La curiosidad como motor: por qué todo tiene su historia

Desde un saludo hasta un brindis, desde una superstición hasta un objeto cotidiano: el nuevo libro de Charlie López invita a volver a preguntar por qué. Curioso por vocación, el autor despliega un mapa cultural que explica de dónde venimos y por qué seguimos haciendo lo que hacemos.

Hay gestos que repetimos sin pensar, palabras que decimos por costumbre y rituales que atravesaron generaciones sin que nadie se detuviera a preguntar de dónde vienen. En ese territorio —el de lo cotidiano naturalizado— se mueve desde hace décadas Charlie López, docente, historiador y uno de los divulgadores más reconocidos del origen de las palabras, las costumbres y las supersticiones que forman parte de la vida diaria.

Esa curiosidad persistente, casi obstinada, es el hilo conductor de Todo tiene su historia. Supersticiones, creencias, costumbres y objetos de la vida cotidiana, el libro que presentó en el Festival Penguin Libros, en el ciclo Charlas sobre Libros al Atardecer. Una obra que propone detenerse, mirar dos veces y descubrir que detrás de cada hábito aparentemente trivial hay una trama cultural, histórica y simbólica.

Con un estilo ameno y didáctico, López recorre supersticiones clásicas —no pasar la sal de mano en mano, no abrir el paraguas bajo techo, no romper espejos— y rituales modernos que siguen vivos sin que sepamos muy bien por qué: soplar velitas de cumpleaños, decir “salud” cuando alguien estornuda o esquivar una escalera aunque juremos no ser supersticiosos. “Todo tiene su historia”, insiste, y el punto de partida no es la respuesta sino la pregunta.

Preguntar para entender

—¿Cómo te das cuenta de que detrás de un gesto cotidiano hay una historia que vale la pena investigar?
—Es bastante intuitivo, pero en realidad todo tiene su historia. El asunto es encontrarla. Yo soy curioso, como creo que lo son todos los autores o periodistas. De pronto me pregunto por qué saludamos de determinada manera, por qué con la mano derecha y no con la izquierda, y ahí empiezo a investigar.

—¿Y qué aparece cuando empezás a tirar de ese hilo?
—Aparecen cosas fascinantes. Por ejemplo, el saludo con la mano viene de la necesidad de mostrar que no llevabas un arma. Abrías la mano, incluso tomabas el antebrazo del otro para demostrar que no ibas a atacar. Cuando descubrís eso, decís “ah, claro”, y entendés que nada es azaroso.

—En el libro contás también el origen del brindis. ¿Por qué brindamos?
—Porque durante siglos la forma más fácil de eliminar a un enemigo era envenenarlo. Entonces el anfitrión tomaba primero del mismo recipiente para demostrar que no había veneno. De ahí el brindis. Yo siempre me pregunto: ¿por qué con líquido y no con un bocadito? Esa pregunta abre la historia.

—Muchas de estas prácticas las damos por hechas.
—Exactamente. Las damos por hechas y dejamos de preguntarnos. Y cuando dejamos de preguntar, perdemos la historia.

Usos, costumbres y miedos

El libro está organizado en tres grandes bloques: el origen de creencias y supersticiones, el de usos y costumbres, y el de objetos de la vida cotidiana. En cada uno, López combina anécdotas históricas, datos curiosos y explicaciones claras que bajan información compleja sin perder rigor.

Desde el origen del microondas —ligado a investigaciones militares durante la Segunda Guerra Mundial— hasta el estigma del gato negro, el autor muestra cómo el miedo, la religión, la supervivencia y la ignorancia moldearon comportamientos que todavía persisten. “El gato siempre fue un animal difícil de leer, independiente, sigiloso. Eso generó desconfianza. Y el color negro hizo el resto”, explica.

Uno de los capítulos más potentes es el dedicado a los rituales funerarios. La posición del cuerpo, las flores, la lápida, el temor a que el muerto vuelva. Prácticas que hoy parecen naturales pero que nacieron del miedo y de la necesidad de explicar lo inexplicable. “Durante siglos, la muerte fue algo que había que controlar, vigilar y hasta neutralizar”, señala.

La curiosidad que no se apaga

—Después de diez libros, ¿qué es lo que todavía te despierta curiosidad?
—Todo. Las palabras, sobre todo. Somos el único animal que habla, y la elección de las palabras dice muchísimo de nosotros. El idioma cambia todo el tiempo y eso me fascina. Me rodeo de gente joven, doy clases, trabajo en televisión, y veo cómo el lenguaje muta constantemente.

—Si dentro de 200 años alguien estudiara nuestras costumbres actuales, ¿qué creés que llamaría la atención?
—La dependencia del celular. Gente caminando con la cabeza inclinada mirando una pantallita. La necesidad de aprobación, los “me gusta”, el aislamiento disfrazado de conexión. Eso va a ser muy llamativo en el futuro.

En Todo tiene su historia, Charlie López no busca dar respuestas definitivas ni sentar cátedra. Su objetivo es otro: contagiar la curiosidad, invitar a volver a preguntar, recuperar el asombro frente a lo cotidiano. “La superstición es la explicación de aquello que el hombre no puede comprender”, dice, y en esa frase se condensa buena parte del libro.

En un tiempo de respuestas rápidas y consumo acelerado de información, detenerse a preguntar por qué saludamos, brindamos o repetimos rituales heredados es también una forma de resistencia cultural. Porque entender de dónde vienen nuestras costumbres es, al final, otra manera de entender quiénes somos.

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