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marzo 8, 2026

Anahí Castaño: enfermera de noche, maratonista de alto rendimiento de día

Trabaja de madrugada como enfermera y entrena durante el día para competir en maratón. Sin sponsor estable ni dedicación exclusiva al deporte, Anahí Castaño logró posicionarse entre las mejores fondistas del país y demuestra que la constancia y la organización pueden sostener el alto rendimiento.

Por Florencia Cordero


Tiene 40 años, trabaja de madrugada como enfermera en una clínica y se entrena para competir en 42 kilómetros.

Sin sponsor estable y sin dedicación exclusiva al deporte, Anahí Castaño logró meterse entre las mejores fondistas del país. Su historia combina alto rendimiento, trabajo y una motivación que nació en el dolor.

Yo lo hago por elección. Empecé como hobby. Hoy estoy entre las mejores atletas del país, pero corro para sanar”, explica. La pérdida de su padre fue el punto de inflexión. Salir a correr, algo que le gustaba desde chica, se transformó en refugio. Tiempo después, la muerte de una de sus hermanas reforzó ese vínculo con el deporte. “Sentí que era mi forma de seguir adelante”, admite en diálogo con BACAP.

Del hobby al alto rendimiento

Anahí corre desde los 21 años. Estudió Educación Física -aunque no llegó a recibirse- y en ese proceso fue detectada por su primer entrenador, Fernando Rodríguez Facal, quien la invitó a entrenar de manera sistemática tras una buena marca en 3000 metros.

Dos décadas después, atraviesa su mejor momento deportivo. En 2023 ganó el Maratón de Mar del Plata. En 2024 volvió a destacarse. En 2025 logró bajar su marca personal en un circuito exigente y con condiciones climáticas adversas. “Solo mi familia sabe el sacrificio que hay detrás de cada preparación”, señala.

Su objetivo ahora es ambicioso: acercarse a las 2h40m en la distancia de maratón. Y se entrena nada menos que bajo la conducción de Leonardo Malgor y Marita Peralta, referentes del atletismo argentino. “Soy una privilegiada de tenerlos”, afirma.

Trabajo nocturno y entrenamiento exigente

La organización es una pieza central de su rutina. Eligió trabajar de noche para poder sostener el entrenamiento.

Sale de la clínica a las seis de la mañana, entrena, descansa algunas horas y vuelve a cumplir con el segundo turno antes de encarar otra jornada laboral. “Es lo que me toca y es lo que elijo. No me quejo”, resume.

En un contexto donde las principales maratonistas del país cuentan con patrocinio, Anahí compite sin apoyo estable. Tuvo una beca municipal que perdió en su mejor momento deportivo y reconoce que la falta de acompañamiento económico condiciona su proyección.

“Sé que estoy en desventaja. Las cinco mejores atletas están sponsoreadas. Yo no. Pero vivo de mi trabajo y trato de sacar lo mejor de lo que tengo”, remarca con convicción.

Origen humilde y cultura del esfuerzo

Es una de nueve hermanos y creció en una familia trabajadora. “La luchamos desde chicos”, recuerda. Ese aprendizaje atraviesa su presente: sostiene su carrera deportiva mientras ayuda económicamente a su familia y llega con lo justo a fin de mes.

En la clínica, sus compañeras cumplen un rol clave. Cuando necesitó extender licencias para competir, cubrieron sus turnos. “Sin pensarlo, me ayudaron”, destaca.

También enfrentó situaciones adversas fuera del plano deportivo, como un robo que la dejó sin parte de su equipamiento. En ese momento, la respuesta de la comunidad fue determinante para que pudiera volver a competir.

Rendimiento sin edad

A los 40 años, atraviesa su mejor nivel. “Me han dicho que ya soy grande para correr, pero tengo mejores marcas que a los 20 o 30”, afirma. Compite con atletas diez o quince años menores y sostiene que los límites son, en gran parte, personales. “Depende de cómo uno se sienta y cómo lleve su vida”, comenta.

Inspirar desde lo posible

Entre la fortaleza femenina que se replica y contagia, su historia adquiere un valor adicional. Muchas mujeres le escriben para contarle que se sienten reflejadas en su recorrido.

Su mensaje es concreto: “Cuando uno quiere y se organiza, puede. No es fácil, pero se puede”.

Sin dedicación exclusiva, sin estructura profesional consolidada y con una rutina laboral exigente, Anahí Castaño construyó un lugar en el atletismo nacional desde la constancia.

Corre de noche y de día. Corre para competir. Corre, también, para seguir adelante ante cada desafío que plantea la vida.

 

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