“El país que quieren los dueños”: Alejandro Bercovich y un debate que incomoda al poder económico

El periodista y economista Alejandro Bercovich presenta este sábado su nuevo libro en el Teatro Auditorium, con entrada libre y gratuita. Una investigación sobre la élite empresarial, el proyecto de país y el rol político de Javier Milei.

Por Juan Salas

Alejandro Bercovich presentará en Mar del Plata El país que quieren los dueños, un libro que propone una discusión incómoda y largamente postergada en la Argentina: el rol de los grandes grupos económicos en la definición del rumbo político, productivo y social del país. La actividad, que se realizará este sábado 31 de enero a las 18.30 en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium, contará con los comentarios de la economista y escritora Mercedes D’Alessandro y forma parte de la programación del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires.

Bercovich se apoya en más de dos décadas de investigación sobre la relación entre poder económico y poder político. El disparador del libro no es solo la llegada de Javier Milei al gobierno, sino la reacción —primero incrédula, luego entusiasta— de buena parte del establishment frente a un proyecto político que, paradójicamente, también puede perjudicar sus propios negocios.

Para el autor, en momentos de “formateo” de la economía, como el actual, esa relación merece ser observada con lupa. No como una denuncia abstracta, sino como una forma de entender por qué determinadas ideas prosperan, quiénes se benefician y qué costos sociales implican.

Bercovich sostiene que el fenómeno Milei condensa dos dimensiones a la vez: es instrumento y experimento. Instrumento, porque ejecuta un cambio que establece ganadores y perdedores claros. Experimento, porque encarna un clima de época atravesado por frustraciones acumuladas del capitalismo global, reacciones conservadoras, discursos de ultraderecha y una promesa extrema que logró destacarse en un escenario político que define como “gris” e impotente para ofrecer alternativas.

Según su análisis, ese liderazgo extremo cumple además una función central para los grandes beneficiarios del sistema: desviar la atención. Correr el foco de los verdaderos ganadores de esta etapa —los magnates tecnológicos y financieros— y trasladar el conflicto hacia otros terrenos, mientras se profundiza una concentración inédita de riqueza y poder.

Milei, instrumento y experimento

¿Milei es el instrumento que esperaban los dueños del país o algo que apareció de golpe?
—Es un poco de ambas cosas. Es un instrumento en la medida en que ejecuta un cambio con consecuencias claras. Pero también es un experimento, porque condensa un viento de época de ultraderecha desfachatada, mezclada con machismo, frustración social y reacciones a la pandemia. Esa tendencia no había tenido una voz tan extrema y tan nítida como la de él, y por eso generó fascinación incluso a nivel mundial.

¿Qué logra ese tipo de liderazgo?
—Con una promesa absolutamente irrealizable y desviando el foco del problema, consigue algo que buscan los dueños a nivel mundial: que no se vea que los grandes beneficiarios de esta época son los señores tecno-feudales, con un enriquecimiento inédito en la historia de la humanidad.

Meterse con los “dueños” —los propietarios de puertos, fábricas, bancos, campos, infraestructuras y medios de comunicación— no es sencillo. Investigar a quienes también controlan gran parte de los canales de comunicación exige precisión extrema y respaldo permanente en datos. La crítica, sostiene Bercovich, solo es efectiva si está acompañada de información sólida.

En ese sentido, Bercovich advierte que el actual proceso político tuvo un efecto particular: sacó a esos sectores del silencio. Opiniones que antes solo se expresaban en contextos autoritarios hoy aparecen de forma abierta, incluso con discursos que el propio autor califica como antidemocráticos y antinacionales. Montados sobre el fracaso de experiencias políticas anteriores, los beneficiarios del nuevo modelo reivindican sin pudor un esquema que profundiza la desigualdad.

La posdemocracia

¿Ves riesgos concretos para la democracia?
—Sí, claramente. Estamos viviendo una especie de posdemocracia donde vale reprimir de manera salvaje y donde se instala la violencia política como lenguaje. Cosas que antes eran socialmente sancionadas hoy están habilitadas desde el poder.

¿Qué cambia respecto de otros momentos?
—Nunca había vivido una situación de tal violencia pública. Esto libera a los dueños para aplicar la ley de la selva: que gane el más fuerte. Y lo mismo pasa a nivel mundial con las plataformas de extracción de datos, mal llamadas redes sociales, donde se impone un discurso único y se fomenta el odio, rompiendo los lazos comunitarios.

En un momento la pregunta que Bercovich se hace en su libro deja de ser analítica y se vuelve casi existencial: si el país que imaginan los dueños termina de consolidarse, ¿qué Argentina queda? Para el autor, la respuesta es inquietante. No solo por el aumento de la injusticia y la concentración, sino por el debilitamiento estructural del país.

Incluso desde una lógica empresarial, advierte una miopía peligrosa: un programa económico que debilita la industria nacional también termina debilitando a los propios empresarios frente a otros actores globales. La resignación, señala, alcanza incluso a la idea de país para las próximas generaciones.

Esa tensión se refleja también en conflictos recientes dentro del propio establishment, como la pelea entre Milei y Paolo Rocca (CEO del Grupo Techint), que Bercovich lee como síntoma de un proceso más profundo: la aceleración de un modelo que sacrifica industria en favor de otras rentas, con consecuencias difíciles de revertir.

El país que quieren los dueños no ofrece respuestas tranquilizadoras, pero sí propone una discusión imprescindible. Una invitación a mirar el poder económico de frente y a preguntarse, sin eufemismos, para quién se gobierna y quiénes quedan afuera del futuro que se está construyendo.

Este sábado 31 de enero a las 18.30, en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium, Alejandro Bercovich y Mercedes D’Alessandro abrirán un debate que incomoda al poder, al político y al real. Escuchar, preguntar y participar también es una forma de resistencia democrática.

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