Florencia Dapiaggi: el trabajo y el deseo en la literatura

Tiene 22 años, estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura, y escribe poesía. Sus textos, así como sus contenidos en redes sociales, tienen el deseo como eje temático, pero sobre todo, como motor.

Por Camila Spoleti

Florencia Dapiaggi tiene veintidós años y escribe poesía. Ha publicado, hasta el momento, dos poemarios: Ella es mi chica solar y Cerezas y fuego, ambos editados por Planeta. Participó también de la antología Lo que calla el bosque, un compilado de poemas de cuatro autores inspirados en los álbumes Folklore y Evermore de Taylor Swift, que se publicó en la editorial independiente Venado Real. Además, sus textos circulan en sus redes sociales, donde los comparte en formato escrito o en videos en los que los recita, junto con recomendaciones de libros y contenido sobre ropa. Así, su trabajo cruza redes sociales y literatura.

El martes 3 de febrero, Dapiaggi estuvo participando del Festival MarPlaneta, un evento que reunió a distintos escritores publicados por la editorial Planeta, con el propósito de generar espacios de diálogo entre ellos y los lectores. El festival constó de dos primeras jornadas el 5 y el 6 de enero y otras dos el 2 y el 3 de febrero, realizadas en el centro de creación Chauvin (San Luis 2849). En ese marco, tuvieron lugar las actividades “Poesía al atardecer”, en la que, acompañada por el músico marplatense Lucas Llull, Florencia recitó algunos de sus poemas; y “Entendiendo lo incomprensible: hablemos de amor”, una charla que compartió con Agustina Buera, bajo la moderación de Catalina Méndez.

La dimensión política de escribir desde el deseo

El amor, pero más exactamente la sexualidad —con todo lo que el concepto abarca: placer, identidad, deseo, corporalidad— ocupa, en la poesía de Flor Dapiaggi, un lugar central. A la pregunta sobre si eso tiene que ver meramente con un interés o si lo piensa como una forma de militancia, la escritora contesta: “Para mí es una militancia. Siempre empieza desde un lugar completamente personal, porque es lo que yo deseo y las personas que yo amo y que siempre amé, que fueron las mujeres. Pero después termina siendo político, es inevitable y me gusta que lo sea. Creo que también es una forma de militancia linda la escritura, siempre lo fue. Sobre todo en Argentina, tenemos mucha historia de escritores políticos. Me parece que lo político no mancha la palabra escritor, me parece que conviven, tiene que ser así.”

 

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Más allá de su propia convicción, Florencia subraya: “Yo creo que al escribir un poema de amor, al ser sobre una mujer y al ser del punto de vista de una mujer también, va a ser político sí o sí, yo no le puedo escapar a eso. Y también creo que igual en un montón de identidades es así: cuando escribimos desde un lugar de deseo, estamos plantando una posición política. Porque el deseo es, siempre fue, un problema, sobre todo para las mujeres. Entonces, quizás, cuando le ponemos palabras, estamos peleando contra todo lo que nos dijeron que tenía que ser el deseo para nosotras. Y eso está muy bueno. Creo que eso es político y tiene que serlo.”

La escritura como trabajo 

Además de un modo de militancia, para Florencia la escritura es un modo de expresión, pero también, sobre todo, un trabajo. Trabajo entendido como “ocupación retribuida” y como “cosa que es resultado de la actividad humana”. 

El proceso de escritura se divide en dos partes. Por un lado, el aspecto que Dapiaggi identifica como más “libre” y “divertido”, que tiene que ver con la escritura propiamente dicha y responde a la necesidad de volcar algo que le “nace”. Luego está la parte de la corrección, en la que el poema pasa de ser un producto de su sentir a “una obra que se tiene que sostener”. “Ahí como que me distancio del poema, me distancio de lo que yo sentí, del afecto, el cariño que le pueda tener a este poema y digo, si este verso no funciona, no funciona. Capaz lo amo, pero no funciona y está bien”, explica. 

Los espacios de formación

De esta idea de concebir a la escritura como un trabajo —en ambos sentidos—, se desprendió la decisión de Florencia de estudiar la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. “Cuando terminé la secundaria dije: ‘no sé si la gente puede vivir de ser escritor, me gustaría por lo menos intentarlo’. Y como tenía la posibilidad… Hay gente que capaz no la tiene, entonces tiene que hacer otras cosas antes”, explica. Para ella, la escritura “lleva más práctica que inspiración o talento”; aquello que “nace”, no brota de la nada. 

La carrera le brindó herramientas críticas para leer y analizar textos, para comprender cómo analizar los distintos géneros literarios con sus especificidades, pero también espacios de taller que la empujaron a explorar la escritura de otros géneros. De una de esas experiencias surgió un primer proyecto de novela, texto en el que actualmente se encuentra trabajando. Menos habituada a la narrativa, declara estar tomándoselo con calma, sin ponerse plazos, pero con la esperanza de que algún día llegue a manos de sus lectores.

En la facultad comenzó también a desempeñarse como ayudante de cátedra y luego, por su cuenta, empezó a dar sus propios talleres, virtuales y presenciales. Sobre estos espacios, destaca cómo permiten trabajar grupalmente para descubrir las potencialidades de los textos, intercambiar perspectivas y adquirir seguridad con la propia escritura.

“También es un lindo lugar para charlar, que es lo más lindo porque la lectura es una acción bastante solitaria. Y cuando lees en un taller, de repente es como que se arma una polifonía de voces y de cosas que van saliendo y el sentido del poema o de la lectura se transforma, empieza a ser otra cosa y es muy lindo”, considera.

Literatura e internet

Otra dimensión muy importante de su trabajo en torno a la literatura es el que realiza desde las redes sociales. Allí, además, de compartir sus propios escritos, recomienda lecturas. Su iniciativa, junto a la de muchas otras personas, convierten las redes en espacios en los que las personas pueden descubrir nuevos libros, alternativas a las novedades editoriales o las propuestas más conocidas, lo que considera, sin dudas, positivo.

 

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En la relación entre redes sociales y libros aparecen, sin embargo, fenómenos que requieren una mirada crítica. Ejemplo de esto es la tendencia que invita a mostrar cuántos libros leyó cada persona en un determinado período de tiempo o a establecer “metas de lectura”. Abordar la actividad desde esta óptica, enfatizando la cantidad de libros leídos, muchas veces soslaya el carácter placentero de la lectura, y termina generando competitividad e incluso frustración para quienes no logran cumplir sus objetivos.

 

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Para Florencia, la clave está en usar las redes entendiendo la lectura no como un mandato, sino como una posibilidad. Se trata de mostrar aquello que existe para que los demás puedan descubrirlo y, si les interesa, tomarlo.

—La poesía como género tiene esto de que, si bien no todos los poemas son cortos, admite muchas veces la brevedad que coincide o de algún modo entra en los formatos de las redes sociales. ¿Qué te parece que pasa con eso? ¿Te parece que hace que la gente lea más poesía?

—Yo creo que re potencia. Creo que es algo bueno. Hay mucha gente que piensa como, “Ay, no, llevarlo a Instagram o a TikTok, es como el poema de Instagram y el poema de TikTok.” Es una plataforma, es un medio más. No es lo mismo porque se siente distinto leerlo en casa con una cámara y leerlo en un lugar en el que hay gente que después capaz te puede decir, “Che, me gustó”, “che, capaz no.” Pero al mismo tiempo creo que es un buen lugar porque admite la posibilidad de, capaz hay gente a la que le copa de la poesía y no tenía ni idea, porque capaz pensaba que la poesía era algo mucho más críptico, algo mucho más difícil. O la poesía más antigua, que quizás sí se entendía menos o tenía otras prioridades, como quizás la rima, el sonido, algunas formas más cerradas. Hoy la poesía es mucho más abierta y creo que eso también lo hace ver las redes sociales, como que te muestra que la poesía puede ser esto, como también puede ser otras cosas. Y si justo te gusta, es un golazo.

El trabajo de Florencia Dapiaggi pareciera tener como eje transversal ampliar horizontes para la elección guiada por el deseo. Un poema, una clase o un reel de Instagram, son distintos medios en los que mostrar aquello que puede ser posible. 

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