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marzo 23, 2026
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El control de la información en los medios

A partir de marzo de 1976, y durante la última dictadura militar, las Fuerzas Armadas intervinieron las radios y los canales de televisión de Mar del Plata y vigilaron la información que publicaban los diarios.

Por Agustín Casa


El miércoles 24 de marzo de 1976, el diario La Capital de Mar del Plata tituló en su tapa: “Cayó el Gobierno de Isabel Perón”. Por la tarde, José Andrés Soto, director alterno del diario El Atlántico, fue el encargado de titular la edición del vespertino. 

“El golpe fue en la madrugada. Ya habían salido todos los diarios de Buenos Aires, La Capital había demorado su salida y se publicó con la información del golpe. Cuando nosotros cerramos a las 2 de la tarde, ya estaba consumado el golpe”, resume Soto, quien cubría noticias de política y hacía la primera plana del diario. No recuerda cuál fue el título de aquel día, pero sabe que lo escribieron considerando que la ciudad ya conocía la noticia del golpe de Estado producido durante la madrugada (NdR: en la Hemeroteca Municipal prácticamente no hay ejemplares de El Atlántico y su archivo se perdió tras la venta de la empresa en 2013).

Desde 1971, la ciudad vivía en un clima de violencia permanente, remarca Soto, que eclosiona un día antes del golpe, cuando aparece el cuerpo de María del Carmen “Coca” Maggi en cercanías de la Laguna Mar Chiquita. Maggi fue una profesora de filosofía y letras que tuvo cargos de gestión en la Facultad de Humanidades de la por entonces Universidad Católica Stella Maris. Fue secuestrada por un comando de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) el 9 de mayo de 1975 y su cuerpo fue encontrado casi once meses después.

Para Soto, el golpe de Estado no solo se olfateaba en el aire, sino que se comentaba que era una “inminente decisión”. “En el momento que se produce el golpe, no por sensación personal, porque yo no la tuve, pero la sensación general fue de alivio. La gente en general se sintió aliviada. Algunos decíamos: ´Guarda que estos son los milicos´. Claro que nosotros imaginábamos un golpe militar como habían sido los golpes militares anteriores, no como fue finalmente”, describe.

Si bien sostiene que antes del golpe el país no estaba bien, afirma que con la dictadura empezó algo peor. “No imaginamos que el golpe iba a ser tan cruel”, asegura.

Autocensura en los medios gráficos

A diferencia de los medios de comunicación audiovisual, los diarios La Capital y El Atlántico no tuvieron intervención militar, pero mayormente las fuentes informativas eran la agencia Télam plataforma de propaganda del Gobierno de facto y los comunicados de prensa de la Municipalidad de General Pueyrredon.

Uno de esos días, Soto escuchaba Radio Colonia. En una transmisión, informaron la aparición de treinta cuerpos en una fosa común y decidió publicarlo en la tapa del diario. Tras esa portada de El Atlántico, una persona del Área de Prensa de la Municipalidad se presentó en nombre del coronel Alberto Barda, quien fue jefe de la Agrupación de Artillería de Defensa Aérea 601 de Mar del Plata entre 1976 y 1977, y le preguntó por qué había publicado esa información, que no había salido en ningún diario del país. “No había una censura directa, como fue en Malvinas que había un censor. Los medios gráficos se autocensuraban por miedo o por lo que fuere”, subraya.

El periodista reconoce que, desde los primeros días del golpe, empezaron a recibir comentarios de detenciones o secuestros de personas por parte de las Fuerzas Armadas. “Empezaron a conocerse las desapariciones y nosotros publicamos si llegaba una información: ´Fue abatido un guerrillero en tal lugar´. Y al rato venía la hermana y te decía: ´Lo habían secuestrado hacía tres días y lo asesinaron´. Pero no podías publicar eso”, confiesa.

Soto cuenta que tuvo que prender fuego o esconder libros por temor a que los militares pudieran pensar que era comunista, subversivo o revolucionario.

“No sé qué día nos enteramos que en la Base había gente. Sí que en la Seccional Cuarta hubo gente. Los secuestraban, los torturaban y los tiraban en la Cuarta. Es decir, no era la policía la que había secuestrado y torturado. Se los tiraban a la policía, ellos los metían ahí adentro para que después la policía se arreglara. Y la policía, a veces mediante coimas, informaba”, explica.

En 1976, Soto era delegado gremial en El Atlántico por una decisión interna de los trabajadores del diario. El 25 de marzo de 1976, el secretario general del Sindicato de Prensa, Amílcar González —quien cubría espectáculos en el diario La Capital— fue secuestrado. Sus colegas José Luis Ponsico y Néstor Miguel comenzaron a preguntar por él y llegaron a la información de que se encontraba en la Comisaría Cuarta. Una vez en libertad, González se exilió.

Soto trabajó en El Atlántico hasta marzo de 1977 también hacía deportes en LU6, cuando dejó el diario y continuó su carrera periodística en Buenos Aires, en la revista La Semana de Editorial Perfil.

Permiso para publicar

Unos días después, en abril de 1977, regresó al diario El Atlántico Luis María Muñoz, quien había ingresado como colaborador en 1972, a los 17 años, y tuvo que interrumpir sus labores para hacer la colimba en la Marina.

Cuando ocurrió el golpe, él se desempeñaba en la Oficina de Reclutamiento que funcionaba en Hipólito Yrigoyen entre Rivadavia y Belgrano. En la madrugada del 24 de marzo de 1976, recibió un llamado a su casa y debió presentarse en la Base Naval, donde cumplió órdenes como conscripto ante el oficial de servicio hasta que le dieron la baja el 14 de mayo de ese año. 

Una vez reincorporado al diario, se sumó al equipo de redacción general y luego a deportes. En ese momento, para dar noticias sobre cuestiones relacionadas a las intervenciones militares, tenían que pedir permiso a la Unidad Regional Cuarta, que funcionaba en Gascón y Entre Ríos. Una persona revisaba la noticia y autorizaba o no su publicación.

“En la Unidad Regional Cuarta en aquel momento se aprobaba lo que publicaba el diario”, asegura Muñoz y añade que cada unidad militar tenía su equipo de prensa y ceremonial que enviaba los informes sobre la muerte de subversivos, enfrentamientos o allanamientos.

Militares armados en los medios de comunicación

En los días siguientes al golpe, el ingreso a LU6 Radio Atlántica estuvo marcado por la presencia de soldados con ametralladoras, recuerda la locutora Silvia Chumilla, escena que se replicaba en LU9 y los canales de la ciudad. Cuando ocupó su cargo el capitán Jorge Martínez como interventor de LU6, llamó a los empleados de la radio uno por uno a su oficina y les comunicó si seguían trabajando o no en la emisora.

Algunos de sus compañeros no continuaron en la radio. “Los echaron, los dejaron prescindibles. Algunos se fueron a trabajar al sur, otros hicieron lo que pudieron, gente del informativo, operadores, pero ninguno desaparecido”, advierte.

Chumilla entró a LU6 en 1971 y desde 1972 trabajó de manera estable. En 1976, la radio ya se encontraba en calle Córdoba entre Rivadavia y Belgrano. Por esos años, ella vivía a dos cuadras de la emisora, en Av. Luro y Córdoba, y estaba muy dedicada a la vida familiar. “Cuando se produce el golpe, lamentablemente, porque esto siempre me ha causado dolor y me siento culpable por eso, yo lo sentí como un alivio, porque pensé que las cosas iban a mejorar, sinceramente. No tenía ningún familiar, ningún pariente ni amigo muy cercano que hubiera desaparecido”, confiesa.

Era locutora de turno, trabajaba entre seis y siete horas diarias, y leía las publicidades rotativas de la radio. En ese tiempo, no se podía hablar por teléfono, controlaban que la publicidad fuera leída tal como estaba escrita y que se respetara la cantidad de minutos de las tandas publicitarias. “Ellos siempre sospechaban que uno pudiera decir alguna palabra de más que fuera un mensaje para los subversivos”, señala. También comenta que en el estudio había un hombre sentado a un costado con una planilla en la que anotaba lo que se decía.

En marzo de 1976, cuando se produjo el golpe de Estado, LU9 y LU6 fueron intervenidas por los militares.

Música censurada

Chumilla dice no haber tenido grandes reproches del capitán Martínez, salvo en una ocasión. En un programa semanal que conducía, sonó una versión cantada del poema “Ustedes y nosotros” de Mario Benedetti, y el capitán se lo recriminó. 

En la discoteca de la radio, donde pedían los vinilos para pasar las canciones, había discos rayados o rotos de artistas como Mercedes Sosa y Jorge Cafrune, entre otros. “Con un punzón u otra cosa rayaban el disco para que no se pudiera emitir”, resalta.

Entre los locutores comerciales no sabían mucho lo que pasaba, pero sí los informativistas hablaban entre ellos. Al aire, informaban las noticias que llegaban de la agencia Télam y la oficina de prensa municipal. “Es más, algunos programas tenían que presentar libreto a la radio y el libreto tenía que ser autorizado”, comenta.

Si bien su padre, Vicente Chumilla, trabajaba como informativista en Radio El Mundo en Buenos Aires y se desempeñaba como presidente de la Sociedad Argentina de Locutores, entre ellos no hablaban mucho de la situación política del país. “Mi viejo tanto no me participaba. Quizás para cuidarme”, reflexiona.

Chumilla cuenta que no tenía personas cercanas que le dijeran los hechos que ocurrían. “Me fui enterando mucho después con una culpa que sé que la comparto con mucha gente que le ha pasado lo mismo”, afirma. 

En 1982 se acercó a organizaciones de Derechos Humanos, cuando se organizó el primer Festival Folklórico Popular “Canto a la Libertad y la Esperanza” y en el 84 se sumó a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) en Mar del Plata. Hace unos años, se reincorporó a la APDH y se desempeña como secretaria.

“Déjese de jorobar”

“María Estela Martínez no tenía ningún tipo de poder prácticamente. Se veía venir, lo que no se sabía es cómo iba a ser”, recuerda Eduardo Zanoli. Por aquel tiempo, el periodista tenía tres programas en LU9 Emisora Mar del Plata. Desde el 2 de enero de 1970 transmitía “Sonido” desde la Casa del Puente programa que en la actualidad sigue al aire en Radio Brisas. Por la noche, hacía un envío que se llamaba “Mar del Plata Séptima Edición”, en el que invitaba a representantes de distintos sectores políticos. Además, los martes y jueves de madrugada conducía un programa musical de 2 a 6 de la mañana.

“El olor a golpe estaba dando vueltas. Pasa que estábamos tan acostumbrados a los golpes los argentinos que, bueno, era un golpe más”, indica Zanoli. Si bien en la etapa previa ya se vivía un clima de violencia y con desaparición de personas, resalta que durante el golpe fue más duro. 

Zanoli dejó LU9 en agosto de 1976 y continuó con su ciclo “Sonido” en LU6 desde el 1° de septiembre, día en que la emisora cumplió 50 años. Meses más tarde, en diciembre de 1977, le sacaron la licencia a LU9, que estuvo fuera de aire hasta 1983, y la ciudad tuvo solo una radio durante casi seis años.

radio
Transmisión del programa “Sonido” durante su etapa en LU6.

“En el programa siempre algo decíamos, siempre con algún problema. Y venía el capitán Martínez y me decía: “Zanoli, déjese de jorobar. Me llaman todos los días de la Base por culpa suya”. Pero, yo supongo, como siempre ha pasado en este país, que la Marina creía que le correspondía tener la intendencia y no al Ejército. Y Russak estaba puesto por Saint-Jean (gobernador de facto), que no se llevaban muy bien con la Marina. O sea que me dejaba decir cosas”, reflexiona. 

Zanoli advierte que, pese a los reproches, el interventor de LU6 no le prohibía hablar. “No tuve censuras violentas”, afirma.

Los comentarios de lo que ocurría antes del golpe y durante la dictadura les llegaban. “Se comentaba al aire con la rigurosidad que significa pasar una información concreta. Porque vos no podés decir que mataron a fulano de tal y lo hizo fulano de tal. ¿Cómo sabíamos? Sabíamos que hubo un atentado. Que pusieron una bomba en tal lugar. Salía en todos los diarios, en todas partes”, detalla.

Uso político del fútbol desde el día 1

El mismo día que asumió el Gobierno de facto, la selección argentina de fútbol disputaba un partido amistoso de visitante frente a Polonia en Chorzow. Pese al contexto político en Argentina, el partido se jugó y se transmitió por Canal 7, con relatos de Fernando Niembro. Juan Carlos Morales tuvo que hacer la presentación del partido en la pantalla de Canal 8 de Mar del Plata. “El Gobierno dispuso que, no obstante la presencia militar, autorizaba la transmisión del partido”, indica Morales.

La selección dirigida por César Luis Menotti, que se encontraba en una gira previa al Mundial 78, superó a Polonia por 2 a 1. Pero, para Morales, el hecho llamativo fue que, el día que los militares tomaron el poder, el fútbol fue protagonista.

Tapa del diario Clarín del 25 de marzo de 1976.

“Me acuerdo que dijimos ´¿Cómo? ¿Se juega el partido?´. ´Sí, se juega el partido. Presentenlo, miren las imágenes´ —fue la respuesta—. Y se transmitió. Lo que nos llamó la atención”, reconoce.

El fútbol a nivel clubes tampoco se detuvo. El martes 23 de marzo de 1976, River recibió en el Monumental a Portuguesa de Venezuela por la Copa Libertadores. En tanto, el jueves 25 Estudiantes de La Plata fue local en su estadio también frente a Portuguesa. “Se jugaron los partidos de Copa Libertadores, se transmitieron por televisión y por radio, y fueron hechos significativos porque, en un país totalmente convulsionado, el fútbol siguió normal”, destaca.

Morales también trabajaba en el sector de prensa del Canal 8, es decir, escribía las noticias sobre todo localesque leían los locutores en los espacios informativos. Cuando se produjo el golpe, hubo intervención militar, pero no recuerda que haya habido medidas inmediatas, sino con el correr de los meses.

El responsable del área les presentó al interventor y siguieron trabajando en la escritura de noticias. Por aquellos días, Morales también trabajaba en LU6, en el diario La Capital y relataba partidos en Radio Rivadavia de Buenos Aires viajaba los viernes y regresaba los domingos a la noche—.

Morales reconoce que al comienzo no se enteraban de lo que pasaba, pero luego, poco a poco, llegaban comentarios de cosas que ocurrían. “En el caso mío, particularmente no estaba para nada de acuerdo con esta locura, pero nos llegaban comentarios como que algo estaba pasando”, señala.

Desde el inicio de la última dictadura, las fuerzas militares intervinieron los medios audiovisuales en Mar del Plata, a la vez que controlaron la información que recibía el periodismo, a través de la agencia Télam y los comunicados de prensa de la Municipalidad.

No todos los comunicadores estaban al tanto de los hechos que ocurrían y su gravedad, ni transitaron ese período de la misma manera, pero en los primeros meses hubo recriminaciones de interventores, autocensura y miedo en un clima de opresión.

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