Además de la multitudinaria marcha, en la ciudad hubo distintas actividades este 24 de marzo. Entre ellas, una radio abierta organizada por Madres de Plaza de Mayo, Filial Mar del Plata, bajo la consigna “Rebeldía y coraje porque la única lucha que se pierde es la que se abandona”.
Por Camila Spoleti
A las diez y media pasadas, enfrente de la catedral, ya hay gente. Ahí donde están los pañuelos pintados en el suelo, los pañuelos que dibujan la ronda, aquella ronda que da sentido a los pañuelos. Ahí donde también están aquellas letras blancas que, contundentes, proclaman: “LA FALTA DE TRABAJO ES UN CRIMEN”.
Algunos terminan de colgar las banderas en las rejas de la catedral: “La patria no se vende, la vida no se entrega, el pueblo se subleva”, “Gracias madres”, “Libertad y revolución son nuestras, ¡fuera gobierno estafador!”, “Rebeldía y coraje, la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Todas con letras blancas y mayúsculas, todas contundentes. Se oye una guitarra que ensaya.
Frente a las banderas está el gacebo de Madres de Plaza de Mayo, Filial Mar del Plata, justo al lado de los puestos de libros. Dando vueltas por ahí está Irene Molinari, con su pañuelo blanco cuyo bordado dice: “Aparición con vida de los desaparecidos. Madres de Plaza de Mayo”. Irene es la referente de las Madres de Plaza de Mayo de Mar del Plata, aunque en realidad no busca a un hijo, sino a su compañero Marcos Daniel Cheque, detenido el 27 de junio de 1978.
Empieza la radio abierta. Se escuchan, fuerte, las voces de las madres, grabadas y reproducidas miles de veces porque su reclamo sigue todavía vigente: “Que digan dónde están”. Se trata de un archivo histórico que recuerda que la lucha empezó hace mucho —nada menos que cinco décadas— y aún continúa. Un archivo histórico que recuerda que esta lucha la hicieron ellas.
Una integrante del grupo de apoyo de Madres de Plaza de Mayo Mar del Plata —personas que acompañan y colaboran con las actividades de la organización—, da inicio a la jornada. Habla del día, de su importancia, de los cincuenta años del último golpe militar, y de los cuarenta y nueve años del inicio de aquellas rondas de mujeres que buscan a quienes aquel régimen se llevó.
La primera intervención artística de la mañana está a cargo de la murga uruguaya La Marejada. El objetivo es arrancar de manera alegre para celebrar la vida, como se dirá después. La murga canta, con voz alegre y crítica, sobre lo que falta ahora y acá: sobre el accionar de la patrulla municipal, sobre las desigualdades de los barrios, sobre las carpas que avanzan cada vez más en la arena de las playas y sobre los que todavía no se sabe dónde están.
Irene está sentada en el suelo y mira. Marca el ritmo con las palmas. Aplaude y abraza cuando la murga termina. Hay más personas sentadas como ella, en ese piso que las madres caminaron y caminan cada jueves. La gente que pasa se acerca, ralentiza el paso y mira, saca una foto a lo que ve, se saca una foto con las banderas, se queda un momento y sigue, o se queda y se sienta también.
Sigue una intervención artística de Mar del Danza, de la CTA de los Trabajadores. Una de las mujeres baila con un pañuelo blanco. Se lo regala a Irene. Los bailarines levantan unos carteles de cartón, están escritos, pero cada uno es un fragmento. Cuando se unen, se forma la frase completa: “Que nos digan dónde están, la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Cuando terminan, Irene lleva el pañuelo —que tiene el logo de la CTA-T y una ilustración de un pañuelo del que salen flores, con la frase “Florecerán pañuelos”, también emblema de esta marcha— y lo cuelga del gacebo.
A continuación, Guillermo Ercolano, hijo de Guillermo Ángel Ercolano Cortina, desaparecido el 6 de diciembre de 1977, canta las canciones que hizo para su padre y sus compañeros. “Yo canto por mi viejo y me pregunto por qué es así la vida/ Por qué mi alma llora/Por qué mi pueblo olvida/El pasado y su historia”, dice el estribillo de “Si ves a mi viejo”.
“Con el correr del tiempo pude formar una familia, me casé tuve hijos, y logré algo que los militares no querían: que seamos felices”, dice. Hoy tiene una banda que se llama Los viejos chotos. “Así como a las madres les decían que eran las viejas locas, es un homenaje para los padres, que eran los viejos chotos”, explica.


Luego toca un grupo de folklore, y después la radio abierta inaugura el bloque de entrevistas. Pasan por el espacio Emilce Rodriguez, referente de Somos Barrios de Pie, que habla de la falta que hace de aquel coraje de “los compañeros que se la jugaron”, de la importancia de reivindicar su espíritu de lucha; de los modos contemporáneos de desaparecer que atraviesan los habitantes de los barrios periféricos que carecen de servicios y acceso a derechos básicos; de la importancia de desentramar los relatos oficiales que buscan instalar medidas que no ofrecen respuestas a los problemas. Menciona la baja de la edad de imputabilidad y habla de “las preguntas que hay que hacer”: ¿Qué resuelve la baja de la edad de imputabilidad? ¿Qué pasa con los chicos y chicas que quedan solos en la calle mientras los padres trabajan todo el día y el narcotráfico avanza? ¿Qué pasa cuando las plazas de los barrios no están acondicionadas? ¿Qué espacios públicos habitan esos chicos? Vuelve a lo específico de la fecha y señala la importancia de no romantizar aquellas muertes, de seguir recordando el horror, pero también de recuperar “la rebeldía y el coraje” y, sobre todo, la participación popular.
En la conversación participa también Valeria Castaño, trabajadora de la economía popular y militante de la UTEP, quien repasa coincidencias entre la época de la última dictadura y el presente. “La desolación que se sentía también se siente ahora”, dice, y habla de la intención de acallar voces disidentes, de “la crueldad en la calle y en los barrios”, de la pérdida de derechos laborales y sociales. Denuncia el relato que excusa el recorte de obras públicas y políticas sociales responsabilizándolas del déficit fiscal. Habla de imperialismo norteamericano y sionista. Habla de la responsabilidad de los ciudadanos de involucrarse en la construcción de un mundo más justo. Señala una bandera que dice: “Distribución de la riqueza ya” y pregunta: “¿Cuándo?”.
Entre las voces de una y otra, alguien más pide la palabra. Su nombre es Betty Castro. “Nos odian porque nosotros somos solidarios y nos amamos, y nos podemos alumbrar”, dice. Ella conoce a Emilce y Valeria porque trabajó con ellas en el Movimiento Barrial en 219 barrios. Cuenta que a muchos que hoy trabajan en el movimiento los conoce desde chiquitos “porque nosotros cortábamos la calle y las madres iban con los hijos. Yo les decía: ‘¿Por qué no los dejan en la casa?’ Y ellas decían: ‘Porque ellos tienen que aprender que acá nadie les regala nada?’ Ella no es de Mar del Plata, sino de José León Suárez, Partido General San Martin. Estuvo detenida durante la última dictadura, en la comisaría 2da de Villa Ballester, hasta que la liberaron en 1978. Recuerda también los fusilamientos perpetrados por la autoproclamada “Revolución Libertadora” durante 1956 en el basural de José León Suárez, a pocos metros de la villa en la que vivía.
Betty pudo estar y hablar en el acto en el que se colocó la placa de “Memoria, Verdad y Justicia” en la comisaría donde funcionó el centro clandestino en el que estuvo detenida. Dice que cuando fue no quiso que le saquen fotos, que no le gustaba “porque la foto no hace importante a la gente; es importante lo que hace y, después, lo que dice”.
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Siguen intercalándose expresiones artísticas con entrevistas a referentes de agrupaciones sociales y sindicales, bajo la consideración de la cultura y la discusión política como pilares para hacer memoria, pensar el presente e imaginar el futuro. Entre las agrupaciones que hacen uso de la palabra están la Multisectorial de Jubiladxs y La Revolución de las Viejas
La Multisectorial de Jubiladxs recuerda a quienes oyen las dificultades que atraviesan las personas mayores en la actualidad, los haberes miserables que perciben quienes trabajaron toda su vida y ahora tienen que elegir entre comer, pagar servicios o comprar sus medicamentos. Señala también que les son dirigidas acusaciones de “no haber aportado”, en una operación que atribuye a los trabajadores responsabilidades incumplidas de los empleadores. Y recuerda a los presentes las movilizaciones que hacen todos los miércoles a las 17 hs en Luro e Independencia —que pasarán a ser a las 16 hs cuando inicien los días más fríos y oscurezca temprano—, a las que muchos jubilados ya no pueden siquiera acercarse por los gastos que les implica el pasaje de colectivo.
Las integrantes de La Revolución de las Viejas también presentan sus reclamos y cierram su intervención con la lectura de un comunicado. “Las viejas de hoy somos las jóvenes aquellas que vivimos en tiempo real el horror del golpe cívico militar genocida de 1976. Las viejas de hoy somos las sobrevivientes del plan de exterminio de las ideas y de los cuerpos. Y en ese carácter nos plantamos en este trágico presente para volver a decir Nunca Más al terrorismo de Estado”, afirman.
Marta de los Santos es una de ellas. Cuenta que es Licenciada en Sociología, que inició la carrera antes del golpe militar de 1976, pero no pudo terminarla hasta después de este, por la expulsión de docentes y alumnos que hubo en el año 1975 y su posterior cierre durante el proceso. “Lo único que nosotros queríamos era un país que fuera menos desigual. Y tuvieron que desaparecer a todos. Eso fue lo que tuvo que hacer el proceso este que ellos le llamaban de la reorganización nacional”, dice. Y agrega: “Hoy estamos acá con un gobierno, que está terminando de hacer, desgraciadamente, aquellos que vinieron a hacer y que siempre, porque si uno analiza la historia de la Argentina y de América Latina, siempre las oligarquías y las burguesías intentaron tener el poder político y hacer una organización social que sea una organización social para pocos”. “¿Qué hago yo acá? Nosotros tenemos la memoria”, afirma.
También manifiesta que en una fecha como esta, además de dolor, siente una gran preocupación: “Yo le digo a los jóvenes: ‘Chicos, yo ya la revolución… Voy a cumplir 80 en 2 años, yo ya no la voy a poder hacer’. Hago todo lo que puedo, pero les dejo un país y un mundo que me da una pena…”.
Reflexiona sobre la vejez como variable de ajuste: “Hablamos del genocidio etario, porque la vejez no es productiva, porque la vejez está en contra el capitalismo, porque la vejez busca busca un mundo en el cual estemos todos incluidos. No podemos hacer un mundo para los productivos de los 20 a los 50 años. No, señor”. Y se refiere a las movilizaciones de los miércoles, reivindicando la importancia de ocupar las calles para hacer oír los reclamos: “Si nosotros pudiéramos y eso se lo digo a todos y, por favor, decilo, juntar en Mar del Plata cinco cuadras de jubilados, vas a ver cómo nosotros podríamos modificar lo que está pasando con los viejos. Molestamos y hay que seguir molestando”.
Por último, cuenta que, a pesar de todo, hoy, 24 de marzo de 2026, siente esperanzas: “Yo salí de casa y a la mañana me puse el sombrero, me miré en el espejo, me puse y dije: ‘Vos sabés que yo siento que va a ser un 24 de marzo que va a dar una vuelta’. Fue como sentir la primera vuelta que dieron las madres y las abuelas en la calle. Yo siento que el país está dándose cuenta, eso de ‘50 años no es un cuento’. Yo siento que hoy hay una como una Argentina por abajo que está empezando a decir: ‘Bueno, basta. Basta’. La verdad que más allá del dolor y de los compañeros muertos, imaginate, yo lloro todo el día, me levanto llorando, hoy siento que tengo como una llamita de esperanza. Yo creo que hoy empieza algo”.
La marcha
Pasado el mediodía, Luro comienza a llenarse de gente. Primero algunas banderas que se acomodan, los puestos que extienden pañuelos sobre la calle —blancos pero también verdes, violetas, y con estampas que refieren a distintas luchas argentinas— o las hamburguesas y los chorizos sobre las parrillas y, de a poco, las personas que se alinean detrás de las banderas o se dispersan por ahí. Son las cuatro menos veinte cuando, luego del discurso de Irene Molinari, la filial de Mar del Plata de Madres de Plaza de Mayo deja el espacio frente a la catedral y avanza hasta colocarse al frente de lo que ya es una multitud.


La campaña organizada por los organismos de derechos humanos para este 24 de marzo se llamó “Florecerán pañuelos”. Eso ocurre. La columna avanza y crece, llegando a superar las veinte cuadras. Los pañuelos brotan: en la cabeza de una chica joven, en la cabeza de una nena que va a caballito y en la de la abuela ilustrada en el cartel que sostiene. En la cintura de un señor. Colgado del cuello y cayendo sobre la espalda de dos mujeres. En el brazo de una chica y en su mochila. En otra mochila. En una cartera. Y en otra. Y en otra. En la colita del pelo de una adolescente. En el cartel de otra. En la cabeza de un bebé. De varios. En el carrito de una señora que camina chueco pero avanza igual. En los muñecos de papel maché que representan a las madres. En los tambores. Y en las voces que cantan: “Madres de la plaza, el pueblo las abraza”.


Se cantan varias cosas. Se dicen varias cosas también. Una de las que se dicen provoca un aplauso intenso y luego un canto. “Es una marcha de cien mil personas en una sola columna”, se dice, y entonces: “El pueblo unido, jamás será vencido”, se canta.


