En diálogo con Bacap, trabajadoras de distintos sectores dieron cuenta de los modos específicos en los que las condiciones precarias existentes en el ámbito informal y la flexibilización introducida por la reforma laboral afectan a las mujeres.
Por Camila Spoleti
El 8 de marzo se conmemora, a nivel internacional, el Día de la Mujer. La fecha permite aunar voces de mujeres de todo el mundo en torno a demandas comunes, como la eliminación de la violencia por motivos de género y el acceso a igualdad de derechos, a la vez que amplificar los reclamos específicos que cada comunidad articula en función de sus propias necesidades.
En Argentina, las consignas impulsadas este año por los distintos movimientos de mujeres y diversidades apuntan contra la reforma laboral recientemente promulgada (Ley 27.802) e instan a reflexionar —y accionar— sobre la intersección entre la precariedad de las condiciones de trabajo y la desigualdad de género. Además, se sostiene el pedido por medidas que resuelvan problemáticas que permanecen constantes, como los femicidios. Según el observatorio Ahora que sí nos ven, entre el 1 de enero y el 27 de febrero del 2026, hubo 43 víctimas fatales por violencia de género, es decir 1 femicidio cada 34 hs.
En relación a la consigna de este año, Celeste Rosso, Secretaria Gremial de UTEDyC Mar del Plata, indicó: “La reforma laboral no menciona específicamente a las mujeres, pero sus efectos no son neutros”. En diálogo con Bacap, otras trabajadoras y representantes de distintos gremios señalaron lo mismo. Teatristas, trabajadoras de la industria del pescado, docentes, estatales, periodistas, trabajadoras judiciales y trabajadoras sexuales, manifestaron que la inestabilidad laboral introducida al ámbito formal por la nueva legislación, a través de medidas como el banco de horas y el abaratamiento de los costos por despidos, profundiza las desigualdades de género ya existentes. Las trabajadoras informales, que ya enfrentan condiciones de precariedad, confirmaron que estas afectan de un modo particular a las mujeres y detectaron posibles repercusiones indirectas de la reforma sobre sus situaciones laborales.
Keka, filetera, expresó: “Las mujeres en la industria del pescado ya estamos precarizadas por el hecho de que estamos haciendo changas, estamos en cooperativas. Hace muchos años que el trabajo en blanco es escaso. Pero bueno, las pocas que están en blanco o trabajan formalmente, van a estar débiles para negociar el horario, o el sueldo, o licencias. El tema es que de arrastre venimos las que estamos informales. Porque si a una trabajadora en blanco el jefe puede pedirle hacer lo que quiere, o sea, decirle: ‘Te quedás 3 horas más’, y se tiene que quedar, de atrás venimos nosotras. Es una cadena”.
Roles de género en el ámbito laboral
En el ámbito laboral, una de las principales diferencias entre hombres y mujeres es la posibilidad de acceder a determinados cargos. Gisella Coccimiglio, referente en políticas de género de la Asociación Judicial Bonaerense, señaló que en el ámbito judicial, la mayor brecha se manifiesta en la ocupación de cargos de decisión. “Son pocas las mujeres que llegan a juezas, fiscalas, defensoras, y lejos está de ser la razón de eso la falta de capacidad”, expresó.
Coccimiglio mencionó como ejemplo la composición de la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires: “Desde su origen en 1875, cuenta solo con una magistrada en su integración, quien además fue la primera y única mujer en alcanzar dicho cargo, que ostenta desde el 2002 hasta la fecha”. En lo local, la situación es similar, solo una mujer llegó a camarista: la jueza Alicia Ramos Fondeville, conocida por su intervención en el caso de Monzón.
Señaló también que, mientras en la integración de los tribunales penales casi no hay mujeres, lo contrario sucede con los nombramientos en el fuero de familia. Allí, “la sociedad y, en este caso, el poder judicial y la política entienden ‘correcto’ ubicar en los cargos de decisión a mujeres, en una clara identificación del rol de cuidadoras”, indicó.
Celeste Rosso identificó una situación similar en su sector (UTEDyC): “Hay brecha salarial, porque las mujeres están mayormente en categorías más bajas y con menor acceso a cargos jerárquicos. También hay segregación ocupacional, las mujeres hacen tareas administrativas y de servicios y los varones puestos técnicos o de conducción”. En cuanto al efecto de la nueva legislación laboral, sostuvo: “Cuando se debilita el principio protectorio, se flexibiliza la jornada parcial o se reducen responsabilidades en la tercerización, el impacto recae con más fuerza en quienes ya están en situación de mayor vulnerabilidad”.
En cuanto a lo que sucede en la industria del pescado, Keka explicó: “Somos muchas mujeres. La verdad que en una planta trabajan fileteras, despinadoras, envasadoras y aún así la gente no lo sabe, cree que ese trabajo es exclusivamente de varones. A nosotras prefieren no contratarnos para fileteras, por ejemplo. Prefieren varones siempre. Entonces nosotras tenemos que llevarnos nuestras bandejas, que son pesadas, para que en las fábricas no gasten un sueldo en un peón más para ayudarnos, por ejemplo. Hay muchas dificultades para las mujeres. Casi siempre los puestos jerárquicos, digamos, de capataces o lo que sea, se les dan a varones. Y así varias cosas en las que hay desigualdad. Tampoco somos reconocidas, o sea, nunca te van a reconocer que una mujer hace igual o mejor el trabajo que un hombre”.
Por su parte, Victoria Disalvo, trabajadora sexual, manifestó: “Hay desigualdades que padecemos, no solamente las mujeres trans, sino las mujeres en el ámbito laboral. Hay un montón de hegemonías que son blancas, que son cis, que son racistas, que son heterosexuales, occidentales, que nos impiden llegar a ciertos estratos y que representan barreras para nosotras, para acceder a un trabajo ni siquiera te digo formal, informal”. En ese sentido, marcó la existencia de “trabajos generizados”, es decir, condicionados por motivos de género: “Me parece que el acceso al trabajo sexual viene acompañado de una dificultad de ingresar a ámbitos más formales de trabajo. Pero me parece que también lo sufren las empleadas domésticas, por ejemplo. Hay un montón de trabajos que son generizados. Yo creo que lo que está en problema hoy es el trabajo. El trabajo formal, el informal. O sea, el concepto de trabajo y de conseguir insertarse en el mercado laboral. Es totalmente difícil y sobre todo para las mujeres”.
Sobre los efectos de la reforma laboral, Disalvo sostuvo: “Me parece que si esta reforma laboral afecta a las personas que están registradas en el sistema formal, implícitamente impacta sobre las personas que estamos trabajando en el sistema informal. Porque, ponele, nuestros clientes que sí tienen laburos formales y tienen que ahora empezar a trabajar 12 horas o tienen que empezar a sufrir las consecuencias de esta reforma, nos van a contratar menos, obviamente”.
Distribución de roles de cuidado
Abigail Araujo, Secretaria General de Adum, señaló que, en el ámbito académico, pese a haberse logrado importantes avances gracias a la lucha feminista, persisten, todavía, espacios sumamente masculinizados. “Yo, por ejemplo, trabajo en la Facultad de Ingeniería y soy la única mujer con cargo de profesora en el departamento donde me desempeño. También es más dificultoso para las mujeres alcanzar lugares de dirección de grupos de investigación, cargos titulares. A pesar de que más de la mitad de las graduadas universitarias somos mujeres, no se encuentra esa misma representación en lo que tiene que ver con cargos que detentan ya sea un poder académico o de gestión. De hecho, aún hoy son muy pocas las rectoras en las universidades nacionales de todo el país”, detalló.
“Esa dificultad para acceder a cargos con responsabilidad política o académica en la universidad y en el sistema científico tecnológico está directamente relacionada con prejuicios que persisten, pero, sobre todo, con la distribución desigual de las tareas de cuidado”, explicó Araujo.
La cuestión de la distribución de las tareas de cuidado es un punto clave para entender las dificultades que atraviesan las mujeres en el mundo laboral. Según un informe elaborado por el CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), a partir de los datos proporcionados por la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021 (realizada por el INDEC), en los hogares con demandantes de cuidado, las mujeres destinan el doble del tiempo que los varones a las tareas domésticas.


Al ser consultadas por las desigualdades de género existentes en su espacio de trabajo, casi todas las trabajadoras entrevistadas para esta nota mencionaron este factor como determinante. “Impacta en las jornadas laborales: se piden jornadas laborales reducidas, hay menor disponibilidad para hacer horas extras y menos posibilidades de ascender, de tener una promoción en el trabajo”, explicó la Secretaria Gremial de UTEDyC.
Sobre este tema, Keka indicó: “Las mujeres estamos siempre en desventaja porque el trabajo de filetera, que es mi caso, va por producción. O sea, más trabajás, más ganas. Más pescado cortás, más kilos, más ganas. Y nosotras somos las que tenemos que salir corriendo para la escuela, para cocinar, para hacer mandados, para un montón de cosas. Entonces el hombre va a ser siempre más cumplidor, porque no tiene otros compromisos. La mayoría no tiene compromisos después del trabajo, va a su casa a comer y a descansar. Nosotras seguimos adelante el día. Y entramos muchas veces a las 3 de la mañana y nos vamos a las 5 de la tarde. Porque si estamos a changa o en cooperativa, hay que trabajar hasta que se termine el pescado”.
Emilce Anahí Rodriguez, docente y militante política, social y territorial, referente distrital de Somos Barrios de Pie, señaló que, en los barrios, la mayoría del trabajo es informal y precarizado, con jornadas laborales extensas. Muchas mujeres venden cosas: ropa, zapatillas, mochilas, productos de limpieza, perfumes, bizcochuelos, prepizzas. “Hay un nivel de superproducción de cosas que les permiten poder estar en sus casas cuidando a sus hijos e hijas y generando de alguna forma u otra algún ingreso, algún ingreso que se sostiene nada más que durante los primeros 15 días del mes porque después no queda un mango y no hay mucha plata”, explicó. En ese sentido, la incorporación de estas condiciones al sistema formal, acentúa y normaliza las jornadas extensas que dificultan las tareas de cuidado feminizadas y repercuten sobre la salud mental de las mujeres.
Desde las trabajadoras del teatro, señalaron: “A la hora de dar clases o a la hora de llevar a cabo un proyecto teatral, no es la misma carga mental y horaria para una mujer que aparte tiene que hacer las básicas tareas de cuidado y de maternar, que un varón que puede terminar de trabajar e ir directo a ensayar porque las tareas de cuidado no recaen del todo en él”. Además, hicieron referencia a las licencias por nacimientos de hijos para padres, las cuales, en Argentina, son de 2 días: “No podemos hablar de equidad de género si no tenemos leyes que hablen de días para maternidad y para paternidad”.
De este modo, por un lado, las mujeres ya se enfrentan a las dificultades de compatibilizar tareas de cuidado y empleo, lo que condiciona su desarrollo laboral. A su vez, la nueva legislación, flexibiliza la jornada de trabajo, complicando la posibilidad de llevar adelante dichas tareas de cuidado; e introduce conceptos como el “salario dinámico”, con bonos por productividad a los que las mujeres se les obstaculizaría acceder, favoreciendo así la brecha de género.
“La reforma impacta a las mujeres de forma desproporcionada porque profundiza desigualdades ya existentes. Ejemplo de esto es la crisis de cuidados: las mujeres dedican el doble de tiempo que los varones al trabajo no remunerado y muchas están fuera del mercado laboral por no poder compatibilizar trabajo y cuidados. La reforma quita previsibilidad horaria, dificultando coordinar escuela, guardería y tareas de cuidado”, sintetizó Romina, trabajadora de la Cooperativa CURA, de recuperación de residuos.
Violencias
Otro de los puntos a considerar con respecto a la situación de las mujeres en el ámbito laboral es la existencia de violencia por motivos de género. “Existen situaciones de violencia o acoso que muchas veces no se denuncian por miedo a perder el empleo”, manifestó la Secretaria Gremial de UTEDyC. “La modificación de reglas probatorias puede dificultar la defensa en casos de violencia laboral. O acoso o discriminación. Ya son siempre las mujeres las que constantemente recibimos hostigamiento, maltratos. Esto puede empeorar, ya que su defensa sería mucho más débil. Por eso sostenemos que una reforma que reduce herramientas de protección termina afectando especialmente a las trabajadoras”, detalló.
Por su parte, las trabajadoras del teatro expresaron: “Somos las mujeres y disidencias quienes nos hacemos de las comisiones de género y de todo lo que sucede con respecto a eso. Somos las primeras en levantar la bandera en donde alguien no se siente cómodo o cómoda; somos las primeras en estar fijándonos de que haya un cuidado correspondiente ante cualquier cuestión, porque es una actividad en la que hay que poner mucho el cuerpo. Es muchísima la carga mental de estar siempre pendientes de eso, porque siempre es un varón quien hace sentir incómoda a otra persona que tiene al lado. Eso es una gran desigualdad y es algo que, si no existiera, no tendríamos que tener la mente tan ocupada de cómo hacemos nuestro trabajo porque siempre hay alguien que no puede estar teniendo la misma intención”.
Lo conseguido y lo que falta
A lo largo de los años, los movimientos de mujeres han logrado importantes avances en materia de derechos. En algunos sectores, como el universitario, se han conseguido licencias filiales más extensas, para garantizar una mejor distribución del tiempo dedicado al cuidado de los hijos e hijas, así como jardines maternales para niños y niñas a partir de los 45 días. También licencias por violencia de género, protocolos de acción y capacitaciones.
Sobre la situación en los medios de comunicación, la periodista Mariana Gérez sostuvo: “Yo ya llevo 30 años en el ejercicio de la profesión y tengo que decir que hubo avances, que veo un reconocimiento en cuanto a la capacidad que tenemos las mujeres en el rol periodístico que cuando empecé no era tal. No existía esa igualdad, así que creo que hemos recorrido un camino importante. Seguramente aún falten más mujeres en espacios de decisión editorial o en cargos jerárquicos en distintos medios, pero, en general, creo que hemos ganado un terreno importante”.
Sin embargo, hay espacios en los que la situación de las mujeres es aún muy adversa. Sobre todo, para quienes trabajan en la informalidad.
En el caso de las trabajadoras sexuales, Victoria Disalvo explicó: “Es difícil hablar de la realidad del trabajo sexual en Mar de Plata porque el trabajo sexual existe en diferentes estratos. No hay solo una experiencia del trabajo sexual. Pero bueno, las de calle sufren la persecución policial a raíz de la aprobación de la ordenanza 25.590 que criminaliza la circulación de las travestis por la vía pública. Y lo que tiene esta ordenanza es que deja mucha arbitrariedad a la policía para decidir quién está ejerciendo el trabajo sexual en la vía pública y quién no. Y generalmente hay mucha discriminación, y también detienen a las migrantes y detienen a las personas que están más expuestas o más precarizadas. Necesitamos que se descriminalice nuestro trabajo”.
“Nos quisieron trasladar a la zona roja allá del cementerio, pero nunca fuimos. Entonces, las zonas rojas siguen existiendo en los mismos lugares de siempre, pero con más criminalización y más persecución policial. Antes teníamos poder de agencia, podíamos agruparnos en las esquinas. Ahora es imposible porque te ven en grupo y llega la patrulla. Entonces, hay que caminar. Nosotras en 2021 sacamos la campaña ‘Caminar no es delito’, un poco inspiradas en lo que fue la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo que, cuando les prohibieron hacer protesta, ellas empezaron a caminar sobre la plaza. Y bueno, con ese espíritu empezamos a caminar de dentro de las zonas rojas y si viene la patrulla, vamos para el otro lado, salimos disparando”, relató.


Tanto las resistencias, como los avances, han sido siempre alcanzados con organización y movilización colectiva. Por ese motivo, como todos los años, los diferentes movimientos feministas convocan a una nueva marcha por el Día de la Mujer. Se realizará el lunes 9 de marzo bajo la consigna: “Contra el saqueo y la reforma laboral esclavista”. En Mar del Plata, la convocatoria es 17.30 hs. en Luro y 20 de Septiembre.
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