sara Kay a Sarah Connor, un stand up gráfico que cruza humor, feminismo y ESI para pensar los mandatos culturales desde la risa.
La ilustradora y activista Ro Ferrer se presenta este jueves 29 de enero en Chauvin con De Sara Kay a Sarah Connor, un stand up gráfico que cruza humor, feminismo y Educación Sexual Integral.
Durante años, Ro Ferrer habló de género, derechos humanos y violencias desde el dibujo y la palabra escrita. Pero hubo un momento en el que sintió que eso ya no alcanzaba, que no era suficiente. El salto al escenario no fue un quiebre abrupto, sino una continuidad natural: después de más de una década dando charlas, el humor apareció como una herramienta potente para decir lo que incomoda sin levantar defensas.
Así nació De Sara Kay a Sarah Connor, un espectáculo que ella define como stand up gráfico. En escena, Ro pone el cuerpo, la voz y también sus ilustraciones y animaciones, que funcionan como refuerzo del relato. “Nunca dejé el dibujo: está en la obra. Por eso digo que no es solo stand up, es otra cosa”, cuenta. El resultado es una experiencia que combina risas, palazos, emoción y reflexión, y que deja algo resonando cuando baja el telón.


El humor, para Ferrer, no es un atajo liviano. Todo lo contrario. “Siempre se usó como excusa para agredir o reforzar estereotipos”, advierte. Por eso su trabajo parte de una decisión consciente: detectar esas violencias simbólicas y no reproducirlas. “El palazo está, porque es risa y palazo, pero entra de otra manera. La gente se ríe y después se queda hablando de cosas que quizás nunca había podido poner en palabras”.
El recorrido del espectáculo va de la infancia a la adultez y se detiene en los mandatos que se naturalizan: la abnegación femenina, la idea del varón proveedor, la maternidad como destino, la vulnerabilidad como algo prohibido. “No hay nada biológico en todo esto”, insiste. “Son construcciones culturales que se sostienen porque sostienen un sistema”. Desde ahí, Ferrer propone desarmarlas con ironía, ternura y una mirada que no busca señalar ni exponer al público.
El varón, lejos de quedar afuera, es un interlocutor central. “Me importa mucho quién me escucha”, dice. Muchas veces llegan arrastrados por una pareja, pero algo pasa en el medio. “Veo cómo se les prende algo en la mirada. Se van distintos”. El objetivo, aclara, no es convencer sino aliviar: “Sacar mochilas que no nos corresponden, que nos pusieron desde que nacimos”.


El título del show no es casual. Sara Kay y Sarah Connor: son íconos que condensan modelos de mujer opuestos, pero igualmente impuestos. Ferrer los usa como excusa para hablar de deseo, elección y libertad. “Que tengas un cuerpo que puede gestar no implica un deseo. Eso también se construye, y cuando no lo sentís te hacen creer que hay algo mal en vos”. Reírse de esas creencias, dice, también es una forma de sanar.
En un contexto donde los discursos antifeministas ganan visibilidad y poder, sobre todo desde las redes sociales, basta con entrar a X para chequearlo, Ferrer entiende el humor como resistencia. “El feminismo siempre va a existir porque, más allá del nombre, tiene que ver con los derechos humanos”. Y agrega: “Nadie murió por feminismo. Sí hay sectores que reaccionan con violencia porque no quieren perder privilegios. Pero hay información que ya no se puede borrar”.
De Sara Kay a Sarah Connor no ofrece respuestas cerradas ni baja línea. Propone, más bien, un espacio seguro para pensar(se). “Yo doy el mensaje como puedo: hablando, dibujando, riéndome, enojada. Lo que cada persona haga con eso ya me excede”.
Tal vez ahí esté la clave: en abrir la puerta, reírse un poco del deber ser y animarse, aunque sea por un rato, a elegir quién se quiere ser.
