Soplar para saber: la ciencia que busca detectar cáncer de pulmón con el aliento

Pedro Duarte Vaz en Mar del Plata
Un investigador portugués presentó en Mar del Plata un método experimental que analiza el aire que exhalamos para encontrar señales tempranas de la enfermedad. La tecnología combina química, sensores e inteligencia artificial y cuenta con un aliado local clave en la Universidad Nacional. ¿El gesto? Tan simple como soplar en un control de alcoholemia.

 

Por Lucas Alarcón

Hay algo inquietante —y a la vez fascinante— en la idea: sentarse frente a un pequeño dispositivo, inhalar profundo y soplar, como si fuera un control de alcoholemia. Pero en vez de medir alcohol en sangre para evitar una multa, ese aparato estaría buscando rastros invisibles de cáncer de pulmón para salvar una vida.

Eso es, en esencia, lo que vino a compartir a Mar del Plata el médico e investigador portugués Pedro Duarte Vaz, integrante de la Fundação Champalimaud de Lisboa, uno de los centros de investigación biomédica más prestigiosos de Europa.

Su paso por la ciudad no fue casual. Durante una conferencia en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), presentó los avances de un método que promete cambiar las reglas del juego: sin agujas, sin radiación y sin contraste. Solo aire.

El cuerpo habla en moléculas

Cuando respiramos, no exhalamos solo dióxido de carbono. En ese aire viajan Compuestos Orgánicos Volátiles (VOCs): pequeñas partículas químicas que reflejan los procesos internos del cuerpo.

“Analizamos los componentes químicos del aliento y creamos perfiles de cada tipo de cáncer”, explicó Duarte Vaz.

Lo revolucionario del estudio —publicado recientemente en la revista científica Cancers— es que no buscan una molécula suelta, sino un patrón global, una suerte de “huella digital química”. Para lograrlo, utilizaron Inteligencia Artificial. Los algoritmos procesaron los datos de casi 200 personas y aprendieron a distinguir entre pacientes sanos y enfermos.

¿El resultado? El sistema alcanzó una precisión del 90 %, incluso en casos de detección muy temprana (Estadio IA), donde las chances de cura son altísimas.

“No estamos apostando al diagnóstico clínico final, sino al rastreo masivo”, aclaró el investigador portugués. La idea es que funcione como un primer filtro universal: barato, no invasivo y rápido. Si el dispositivo detecta la “huella” del cáncer, se enciende una alarma y el paciente pasa a los estudios tradicionales.

Pedro Duarte Vaz

La conexión local: “Un sí o un no”

Para que esta tecnología salga de los laboratorios europeos y llegue a la gente, necesita dejar de ser una máquina compleja y convertirse en un aparato portátil.

Ahí entra en escena Miguel A. Ponce, químico, doctor en Ciencia de los Materiales, investigador del CONICET y docente de la UNMDP con 25 años de trayectoria en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Ponce y su equipo son expertos en sensores de gases; ya han desarrollado tecnologías patentadas para evitar accidentes por monóxido de carbono y ahora tienen el desafío de miniaturizar el sistema portugués.

“Nuestra misión es poder hacer electrónicamente lo que ellos caracterizan hoy con equipos grandes. Buscar un producto que sirva como un sistema on-off: tiene o no tiene”, explicó Ponce con pragmatismo.

La colaboración nació en noviembre pasado y se consolidó con esta visita. La UNMDP aporta el know-how en sensores electrónicos para intentar captar esas moléculas volátiles en un dispositivo de mano.

Aunque el foco actual está puesto en el cáncer de pulmón —el que más muertes causa a nivel mundial—, la entrevista reveló un horizonte aún más ambicioso.

Vaz adelantó que ya están trabajando en aplicar la misma metodología para cáncer de páncreas y ginecológicos (ovario y útero), enfermedades que suelen tener diagnósticos tardíos y pronósticos reservados. «Si validamos esto, podemos mejorar el pronóstico de estas dolencias», aseguró.

Los investigadores son responsables y bajan la ansiedad: esto es ciencia básica, no un producto que estará mañana en las farmacias. “La parte comercial es un camino de años”, advirtió Ponce. Actualmente, el estudio está en fase de validación con personas mayores de 50 años fumadoras.

Sin embargo, hay algo esperanzador en esta línea de trabajo que une a Lisboa con Mar del Plata. La combinación de química molecular, inteligencia artificial y sensores locales sugiere que el cuerpo deja pistas microscópicas mucho antes de que aparezcan los síntomas. 

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