Cómo es la Mar del Plata que imaginan los empresarios

En los paneles del evento Forbes Reinventando Mar del Plata Summit, referentes de la tecnología, la industria, la gastronomía, el desarrollo urbano y las finanzas trazaron un diagnóstico común: Mar del Plata dejó de pensarse como destino estacional y busca consolidarse como ciudad productiva, experiencial y permanente.

En el marco del Forbes Reinventando Mar del Plata Summit, realizado en el Torreón del Monje, la palabra que más se repitió no fue turismo ni temporada: fue “reinvención”. A lo largo de paneles diversos —tecnología, industria, gastronomía, finanzas, urbanismo y desarrollo inmobiliario— el empresariado local expuso, quizás sin proponérselo explícitamente, un modelo común de ciudad en construcción.

“No reinventarse es morir”, planteó en la apertura Alex Milberg, director de Forbes para Argentina, Ecuador, Paraguay y Uruguay, al trazar un paralelismo entre evolución biológica y transformación económica. La frase no quedó como consigna aislada: atravesó toda la jornada y funcionó como marco conceptual de las intervenciones posteriores.

Lo que emergió de los diferentes paneles del evento no fue un ejercicio retórico, sino un diagnóstico compartido por empresarios y emprendedores: Mar del Plata está en un punto de inflexión.

De veranear a vivir

En los paneles de urbanismo y desarrollo, el eje fue territorial. Martín Espatolero y Ezequiel Lorenzo, desarrolladores vinculados a Rumencó y Pueblo Chapa, describieron la expansión hacia el sur como algo más que crecimiento inmobiliario: una nueva forma de habitar. Rumencó Boulevard como última oportunidad de ingreso a una comunidad consolidada; Pueblo Chapa como un desarrollo que incorpora centralidad comercial y gastronómica abierta al entorno.

Juan Pablo Reverter, presidente de H Ledesma fue más directo: “Antes el verbo era veranear. Ahora es vivir, disfrutar e invertir”. La ciudad, sostuvo, ya no es solo un destino estacional sino una opción permanente para familias y empresas.

Florencia Miconi, CEO de Imasa, sumó otra capa: la consolidación del corredor costero, el distrito de arte y diseño, la refuncionalización del puerto y la emergencia de Chapadmalal como nuevo polo. “Chapadmalal emerge como una especie de José Ignacio en Mar del Plata”, expresó. 

El intendente Agustín Neme se ubicó en ese mismo plano y defendió el rol del municipio como facilitador. Habló de la digitalización de habilitaciones comerciales, de la simplificación administrativa y del parque industrial completo. Pero también dejó una definición política: celebró el avance de la reforma laboral en el Congreso, al señalar que el mundo del trabajo necesita aggiornarse y que las reformas permiten generar condiciones más previsibles para la inversión privada.

“No queda otra que adaptarse”, sostuvo, en referencia a la necesidad de modernizar marcos regulatorios para acompañar el crecimiento productivo.

La economía de la experiencia

Uno de los conceptos que atravesó los distintos paneles fue el de la experiencia. El arquitecto y urbanista Álvaro García Resta lo formuló con una idea potente: Mar del Plata es popular y aspiracional al mismo tiempo; industrial y turística; permanente y estacional. Esa tensión es su activo.

Para Álvaro García Resta hay un indicador que rara vez aparece en los balances económicos, pero que define el pulso real de una ciudad: la experiencia. “¿Cuál es la experiencia de las personas en una ciudad?”, se preguntó. Y respondió sin dudar: “Mar del Plata es de las mejores experiencias que tiene el país”. No lo dijo en términos turísticos, sino urbanos. La Feliz —como se la bautizó hace décadas— sostiene, según su mirada, una combinación poco frecuente: diversidad social, matriz productiva amplia, turismo y vida permanente conviviendo en el mismo territorio. “Venís acá y la pasás bien”, resumió, como si esa simple frase condensara un fenómeno complejo.

Esa experiencia, sin embargo, no es estática. García Resta planteó que el urbanismo ya no responde al modelo clásico donde alguien dibujaba un plano y la ciudad crecía obedeciendo esa previsión. Hoy —sostuvo— el crecimiento surge de las personas, de sus hábitos y de la velocidad con la que cambia la vida cotidiana. “La revolución industrial le dio forma a las ciudades. La revolución tecnológica volvió a darles forma”, explicó. Trabajo remoto, producción desde el celular, nuevas dinámicas laborales y culturales modifican el modo en que se habita el espacio urbano. Pretender que la ciudad cambie más lento que la vida de la gente es, en ese contexto, una contradicción.

Por eso insiste en que el desafío no es solo crecer, sino acompañar esa transformación con el mismo timing. “No es difícil, es complejo”, aclaró, al referirse a la coordinación entre sector público y privado para sostener esa dinámica. Cuando se le preguntó hacia dónde crece Mar del Plata, volvió al punto inicial: “Crece en experiencia”. No en comparación con otras ciudades costeras ni en la aspiración de parecerse a destinos internacionales, sino en consolidar una identidad singular. Muchas ciudades de verano aspiran a tener población permanente y diversidad productiva; Mar del Plata ya la tiene. El desafío —concluyó— es sostenerla de manera sostenible y convertir esa experiencia en su mayor activo estratégico.

Identidad local

Rodolfo Parato, presidente de Torreón del Monje, explicó cómo el desafío fue pasar de ser una postal a convertirse en un “organismo vivo” con múltiples unidades económicas funcionando todo el año. Patrimonio con modelo de negocios.

Deborah Dabsay, socia fundadora de Gin Kalmar, contó la historia de la primera destilería habilitada de la ciudad: un proyecto nacido en pandemia que implicó destrabar una ordenanza obsoleta para permitir la producción de bebidas espirituosas.  “Tuvimos que actualizar la norma para que la ciudad pudiera producir”, explicó. Hoy proyectan whisky con añejamiento propio y visitas abiertas a la comunidad.

Patricio Negro, chef dueño de Sarasa Negro y referente gastronómico, planteó otra ambición: que Mar del Plata sea elegida por su comida. Que esté entre los destinos posibles por calidad, no solo por tradición. La gastronomía como vector de posicionamiento.

La perspectiva industrial la sumó Martín Cabrales: tecnología, capacitación y cultura del café como parte de una marca que trasciende la ciudad pero que mantiene su raíz local. La academia de baristas y la innovación permanente forman parte de esa reinvención constante.

“El café no se sirve solo. La calidad depende del hombre”, afirmó Cabrales, al defender la capacitación permanente y la inversión tecnológica.

El ADN marplatense: riesgo y escala global

Guibert Englebienne, cofundador de Globant, llevó la discusión al terreno tecnológico, pero también al cultural. Habló de la inteligencia artificial como “la tecnología más poderosa que se haya conocido” y advirtió que no se trata solo de una herramienta nueva, sino de un cambio de infraestructura. “Cambia radicalmente la base sobre la que construimos ventajas competitivas”, explicó. 

Pero su intervención no fue puramente técnica. Volvió al mar. Al horizonte. A la idea de que crecer en Mar del Plata implica convivir con el riesgo y aprender a medirlo. “El mar te enseña que podés asumir riesgos controlados”, dijo. Y conectó esa enseñanza con el espíritu emprendedor: “Hoy los emprendedores somos los exploradores del siglo XIX” . En su visión, la ciudad no es periferia, sino plataforma. El talento puede programar desde la costa y competir en Nueva York o Silicon Valley. “Tenemos que pensar en grande”, insistió. 

Desde otra industria, Christian Otero, al frente de Lucciano’s, trazó un paralelismo distinto: el fútbol como escuela empresarial. “El fútbol me enseñó la resiliencia y la competitividad”, sostuvo. La empresa, dijo, es un equipo que va en busca del mismo objetivo. Pero también fue claro en la ambición: salir de la comodidad local para competir donde más duele. “Si querés saber si estás a la altura, tenés que ir a jugar al Maracaná”, graficó, en referencia a la decisión de abrir en Roma, la capital mundial del helado.

Otero recordó que cuando desembarcaron en Buenos Aires les dijeron que su formato no funcionaría. Que transportar el producto sin perder calidad era imposible. “Nos decían que no se podía. Desarrollamos el sistema y demostramos que sí”, afirmó. La experiencia en Estados Unidos, agregó, fue igual de exigente: “No todo es color de oro. Es un mercado durísimo, pero te obliga a profesionalizarte”. En su relato hay una idea que dialoga con el de Globant: romper la inercia marplatense y asumir que la escala es global. La marca, como la ciudad, no tiene por qué quedarse dentro de sus propios límites.

En ambos casos, el mensaje fue similar: Mar del Plata no es un techo, es el punto de partida.

Profesionalización y transformación cultural

En el plano empresarial, la reinvención también fue interna. Elizabeth Ortiz Municoy transformó una inmobiliaria tradicional en un coworking durante la pandemia. Nahuel Panzeira llevó a Urbania de empresa familiar a tienda boutique especializada en porcelanatos de alta gama.

Pablo Caputto, CEO de Naranja X, describió la transición de una tarjeta regional a un banco digital con millones de clientes operando desde una app. El cambio no fue solo tecnológico sino cultural: alinear a 2700 empleados en torno a un propósito claro y enfrentar la resistencia natural a la transformación.

En todos los casos, la palabra clave fue profesionalización.

Un modelo en transición

Un diagnóstico común atravesó el evento: para los empresarios la verdadera brecha no es ideológica sino estructural. Sector público y sector privado necesitan coordinación. El intendente Neme habló de discusión “sana” y de facilitar sin perder control. Los desarrolladores insistieron en elevar estándares y sostener calidad para atraer inversión.

Las proyecciones económicas durante la jornada fueron prudentes. Se habló de consumo más cauteloso, de adaptación a nuevas reglas de juego y de necesidad de competitividad. Cabrales reconoció que será un año para “pelearla”. Caputto describió un sistema financiero más atento al riesgo y a la mora.

Pero incluso en ese contexto, el clima general fue de construcción y no de repliegue.

El empresariado que pasó por el Forbes Reinventando Mar del Plata Summit no habló de una ciudad encerrada en el verano. Habló de una Mar del Plata industrial y tecnológica, gastronómica y cultural, turística y permanente.

La discusión ya no es si debe cambiar, sino cómo acelerar esa transformación sin perder identidad. Y, sobre todo, quiénes estarán dispuestos a liderarlo. 

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