Seis novelas breves para leer sin resignar intensidad literaria. Historias que caben en una mochila de playa pero abren mundos potentes.
Por Malena Peña
En verano casi siempre buscamos lecturas no muy largas y pesadas. Libros que podamos llevar a la playa y no sean un ladrillo, que ocupen poco espacio pero nos entretengan como cualquier novela de esas larguísimas que asustan un poco.
No hacen falta más de 400 páginas para que una historia te cambie, te haga reír, llorar o impresionar.
A veces menos es más, y esta selección lo demuestra.


Rosa es una señora feliz. Jubilada de una de las pasiones de su vida –enseñar matemática a «sus pichoncitos» en el colegio–, vive sola en un departamento lleno de luz que da a la calle, visita con regularidad a su médico de cabecera y se preocupa por su vecina Norma, que tiene unos años menos que ella pero peor salud y bastantes más angustias. Aunque nunca se casó, tuvo varios novios, a quienes le gusta recordar con lujo de detalles. Quizás el gran amor de su vida haya sido, y todavía sea, Sandro: adorablemente vanidosa, a veces se emociona fantaseando con que el cantante también se enamora de ella. Tiene buena mano para la cocina, la pone contenta recibir noticias de sus alumnos y, sobre todo, disfruta de un don que no oculta a nadie: puede hablar con las flores y los pájaros.


Novela hecha de violencia, de erotismo, de ironía y de una crítica frontal a los lugares comunes en torno a la familia, a los lazos, a las relaciones convencionales. Matate, amor puede leerse como la demolición de la idea costumbrista de familia tipo. Aquí, el amor conyugal es visto como acoso. El amor del hijo es visto como acoso. Y los propios personajes son llevados al extremo de la impostura.
La protagonista es una mujer que piensa en ella misma sin piedad: “Leé, idiota, me digo, leéte una frase de corrido” se dice. “Y ahora soy una campechana que cuelga las medias de mi hombre y mi bebé, los calzoncillos y las camisas”.


Tres mujeres. Tres continentes. Tres destinos entrelazados.
INDIA. En Badlapur, la intocable Smita sobrevive recogiendo los excrementos de una casta superior. Resignada a su condición, está decidida en cambio a que su hija no siga sus pasos, aunque para ello tenga que desafiar las normas establecidas.
ITALIA. A Giulia le encanta trabajar en el taller familiar, el último de Palermo que confecciona pelucas con pelo auténtico. Cuando su padre sufre un accidente y Giulia descubre que el negocio se tambalea, lo afronta con valentía y determinación.
CANADÁ. Sarah es una abogada de éxito en Montreal que lo ha sacrificado todo por su carrera. Un día, tras caer desmayada en el transcurso de un juicio, comprende que su vida ha dado un vuelco y que deberá escoger lo que de verdad le importa.
Smita, Giulia y Sarah no se conocen, pero tienen en común el empuje y el tesón de las mujeres que rechazan lo que el destino les ha reservado y se rebelan contra las circunstancias que las oprimen. Como hilos invisibles, sus caminos se entrelazan, formando una trenza que simboliza la voluntad inquebrantable de vivir con esperanza e ilusión.


Sentaro, un joven solitario, pasa los días trabajando en una pequeña tienda de pasteles dorayakis con un árbol de cerezo en frente. Una tarde conoce a Tokue, una anciana un poco excéntrica que prepara una pasta de porotos azuki excepcional. Ella comienza a enseñarle la manera precisa de preparar esa pasta y, de a poco, el vínculo entre ellos se convierte en una inesperada y entrañable amistad.
El paso del tiempo acompasado con los cambios en la naturaleza, la belleza de lo pequeño, las marcas que dejan las heridas del pasado, la forma en que las personas lidian con la injusticia y el mal, la posibilidad de encontrar algún consuelo en realizar tareas cotidianas con absoluta dedicación: la prosa de Sukegawa aborda todo esto con sutileza en una historia sencilla y profunda.


Baptiste y Marion llevan una vida feliz y tranquila con sus cabras a las afueras de un pequeño pueblo en la montaña. Una noche de invierno, Marion sufre fuertes dolores y, para asombro de ambos, da a luz en el baño de casa. Este es el punto de partida de Caída de las nubes, un relato coral que combina múltiples puntos de vista sobre la llegada de este bebé inesperado que pondrá en cuestión todo lo que los personajes creían saber y que explora el conflicto íntimo entre el instinto maternal y las consecuencias de un hecho traumático. Bérot vuelve a hacer gala en este libro de su distintivo estilo: una prosa fragmentada, ágil y precisa, casi sin puntos, y con un sugerente formato de lectura que contribuye a hacer del libro un original juego que implica también al lector.


La protagonista de esta historia estuvo viva y fue feliz, pero hace tiempo que apenas puede recordarlo. Habita un hotel atestado de otros no muertos como ella, huéspedes que también tuvieron una vida de la que no recuerdan casi nada. Ha olvidado su propio nombre y el de la persona a la que amó, y tan solo conserva recuerdos vagos, escenas de una felicidad pretérita que aparecen deslavazadas y poco a poco se van perdiendo, como las extremidades que se desprenden de su cuerpo de no muerta. Pero nuestra heroína se niega a dejar ir del todo el pasado, por lo que se lanza a la carretera en dirección al oeste, siempre hacia el oeste, en busca del lugar en el que amó y fue amada.
