El actor presentó la película «Soy tu mensaje» en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y habló sobre la construcción de su personaje, el trabajo con el director y el rol activo del espectador en un film que mezcla terror, mitología y capas narrativas.
Ezequiel Rodríguez viene hace años involucrándose en proyectos audiovisuales donde reina el género de terror. Una forma de narración que lo encuentra en un gran auge de su carrera, sobre todo después de protagonizar la exitosa «Cuando acecha la maldad» de Demián Rugna.
—En tus declaraciones mencionás que el género te obliga a “poner el cuerpo” sin especular. ¿Qué te pasó con Soy tu mensaje?
—Me llama poderosamente la atención lo que implica el género y sus relatos: requieren poner absolutamente el cuerpo. Como actor a veces uno puede especular, pensar decisiones, pero acá hay poco lugar para eso. Es una apuesta total: del cuerpo, de la confianza con el director o la directora, y de entregarse sin guardarse nada. En Soy tu mensaje convivís con terror, policial, acción… Es como muchos géneros dentro de uno. Entonces no podés reservarte nada. Ese es el aprendizaje: confiar y darlo todo.
—Tu personaje tiene algo de líder sectario, de figura mítica. ¿Cómo fue abordarlo?
—Cuando leí el material me resultó magnético. Narrativamente había algo muy interesante: se habla del personaje antes de que aparezca, se construye una mitología alrededor de él. Eso es el terreno más fértil para un actor. Hay una frase —no recuerdo quién la dijo— que dice que «la mejor manera de construir un personaje es que lo cuenten los demás». Cuando el espectador completa lo que no está dicho, la imaginación se potencia.
—¿Cuánto de tuyo terminaste aportando al personaje?
—Siempre hay una pulseada de propuestas, pero no en el mal sentido: es para que el cuento crezca. Ricky, el director, tenía clarísimo el relato pero fue muy permeable a escuchar. Eso es un placer porque sabés que hay intercambio. Él sabía qué le servía al material y qué no, pero siempre abrió el juego. Yo pude confiar muchísimo y poner mucho de mí, y él también me fue estimulando.
—Volvés a trabajar con Inés Efrón, esta vez en un rol importante. ¿Cómo fue ese reencuentro?
—Inés es una actriz que me fascina. Trabaja desde la quietud, desde la dosificación de energía. Permite que el público complete sentidos en vez de saturarlo. Eso es muy riesgoso y ella lo asume, la vuelve filosa.
En esta película pude observarla más. Es deliciosa, espiritual pero muy terrenal. Trabajar con ella es inspirador.
—¿Con qué película se va a encontrar el espectador?
—Con una propuesta ambigua que exige un rol activo. No es una película donde te dan todo masticado. Hay capas, texturas, barnices narrativos. Uno puede deleitarse con lo visual, lo pictórico, la música.
Es una película disruptiva que no subestima. En tiempos donde todo es efímero y rápido, está bueno encontrarse con un film que pide atención, lectura, sensibilidad. Que te invita a participar.
—Tu carrera dentro del género creció mucho después del fenómeno Cuando acecha la maldad. ¿Cómo vivís ese impacto?
—Es muy loco. Ingresé al género gracias a Fabián Forte, un maestro total. Y el fandom es intensísimo.
El género estuvo subestimado pero hoy está vivo, latiendo. Cuando acecha la maldad puso el listón alto y abrió caminos: fuimos la primera película latinoamericana en ganar el premio mayor en Sitges.
El público que ve una de Spielberg de repente mira esto y dice “che, esto es argentino”. Es hermoso: un cine rabioso, crudo, que me gusta mucho hacer.
—Contaste que tu psicólogo te preguntó por qué siempre personajes oscuros…
—(Ríe) Sí. Me preguntó: “¿Cuándo una comedia?”. Y bueno, evidentemente me llaman para estas cosas porque algo está en sintonía.
Pero justamente ahora estamos escribiendo con Damián Salomón y Damián Rugna una película nueva. No es de terror, es una bizarrada absoluta, muy divertida. Faltan comedias raras, de humor negro, que rompan tabúes sin herir derechos ni sensibilidades. El humor también es una forma de observarnos como sociedad.
—¿Vuelven a actuar juntos?
—Sí, con Salomón actuamos y con Rugna trabajamos muchísimo. Son compañeros increíbles. Con Damián Salomón encontramos una dupla muy cuidada, espalda con espalda, sabiendo la responsabilidad que teníamos.
Y Rugna, más allá de las películas que le salen de la cabeza, es un ser adorable.
—¿Cómo seguís vos ahora?
—Persistiendo. Laburando. Cuidando los vínculos creativos, juntándonos con la gente que uno quiere y admira. Y haciendo. Haciendo sin parar. Que no nos quiten la alegría.
