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marzo 23, 2026

Los constructores: Masonería y dictadura

A 50 años del golpe de Estado, un recorrido por el vínculo entre masonería y dictadura en Mar del Plata: restricciones, silencios y estrategias de resguardo en una institución atravesada por el contexto político. Testimonios, historia y debate sobre el rol de estas organizaciones en tiempos de autoritarismo.

Por Darío Sampietro


“La memoria es el único paraíso del que no nos pueden expulsar” 

Indio Solari.

Esta frase sobre la Memoria (con mayúscula a propósito) la dijo el Indio Solari en el histórico recital en Gualeguaychú (allá por el 2014) justo a días de un nuevo aniversario del 24 de marzo.

Medio siglo parece mucho. Pero es poco. Sobre todo, para la historicidad de la humanidad. Y este 24 de marzo tiene un gusto especial.

Ya pasaron 50 años del golpe cívico-militar de 1976. Aquel día las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, dando inicio a la última dictadura militar en Argentina. La junta militar, integrada por Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Eduardo Massera (Armada) y Orlando Ramón Agosti (Fuerza Aérea), tomó el poder por la fuerza y autodenominaron a su gobierno como el «Proceso de Reorganización Nacional».

Como todos los 24 de marzo, la consigna es la de siempre: “Memoria, verdad y justicia”. Pero los 50 años le dan un significado especial. Y también el contexto socio-político. No solo nacional, sino que también mundial.

El golpe de Estado fue un quiebre en toda la sociedad y sus repercusiones se sintieron en los barrios, la Iglesia, la Municipalidad, la comunidad educativa y también en ámbitos más discretos, como en la masonería y su Logia 7 de Junio de 1891, con su templo ubicado en San Martín 3237.

Para ello Bacap dialogó con Eduardo Teodoro Bronzini, miembro pleno de la Institución Masona. Eduardo es uno de los seis nietos de quien fuera Intendente de la Ciudad de Mar del Plata en cinco periodos entre 1920 y 1962, el político socialista Teodoro Bronzini. Eduardo comentó que los nombres se ponían por descendencia, para mantener el linaje familiar. No solo por el recuerdo, sino por el status también. Por eso el segundo nombre de Eduardo es Teodoro (el primer nombre de su abuelo).

Se sabe que el mismo Teodoro Bronzini era miembro de la Masonería argentina, como tantos otros reconocidos personajes de nuestra historia: desde San Martín, pasando por los miembros del Virreinato del Río de la Plata, hasta Sarmiento, por citar a los primeros políticos masones de renombre.

La Masonería: ¿qué es?

La Masonería es una antigua organización fraternal que ha intrigado a la sociedad durante siglos. Sobre todo, por su misterio y secretismo. Es caracterizada por una estricta jerarquía y una variedad de ceremonias y rituales. Los miembros pasan por una serie de «grados» de pertenencia, que van desde el Aprendiz hasta el Compañero y el Maestro Masón. A lo largo de este proceso, los masones aprenden el lenguaje, los ritos y las creencias de la fraternidad.

Su objetivo es la búsqueda de la verdad, el estudio filosófico de la conducta humana, de las ciencias y de las artes, y el fomento del desarrollo social y moral del ser humano. Su enfoque, digamos, está orientado hacia la evolución personal de sus miembros, así como hacia el progreso y ascenso social.

Fotos Diego Izquierdo.
Fotos Diego Izquierdo.

Eduardo Bronzini comenta que la Masonería “es una institución progresista, filantrópica, y tiene su principio iniciático con su ritual específico”. Recordemos que el expresidente chileno Salvador Allende fue miembro de la Masonería. Y su filiación ideológica política era de corte socialista-marxista.

Hoy en día, para ser miembro de la Institución se requiere ser hombre o mujer libre y de “buenas” costumbres; tener una edad mínima de 18 años; poseer inteligencia y cultura necesaria para comprender y practicar las virtudes masónicas; contar con medios de subsistencia para sufragar sus necesidades, la de su familia y otras personas a cargo. Para ello deben pasar por una serie de exámenes previos.

El rito en la masonería puede ser entendido como el conjunto de reglas o preceptos con los cuales se practican las ceremonias y se otorgan y se comunican los signos, cultura, palabras e instrucciones de los grados masones.

Etimológicamente, el término “masón” proviene del francés y significa albañil, constructor. Los masones son los constructores de la sociedad, podríamos parafrasear simbólica y ligeramente.

La masonería evolucionó a partir de los gremios de canteros y constructores de catedrales de la Edad Media. Albañiles, carpinteros, panaderos, fabricantes de campanas y barberos-cirujanos habían estado protegidos y supervisados por gremios durante siglos en muchos países europeos.

Los gremios ofrecían vida social, beneficios, protección salarial y control de calidad sobre las habilidades y los productos terminados. La identidad de sus integrantes y sus derechos a trabajar en lugares lejanos estaban protegidos por palabras secretas y apretones de manos. Así se fundían las primeras manifestaciones simbólicas y pragmáticas de la comunidad masónica en Europa.

La Masonería está diversificada en distintas Logias. La palabra “Logia” viene del griego logos (palabra/razón) o del sánscrito loka (universo/espacio). Originalmente era el cobertizo o cabaña que los masones construían al pie de las catedrales para guardar sus herramientas y almorzar.

Básicamente una logia masónica es una comunidad de masones institucionalizada, donde se encuentran y desarrollan las aptitudes y actitudes críticas sobre su sistema de ideas y creencias sobre la sociedad.

Masonería y Dictadura en Mar del Plata

Eduardo Bronzini sostiene que la Masonería “defiende el sistema Democrático, Republicano y se basa en las leyes”. Pues ligeramente podemos deducir que el vínculo entre Masonería y Dictadura no puede haber sido el mejor.

“Se han tejido muchísimas leyendas de lo que es la Masonería. A veces se nos cuestiona por el hecho de que somos secretos en las dictaduras y discretos en las democracias. La privacidad nosotros la guardamos para resguardar a los hermanos y a nuestras familias. Porque la lucha que emprendió la Masonería en la sociedad a nivel mundial es una lucha muy dura que atacó privilegios enquistados en la sociedad, que se justificaban por conceptos dogmáticos de una verdad revelada absoluta”, contó en una entrevista el antiguo gran maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Nicolás Orlando Breglia, y agregó: «Quienes tengan ideas totalitarias, tanto de izquierda como de derecha, quedan afuera. Estamos en contra de toda dictadura».

Bronzini argumenta y advierte: “Cuando llega el Golpe Militar a Mar del Plata se prohíben las reuniones y había que pedir autorizaciones para reunirse. Se pedía en la comisaría primera y se debía decir quienes se reunían”.

Sabemos que las reuniones de tipo político estuvieron prohibidas durante esos años. Pero otro tipo de reuniones, sociales, deportivas o culturales, podían habilitarse con permiso previo del orden dictatorial-policial.

En ese sentido, Eduardo comenta: “Los que militaban políticamente tuvieron que tener ciertos cuidados en la Dictadura”.

“Los que militaban políticamente tuvieron que tener ciertos cuidados en la Dictadura”.

Al preguntarle si existieron masones detenidos o desaparecidos, sostuvo que “no hubo detenidos ni desaparecidos en Mar del Plata”. A nivel nacional tampoco hubo registros de miembros de la Logia desaparecidos. Los más comprometidos políticamente debieron resguardarse o irse del país, tras un exilio.

A lo largo de la historia, la comunidad masónica tuvo su crecimiento político y social. Pero no fue de manera progresiva.

“Hoy la Masonería tiene representación en todas las Provincias. En los 70 había provincias que no tenían representación masónica”, dice Eduardo Bronzini.

“La Masonería creció exponencialmente a partir de este siglo con las redes sociales y se desarrolla mucho más hoy en día. Se llega a todo el país”, agrega Bronzini.

La capacidad del diálogo y la apertura hacia el otro

La filósofa política Hannah Arendt, de origen judío-alemán, y muy crítica y perseguida por el nazismo, sostenía que, en un sistema político, “no hay comunicación si no somos muchos. Y cuando somos muchos somos distintos”, lo que exige “encontrarle la vuelta”.

Arendt creía que la política debe ser un espacio de debate, y que la idea de una identidad única como requisito político está equivocada. Aunque reconocía la necesidad imperiosa de “construir comunidad” a través del debate público.

Pues, en la sociedad, pensaba Arendt, “convivimos gente plural y muy distinta”. La diversidad de visiones se encuentra en la apertura hacia los otros.

En ese sentido, esta nota se puede cerrar con la siguiente frase que Eduardo enunció al final de la entrevista sobre la filosofía de la Masonería: “El poder escuchar al otro es una de las características de la Institución. El intercambio de ideas y el diálogo y respeto”.

Justo es esa cualidad la que hoy en día, a 50 años del último golpe cívico militar, parece que nos está faltando nuevamente como sociedad. Entre otras.

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