La caída de la natalidad en General Pueyrredon ya impacta en los jardines de infantes: baja la matrícula, aparecen salas multiedad y crecen los desafíos pedagógicos y laborales para las docentes. La tendencia acompaña el envejecimiento poblacional y anticipa cambios en el sistema educativo local.
Los marplatenses ya no forman familias numerosas. Las estadísticas que componen los datos abiertos del Registro de las Personas de la provincia de Buenos Aires así lo sostienen. De 2020 a 2025 se acentuó la tendencia a la baja en la tasa de natalidad en General Pueyrredon, con una diferencia superior al 25% entre los extremos de ese periodo. Esta nueva realidad demográfica pone en alerta a distintas dependencias y organismos, con especial foco en la educación: ¿cómo es el presente de los jardines ante la caída de la matrícula? ¿Qué se puede esperar a futuro?
En 2020, en General Pueyrredon nacieron 7.122 personas. En 2025, el registro fue de 5.332 nacimientos. El descenso se suma a la realidad nacional, en donde la natalidad cayó 40% entre 2014 y 2025, según un relevamiento de la Universidad Austral.


Si bien la explicación es multicausal, la baja es coincidente con la aplicación de ciertas políticas públicas y sus primeros resultados. La buena noticia es que la merma también se puede explicar en gran parte por la caída en la cantidad de embarazos adolescentes registrados desde 2020, a raíz de la legalización del aborto voluntario (Ley 27.610) y la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI).
El caso es que cada vez hay menos niños y niñas en nuestra ciudad. En consecuencia, cae también la demanda en jardines de gestión pública y privada. Así lo estudiaron desde Mar del Plata Entre Todos en su informe “¿Cómo impacta la caída de la tasa de natalidad en el envejecimiento poblacional y en la matrícula de nivel inicial?”. Allí se concluye, entre otros puntos, que entre 2018 y 2023, la matrícula en salas de 4 de Mar del Plata disminuyó un 17,8%, “con una mayor caída en escuelas privadas (-24%) respecto a las públicas (-12.1%)”. Misma suerte corrió el preescolar, ya que entre 2019 y 2023 se redujo su cantidad de inscriptos en un 14,3%, siendo, nuevamente, los jardines privados más afectados que los públicos, con caídas del 18 y 11,1%, respectivamente.


Esta realidad, sea que se sostenga o que se acentúe, ya muestra sus principales consecuencias en la educación institucional. Los jardines maternales y de infantes de GP se encuentran en el aula con esta alteración demográfica, mientras que lentamente buscan sopesar sus efectos en la pedagogía y la economía.
Cada cual atiende su juego
“Hoy la mirada está más puesta en la individualidad”, explicó a este medio Valeria, maestra jardinera con más de 20 años de trayectoria en la ciudad. “El tema es que al tener menos nenes por sala, es más enriquecedor trabajar porque es más el uno a uno: no es lo mismo tener una sala de 30 alumnos, que tener una sala de 20 o de 15”, coincidió Carla, también “seño” con más de 10 años de carrera en una institución privada.
Los nuevos grupos reducidos permiten que las maestras puedan hacer foco en las capacidades, tiempos y necesidades específicas de cada infancia. Una atención prácticamente imposible en grupos numerosos.
Pero la individualidad muchas veces también viene desde casa, donde -en virtud de la caída de la natalidad- muchas niñas y niños son hijos únicos, y hasta primeros nietos/sobrinos, y ese trabajo personalizado que se desarrolla en la salita se encuentra con otras dificultades. En la experiencia de la “seño” Carla, “al estar muy acostumbrados a tener todo para ellos y a la respuesta inmediata de parte de la persona que los cría, en el jardín se hace más difícil”.
Difícil pero no imposible, y en el camino al aprendizaje sobre cómo compartir, negociar y ceder, aparece la resistencia a la frustración. “Se frustran fácilmente hoy -contó Valeria-. Hoy le digo que no y responde con llanto, con gritos, con que después no quieren hacer lo que le propones, no salen rápido de esa situación. La baja tolerancia a la frustración es algo común en todas las salas”.
La educación emocional protagoniza gran parte de la jornada institucional. En palabras de Carla: “están muy acostumbrados al ‘ya’ (…) y en el jardín no tenemos un docente por pequeño”. “Porque si bien nosotros reaccionamos ante la necesidad de cada uno de forma individual -agregó- se trabaja en forma grupal, la consigna se da en forma grupal, todos tenemos que hacer todo al mismo tiempo, entonces por ahí sí aparecen las frustraciones”.
Desafío docente: entre la oferta y la demanda
Muchas familias son finalmente conformadas por un solo infante ya que los padres priorizan su trabajo o profesión. Cumplir con los objetivos laborales lleva mucho más tiempo que las cuatro horas tradicionales de jardín, por lo que la demanda de extensión horaria es creciente y hasta un must en cualquier jardín privado de la ciudad.
Entre la necesidad de tener a las infancias más horas dentro del jardín y la caída en la matrícula producto de la baja en la natalidad marplatense, es que surgen las salas multiedad. Se torna cada vez más frecuente observar instituciones educativas privadas que proponen, por ejemplo, salas de 2 y 3 años juntas. Para las maestras, esta adaptación representa una tarea más compleja, ya que exige realizar múltiples planificaciones simultáneas, diseñar estrategias que atiendan a los diferentes niveles y necesidades individuales dentro de una misma jornada.
La cara detrás de esto es el cierre de secciones y la caída también en la contratación de maestras, ya que una sola se ocupa de dos salas conjuntas, con menos infantes pero con más desafíos pedagógicos, un mismo sueldo y doble jornada laboral. La baja natalidad repercute negativamente en la estabilidad laboral docente y la viabilidad económica de las instituciones privadas.
Ese último punto merece una distinción. “Si vos tenés salas con subvención del Estado, el Estado te pide un número, ¿viste? El número creo que para tener una sala abierta es de alrededor de 20 a 25 y a veces no llega”, detalló la “seño” Valeria. En caso de no cumplir, se cae la subvención.
Aquellos jardines no subvencionados dependen plenamente de la matrícula propia, y allí entra a jugar el mercado: si la matrícula es baja, los ingresos también lo son, por lo que garantizar sueldos e infraestructura es desafiante. Tampoco es solución aumentar las cuotas de unas pocas familias para mejorar los ingresos del jardín, aún menos sin ofrecer servicios diferenciales, para lo cual sería necesario contratar más personal o sobrecargar a la planta ya existente. Parece el cuento de la buena pipa.
Futuro incierto
Al son de lo que sucede en Argentina, en Mar del Plata también cae la tasa de natalidad y la población envejece. La situación económica y social hace que el grupo familiar deba trabajar en su conjunto (madres, padres, abuelos, tíos, hermanos mayores, etc.) por lo que la crianza y educación de las y los más chicos recae en los jardines, principalmente en los de gestión privada, que son los que ofrecen más horas de servicio.
Las maestras con más trayectoria encuentran nuevamente un escenario donde es necesario actualizarse profesionalmente. Las docentes noveles enfrentan una realidad que posiblemente no conocieron durante su formación: los jardines necesitan menos “seños” con mayor capacidad de atender cada vez más necesidades en simultáneo.
A este ritmo, no será sorprendente encontrar una ecuación inversa, donde haya más profesionales de la educación inicial que infantes marplatenses que las requieran.
