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marzo 4, 2026

Embarazadas con consumos problemáticos: ¿cómo afecta la estigmatización al acceso a la salud?

Dialogamos con María Pía Pawlowicz, psicóloga, docente universitaria e investigadora, tras su conferencia sobre situaciones de consumo de drogas en embarazadas y puérperas en el Primer Congreso Nacional de Salud Mental Perinatal.

Por Camila Spoleti.

Las embarazadas y puérperas que utilizan sustancias psicoactivas constituyen un sector de la población cuyo derecho a la salud se ve muchas veces vulnerado por cuestiones vinculadas a representaciones sociales sobre el consumo de drogas y sobre lo que la mujer debe ser. Conversamos con María Pía Pawlowicz, investigadora del tema, para indagar sobre esta problemática.

María Pía Pawlowicz es psicóloga, docente universitaria, investigadora y coordinadora del área de investigación de Intercambios Asociación Civil, una organización que trabaja en el desarrollo y la aplicación de conocimiento sobre problemas relacionados al uso de drogas desde una perspectiva de gestión de riesgos y reducción de daños y vulnerabilidades. Pawlowicz fue parte del equipo a cargo del trabajo “Entre la invisibilidad y el estigma: consumo de sustancias psicoactivas en mujeres embarazadas y puérperas de tres hospitales generales de Argentina”, realizado entre mayo de 2018 y junio de 2019, y actualmente está dirigiendo la investigación “Trayectorias de salud de mujeres embarazadas y puérperas que consumen sustancias”. El jueves 4 de diciembre estuvo en nuestra ciudad participando del Primer Congreso Nacional de Salud Mental Perinatal, organizado por el Programa de Salud Mental Perinatal de la Facultad de Psicología y el proyecto de extensión “Nacer entre palabras” de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Allí, presentó la conferencia “Pacientes (im)posibles: gestar y maternar desde fuera del ideal. Situaciones de consumo de sustancias en embarazadas y puérperas”.

 


En nuestro país, las situaciones de embarazadas y puérperas que consumen sustancias psicoactivas, legales e ilegales, sin indicación terapéutica, han aumentado durante los dos últimos años. Tal como advirtió la Sociedad Argentina de Pediatría en un comunicado de concientización sobre el tema, esta práctica resulta perjudicial tanto para la persona gestante como para el feto. Por este motivo, se trata de una problemática que requiere un tratamiento adecuado por parte del sistema de salud. 

El consumo problemático de sustancias psicoactivas es una cuestión de salud mental, definida en la Ley 26.657 como “un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”. Desde esta perspectiva, los estudios desarrollados por Pawlowicz junto con otras investigadoras, apuntan a describir los factores sociales que dificultan que las embarazadas y puérperas con consumos problemáticos de sustancias accedan a un tratamiento adecuado.

Pawlowicz señala que diversos estudios indican que en Argentina y en diversos lugares de Latinoamérica, existe una fuerte discriminación hacia las embarazadas que usan drogas. El artículo “Entre la invisibilidad y el estigma: consumo de sustancias psicoactivas en mujeres embarazadas y puérperas de tres hospitales generales de Argentina”, plantea que “el campo de las drogas es uno de los ámbitos de la vida social que más está sujeto a prejuicios”. A la vez, señala que en el caso de las embarazadas y puérperas, interviene también una cuestión de género: “al consumir sustancias se alejan de las expectativas de su rol de género como mujeres y, por lo tanto, madres, protectoras, sumisas, que viven por y para los demás. Por este motivo, son rechazadas y doblemente estigmatizadas (…). Si, además, las mujeres utilizan sustancias ilegales, el rechazo es mayor por su acercamiento a la ilegalidad, y se vuelven objeto de una penalización moral y social por esa transgresión”. Específicamente con lo que respecta a la maternidad, Pawlowicz menciona que “hay un fuerte peso sobre las mujeres de ser muy buenas madres, más sobre las madres que sobre los padres”.

A la vez, este rol de cuidadoras asignado al género femenino da lugar a que, a menudo, la búsqueda de ayuda o la implementación de prácticas para dejar o reducir el consumo estén vinculados a la necesidad de estar disponibles para otros (hijos/as, adultos mayores a cargo, pareja) más que al cuidado de la propia salud.

Discriminación desde el sistema de salud

En la investigación recientemente mencionada, fueron entrevistadas 62 mujeres que consumieron alguna sustancia psicoactiva durante el embarazo. A la pregunta por si alguna vez se sintieron discriminadas, la mitad de ellas respondió afirmativamente. Con respecto al ámbito en el que se había sentido discriminada, la respuesta que obtuvo un mayor porcentaje fue “En instituciones de salud”, con un 34,4%. Los testimonios de estas mujeres dan cuenta de situaciones de maltrato por los motivos ya señalados, y exhiben la existencia de otros motivos de discriminación: “Por la falta de DNI argentino, al momento del parto me dijeron: ‘estas extranjeras’”; “porque era menor de edad, me hacían más estudios a mí que a otras mujeres cuando tuve mi primer hijo en el Piñero”; “Un médico me dijo que a “negros” no atendía… pedí que me atendiera otra persona y ahí sí fui bien atendida”.

Si bien ese estudio está centrado en la situación de mujeres, Pawlowicz señala la importancia de considerar también a las personas gestantes trans quienes, pese la existencia de servicios particulares o personas dentro de los equipos de salud que trabajan específicamente sobre el cuidado de sus derechos sanitarios, “sufren mucha discriminación y estigmatización por parte de los servicios de salud en general”.

Estas formas de violencia ejercida desde el personal de salud, vulneran el derecho a una asistencia sin menoscabo y sin distinción alguna y al trato digno y respetuoso, detallados ambos en la Ley 26.529. Al mismo tiempo, dan como resultado que muchas personas embarazadas usuarias de drogas no se acerquen a las instituciones de salud a hacerse los controles necesarios del embarazo, o a tratar profesionalmente su consumo, poniendo aún más en riesgo su salud.

En ese sentido, Pawlowicz señala la importancia de todas las instancias de atención: Hay una cierta idea de que solo puede atender un especialista. Y sucede que tal vez, no sé, la persona que da los turnos en una salita, una enfermera, la trabajadora social, distintos integrantes de cualquier disciplina de un equipo de salud pueden hacer una primera escucha. Una escucha desprejuiciada donde puedan reconocer a la mujer como persona con su problema, escuchar qué significa para ella el consumo, cómo se preocupa, cómo se está cuidando o no, para poder tratar de acompañar el trayecto de esa persona cuanto antes. “Quizás esa mujer fue a llevar a otro hijo a la guardia, ¿no? Y alguien la atendió. O quizás, fue a acompañar a cualquier familiar o fue por otro tema de salud, al dentista”, explica y señala que es fundamental poder anticipar, llegar cuanto antes, “lograr lo que se llama que haya menos oportunidades perdidas” y evitar situaciones como las que a veces ocurren en las que la situación de consumo no es conocida por los profesionales hasta el momento del parto. Para ello, reitera la importancia de una atención “desprejuiciada y humanizante”.

Prejuicios sobre el consumo de drogas

Los espacios de salud son solo uno de los espacios en los que se reproducen estos estigmas. “No es que haya mayor violencia en el sistema de salud, sino que la misma violencia social y el mismo estigma hacia las personas que consumen drogas se reproduce en todas las instituciones. Los medios de comunicación, por ejemplo, tienen bastante responsabilidad en focalizar la culpabilización en las personas”, aclara Pawlowicz. De este modo, el temor a la condena social o el maltrato que lleva a las embarazadas y puérperas a ocultar sus consumos, y con ello a acceder a tratamientos, es consecuencia de los mensajes que circulan por distintos espacios. Por este motivo, eliminar la condena moral hacia las personas que consumen sustancias y desarmar los mandatos femeninos es un trabajo que debe hacerse desde todos los ámbitos de la vida social. 

Para ello, un punto importante es pensar en “situaciones de consumo”, plantea Pawlowicz y explica que esto significa reconocer que no se trata únicamente de la relación entre una persona y una sustancia, sino de una “compleja realidad de vida” y una situación problemática que no tiene una sola causa, sino que influyen en ella múltiples factores (personales, contextuales) que deben ser considerados en cada caso.

En ese sentido, instancias como el Congreso Nacional de Salud Mental Perinatal, y espacios de trabajo como la Asociación Civil Intercambios, cumplen un rol clave a la hora de seguir produciendo información científica, espacios de intercambio de conocimiento y acciones concretas para abordar la salud mental desde una perspectiva de derechos.

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