A 50 años del golpe de Estado, una mirada sobre cómo el mundo empresario marplatense atravesó el inicio de la dictadura. Expectativas de orden económico, promesas incumplidas y un cambio de modelo que impactó especialmente en la industria naval y el entramado productivo del puerto.
Por Delfina Lizundia
Una noche de 1976 la familia Contessi, ligada desde hacía décadas al trabajo naval del puerto, cenaba en el living de su casa en Mar del Plata. La escena era cotidiana, hasta que el ruido seco de disparos interrumpió la tranquilidad.
Las balas se escucharon afuera.
“Agáchense”, gritó Federico Contessi a sus hijos mientras señalaba el piso para que se escondieran por debajo del nivel de las ventanas. Los chicos obedecieron de inmediato. Domingo Contessi, que entonces tenía siete años, se llevó las manos a la cabeza mientras trataba de entender qué estaba pasando.
El recuerdo quedó grabado.
Federico Contessi no era solo el padre de esa familia. Era también el fundador del astillero que llevaba su nombre, uno de los talleres navales que formaban parte del entramado productivo del puerto marplatense. Como muchos empresarios industriales de la ciudad, atravesaría los años de la dictadura entre expectativas iniciales, promesas incumplidas y un cambio profundo en las reglas de la economía. Domingo no recuerda la fecha exacta de aquella noche, pero sí el clima de aquellos años.
Ese clima tenso y predominado por la violencia, y la persecución comenzó a instalarse en Mar del Plata en los días previos al 24 de marzo de 1976.


Los primeros días
Durante el lunes 23 de marzo, los rumores sobre un posible golpe militar circulaban con insistencia en todo el país. Los diarios seguían de cerca la crisis política y en distintos ámbitos se hablaba de un desenlace inminente.
Mar del Plata no era ajena a ese clima.
La ciudad atravesaba un momento complejo. El intendente electo en 1973, el socialista Luis Nuncio Fabrizio, gobernaba una gestión debilitada en medio de una crisis institucional cada vez más profunda. Según explica el historiador Daniel Reynoso, docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, incluso antes del golpe ya existía un clima de violencia política.
“Entre 1974 y 1975 ya se registraban secuestros y desapariciones por parte de grupos clandestinos. La inseguridad jurídica y el deterioro institucional eran una preocupación constante”, señala.
La economía también mostraba señales de desgaste. Aunque el turismo había alcanzado cifras récord a comienzos de los setenta, el sector empezaba a mostrar signos de retracción, influido por cambios culturales y por la aparición de nuevos destinos turísticos.


En ese contexto, el malestar empresarial era evidente.
Un mes antes del golpe, en febrero de 1976, distintas cámaras empresarias participaron de un paro convocado por ACEL (Asociación de Cámaras Empresarias de La Plata) para reclamar por la inflación, el desorden económico y los problemas de seguridad. La protesta incluyó un apagón empresarial que implicó el cierre simbólico de comercios y empresas durante algunas horas como forma de visibilizar el reclamo.
En Mar del Plata, la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP) se sumó a la medida junto a otras entidades empresariales. Para muchos comerciantes e industriales, la situación económica se había vuelto insostenible.
Ese malestar alimentaba una expectativa compartida por parte del sector empresario: la idea de que un cambio político podría restablecer cierto orden económico.
La confirmación llegó en la madrugada del 24 de marzo de 1976. Las radios comenzaron a transmitir los primeros comunicados de las Fuerzas Armadas anunciando el derrocamiento del gobierno de María Estela Martinez de Perón. En pocas horas, el país quedaba bajo el control de la Junta Militar.
En Mar del Plata, la noticia se extendió rápidamente.
Las emisoras de radiodifusión dieron el aviso: “se comunica a la población que a partir de la fecha el país se encuentra bajo el control operativo de la Junta Militar. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de autoridad militar, seguridad o policial. Así cómo extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que pueda exigir la intervención drástica del personal en operaciones”
Muchos vecinos se enteraron al encender la radio temprano por la mañana. Otros lo supieron al salir a la calle y encontrarse con retenes militares en avenidas y accesos a la ciudad. Las clases fueron suspendidas y se decretó asueto administrativo. Mientras tanto, las redacciones de los diarios trabajaban contrarreloj para preparar ediciones especiales que reflejarán el cambio de gobierno. La ciudad amaneció con una mezcla de incertidumbre y aparente normalidad.
Para el mundo empresario local, aquel día marcó el inicio de una nueva etapa.
Al día siguiente, el 25 de marzo, la actividad comenzó a retomar lentamente su ritmo habitual. Muchos comercios volvieron a abrir sus puertas y la ciudad recuperó parte de su movimiento cotidiano. Sin embargo, el nuevo escenario político generaba interrogantes.
En distintos sectores empresariales existía la expectativa de que el nuevo gobierno militar lograra estabilizar la economía y reducir la inflación que golpeaba al país.
Con el paso del tiempo, esas expectativas se transformarían en desilusión para buena parte de la industria.
La mirada desde la industria naval
Para Horacio Tettamanti, que en aquellos años era un joven ingeniero naval recién recibido en Buenos Aires, la ciudad no parecía demasiado distinta entre 1974 y 1976. Frecuentaba Mar del Plata para participar en campeonatos de vela y no percibía cambios abruptos en la vida cotidiana. Con el tiempo, sin embargo, su mirada sobre aquel período se volvió crítica.
Tettamanti sostiene que la dictadura produjo un fuerte desbalance en la economía argentina que terminó afectando especialmente al sector industrial y naval.
Un ejemplo fue el caso de Servicios Portuarios Integrados (SPI), la empresa fundada por Dante Grazi en 1976. Durante los años de la dictadura, el astillero atravesó un período de dificultades económicas que frenó su crecimiento.
Recién en 1985, junto con la vuelta de la democracia, Tettamanti asumió la conducción de la empresa, comenzó un proceso de recuperación que retomó el proyecto de desarrollo imaginado por su fundador.
Promesas incumplidas en el puerto
En el puerto marplatense, la historia del astillero Federico Contessi reflejó con claridad las contradicciones del nuevo modelo económico.
Tras un incendio que había afectado las instalaciones en 1974, Federico Contessi se encontraba reconstruyendo el astillero cuando recibió una propuesta inesperada. Un capitán de navío que se desempeñaba como secretario de Intereses Marítimos le planteó la posibilidad de construir una serie de seis barcos pesqueros destinados a empresas de Buenos Aires. La idea entusiasmó al empresario.
En aquel momento existían políticas de créditos y subsidios para la construcción naval en el país y el potencial pesquero del litoral argentino permitía imaginar un crecimiento sostenido del sector. El proyecto consistía en fabricar seis barcos gemelos de acero, lo que implicaba un salto tecnológico importante para el astillero. Convencido de que contaba con respaldo oficial, Contessi comenzó a trabajar en la construcción de las embarcaciones.
Pero las promesas nunca se concretaron.
En medio del proceso recibió un telegrama de la Secretaría de Intereses Marítimos en el que el organismo afirmaba desconocer la construcción de los barcos en su astillero, argumentando supuestas irregularidades administrativas.
A ese escenario se sumó un cambio profundo en la política económica. La apertura comercial impulsada por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz permitió la importación de barcos usados y facilitó la entrada de buques factoría extranjeros, lo que afectó directamente a los astilleros nacionales.
A pesar de las dificultades, Contessi decidió continuar con la construcción de las embarcaciones. Ante la falta de financiamiento, terminó convirtiéndose en su propio promotor: ofrecía sistemas de crédito directo a pequeños pescadores para que pudieran comprar los barcos, mientras las grandes empresas preferían adquirir embarcaciones en el exterior.
Botadura de Doña Alfia en 1978. El primer buque de acero de Astilleros Contessi, de los seis barcos que comenzó a construir ante el pedido de la Secretaría de Intereses Marítimos.


La familia Contessi no solo sufrió el desequilibrio económico que generó la dictadura y los recuerdos traumáticos de escuchar disparos y tener que esconderse con las luces apagadas, si no que dos primos de Domingo fueron secuestrados. Rosa Ana Frigerio Contessi, una estudiante universitaria de 20 años que fue asesinada el 8 de marzo de 1977 en el paraje de la Estancia Santa Celina, luego de 7 meses de cautiverio en el centro clandestino de detención que funcionó en la Base Naval, donde también estuvo detenido Roberto José Frigerio Contessi. Él era técnico electromecánico y tenía 23 años cuando lo secuestraron el 1° de diciembre de 1976. Permanece desaparecido.
Comercio, escasez y una economía que cambiaba
Mientras el sector industrial enfrentaba crecientes dificultades, el comercio logró sostener cierta estabilidad durante esos años. Si bien hubo momentos de escasez y dificultades para conseguir algunos productos, el comercio minorista no sufrió el mismo nivel de deterioro que el sector productivo.
Tampoco existía todavía el fenómeno de los saqueos que aparecería años después en otras crisis económicas del país. Los comerciantes recuerdan que el temor principal no era el desabastecimiento masivo sino la inflación, los cambios constantes en las reglas económicas y la incertidumbre sobre el futuro de los negocios.
Algunas empresas incluso lograron expandirse en ese contexto. El caso más conocido fue el de Cabrales, que durante esos años consolidó su presencia en el mercado de Buenos Aires aprovechando la asociación de su marca con el turismo marplatense.
La memoria de una época
Cincuenta años después del golpe militar, Domingo Contessi todavía recuerda aquella noche en la que su padre les pidió que se agacharan debajo de las ventanas mientras se escuchaban disparos afuera.
Entre astilleros, fábricas y comercios, el mundo empresario local atravesó su propia historia durante la dictadura. Una historia marcada por expectativas iniciales, promesas incumplidas y un cambio económico que redefinió el destino de muchas empresas de la ciudad.
A 50 años del momento más oscuro que enfrentó la Argentina, el eco de las balas sigue resonando en la memoria de Mar del Plata.
