Principal

Mar del Plata sangrienta: tres crímenes en menos de 72 horas

Los tres primeros homicidios del 2026, ocurridos en los últimos días y en distintos barrios, sacudió las calles. Balaceras, disputas previas y prontuarios extensos vuelven a poner en foco la violencia en los márgenes de la ciudad.

Por Juan Salas

En menos de 72 horas las calles de Mar del Plata se tiñeron de sangre con una seguidilla de tres crímenes no vinculados entre sí en Villa Gascón, Bernardino Rivadavia y Nuevo Golf. Peleas de bandas, droga, balaceras, aguantaderos, protagonistas con extensos prontuarios y una violencia que exhibe con crudeza cómo se vive y se mata en los márgenes de una ciudad distraída por las luces de la temporada de verano.

El 2026 se había iniciado con calma en la ciudad, sin crímenes en los primeros días. Pero la quietud siempre es relativa en temporada y la muerte solo se preparaba para dar sus primeros tres zarpazos, con los crímenes de Yoel Castro (24), Antonio “El Rengo” Echeverri (63) y Sergio Emir Otero (16).

Estos tres homicidios son investigados por la fiscal Florencia Salas, quien tiene prácticamente esclarecidos los casos: el asesino se Castro estaría ya plenamente identificado (vecinos incluso le prendieron fuego la casa); una pareja (un hombre de 38 años y una mujer de 46) fue detenida por el crimen del “Rengo” Echeverri y por la muerte de Otero cayó un joven que tenía una herida de bala en un brazo.

Tres muertes. Tres barrios. Tres historias de violencia 

Guerra campal de balas

“Estamos presos del miedo, esa es la situación en la que vivimos”, contó a Bacap una vecina de la Villa Gascón que no quería que su nombre se publicara por temor a represalias.

El crimen de Yoel Castro en Gascón al 7700 no es un caso aislado y la zona, a pesar de reiteradas situaciones de extrema violencia parece estar abandonada por el Estado y así lo sienten las personas que viven allí.  “Hace años que el Estado no tiene presencia acá, hay  microbasurales, las calles no tienen luces”.

“Todos los años tenemos que lamentar la muerte de un joven que está perdido por la drogas”, expresó la mujer que conocía tanto a la víctima como al victimario y agregó: “El que no vende, afana y el que no, anda en situación de calle y termina muriendo de frío, de hambre o se suicida. Ni hablar de la peleas entre bandas: cada 2 pasos un tranza o pibes que se pelean para seguir consumiendo”.

Pobreza, desempleo y una crisis económica que golpea más fuerte siempre al que menos tiene. Todo es parte de un contexto de violencia en los márgenes de la ciudad. “Acá solamente laburan dos de cada diez vecinos por cuadra, el resto vive de lo que puede y como puede. En mi cuadra somos nueve casas y solo formal trabajan dos”, graficó finalmente una vecina de Castro, y también del asesino que es buscado por la policía.

Otro vecino explicó que Yoel y el acusado, de 21 años, se conocían “desde siempre” y tenían un mal vínculo, por no decir que se odiaban y se la habían “jurado” mutuamente. “Los dos eran los líderes de sus banditas, la semana pasada ya se habían agarrado y los familiares los habían separados. Pero todo ya estaba podrido, se sabía que iba a terminar así”, expresó el hombre, que también prefirió no dar su nombre.

Yoel Castro tenía 24 años y fue asesinado el jueves a la mañana en medio de una balacera en Gascón al 7700. Luego, la casa del acusado, un joven de 21 años, fue incendiada por vecinos.

Castro ya había sido detenido más de una vez por la policía y registraba procesos penales por robo agravado en grado de tentativa, robo, hurto, hurto en grado de tentativa y encubrimiento. El acusado, por su parte, estaba investigado por una causa de “abuso de armas”.

“Fue una guerra campal de balas”, resumió la fiscal Florencia Salas.

El crimen del Rengo Echeverri

La noche estaba avanzada cuando la violencia terminó de cerrar la escena en una casa de Marconi entre Primera Junta y Saavedra: el viernes, cerca de la 1 de la madrugada Antonio “El Rengo” Echeverri fue hallado muerto en el lugar por personal del Comando de Patrullas.

La herida que lo había matado era precisa y letal. Un puntazo por debajo de la axila izquierda, a unos centímetros del lateral del cuerpo. Esa puñalada alcanzó para que todo terminara en ese mismo lugar.

Según la reconstrucción inicial, Echeverri no estaba solo cuando fue atacado: dentro de la vivienda se encontraban también un hombre y una mujer, hoy imputados por el homicidio. Una testigo presencial relató que, tras el ataque, ambos salieron corriendo y escaparon a toda velocidad. Esa huida desesperada fue, paradójicamente, la que permitió describirlos: contextura, ropa, dirección de escape. Detalles que después serían claves.

La pareja acusada de matar al "Rengo" Echeverri fue detenida.
La pareja acusada de matar al «Rengo» Echeverri fue detenida.

Mientras la escena quedaba preservada para los peritos, la policía salió a buscarlos. El rastrillaje fue inmediato y abarcó varias cuadras del barrio Bernardino Rivadavia. No pasó mucho tiempo hasta que los encontraron en Saavedra y Jara. Allí fueron aprehendidos un hombre de 38 años y una mujer de 46. Cerca de ellos, los efectivos secuestraron un cuchillo con una hoja de unos 15 centímetros, que sería el arma homicida.

La fiscal Salas imputó a ambos por “homicidio” y ordenó que el hombre fuera llevado a la Unidad Penal 44 de Batán y la mujer al Destacamento femenino. 

Hay vecinos que aseguraron que el lugar era un aguantadero, un point de venta de drogas y hasta un prostíbulo precario. Qué es verdad de esto y qué no será tarea de los investigadores. Echeverri tenía un largo historial de antecedentes: desde averiguaciones de identidad y robos hasta usurpaciones, infracciones contravencionales reiteradas y una causa reciente por lesiones leves agravadas por el vínculo, en abril de 2024.

El imputado tampoco era ajeno al sistema penal. Desde 2012 acumulaba causas por robos simples y agravados, lesiones, amenazas, resistencia a la autoridad, infracciones a la ley de drogas y violaciones a medidas durante la pandemia. Incluso registraba capturas activas y una situación de libertad condicional. La mujer detenida, por su parte, contaba con antecedentes por lesiones, riñas e infracciones contravencionales, con registros que se remontan a 2009.

Una discusión, un cuchillo y una puñalada bastaron para sumar el segundo nombre a la lista de homicidios de 2026, pero no el último de la semana.

Disparos en la tarde de Nuevo Golf

La tarde del sábado en el barrio Nuevo Golf estuvo signada por el sonido de balas y sirenas. Eran las 16.49 cuando los primeros llamados al 911 empezaron a superponerse entre el miedo y la desesperación: disparos, corridas, un auto volcado y un chico herido. En pocas cuadras, el barrio quedó atravesado por una balacera que terminó con un adolescente muerto.

El escenario fue la zona de Cerrito y calle 81. Al llegar, el Comando de Patrullas encontró un Fiat Palio rojo volcado sobre uno de sus laterales. El auto estaba acribillado: impactos de bala en la carrocería, el techo y el parabrisas destrozado. La violencia había quedado escrita en ese chásis.

La víctima ya no estaba allí. Vecinos señalaron que un joven herido había sido cargado de urgencia en un Volkswagen Suran gris y trasladado a la sala de salud municipal de Magallanes y José Hernández. Minutos después, los médicos confirmaron que el adolescente había ingresado con una herida de arma de fuego en la cabeza y murió pese a los intentos por salvarlo. Tenía 16 años. Se llamaba Sergio Emir Otero.

La reconstrucción preliminar del ataque dibujó una secuencia caótica y brutal. En el enfrentamiento estuvieron involucrados al menos tres vehículos: una motocicleta, un auto y una camioneta blanca que logró escapar. Otero iba a bordo de la moto cuando recibió el disparo fatal. El Palio rojo, en tanto, recibió al menos quince tiros. Muchos impactaron en el techo, lo que indica que, incluso después del vuelco, los disparos continuaron.

Los investigadores sostienen que no fue un ataque al azar. El episodio habría sido el desenlace de conflictos de vieja data entre personas del barrio, en el sector comprendido por Gianelli y 81. Un cruce anunciado que, esa tarde, escaló hasta convertirse en un tiroteo a plena luz del día y sin medir consecuencias.

Mientras Policía Científica trabajaba en la escena y la DDI comenzaba a relevar testigos y cámaras de seguridad, una nueva alerta llegó al 911. Uno de los ocupantes del Fiat Palio estaba herido y se ocultaba en una vivienda cercana, en la zona de Cerrito al 87. El operativo fue inmediato y el acusado fue capturado en un descampado de calles 89 y Cerrito.

El detenido presentaba una herida de bala en el brazo derecho y un roce de proyectil en la cabeza. Minutos después de su aprehensión, se presentó la madre del joven y confirmó que el Palio rojo era de su propiedad y que se lo había prestado a su hijo.

Los investigadores, de forma preliminar, ordenaron el caos: el imputado circulaba en el Fiat Palio, la víctima en una moto, y entre ambos se produjo un intercambio de disparos que terminó con el adolescente muerto. El acusado fue trasladado al Hospital Interzonal General de Agudos bajo custodia policial, imputado por “homicidio”.

Crímenes del 2025

En Mar del Plata 34 personas fueron asesinadas a lo largo de 2025, en diferentes casos que van desde femicidios, homicidios en ocasión de robo, conflictos interpersonales, violencia institucional y delincuentes abatidos por las propias víctimas. Cada uno de esos casos tiene una historia distinta, pero todos forman parte de una misma estadística: la de los homicidios dolosos registrados en el partido de General Pueyrredon.

El número no alcanza por sí solo para explicar el impacto real de cada crimen. Detrás de la cifra hay trabajadores, jóvenes, familias enteras atravesadas por el crimen y las drogas y una ciudad que, el año pasado, fue testigo de hechos que marcaron un quiebre social: un femicidio cometido por un policía, un kiosquero asesinado en su lugar de trabajo, un albañil muerto por balas policiales y muertes que aún hoy resultan difíciles de comprender.

En términos estrictamente numéricos, 2025 muestra una baja respecto de 2023 y 2024, aunque se mantiene por encima de los registros de 2022. La curva no evidencia una caída pronunciada ni un quiebre estructural, sino más bien un piso persistente de violencia letal que se repite año tras año.

Tres homicidios en los primeros diez días de 2026 alcanzan para sacudir cualquier sensación de calma en plena temporada, pero no para anticipar lo que vendrá. El año recién comienza y pretender proyectar cifras finales sería una simplificación peligrosa. Los números, aislados, no explican la violencia ni permiten entender su dinámica, detrás de cada cifra hay historias, contextos y decisiones que no responden a una lógica matemática sino a una realidad social mucho más compleja y difícil de prever.

En Mar del Plata, como en tantas ciudades atravesadas por tensiones sociales profundas, las estadísticas no son una referencia suficiente: apenas un recorte parcial de una realidad mucho más compleja e imprevisible, sobre todo en la periferia, en los márgenes de la sociedad donde el Estado no está presente, no llega o llega tarde.

Ciudadanos de “segunda”

En un fallo de 2018 por tres crímenes ocurridos en el barrio El Martillo, el juez Fabián Riquert remarcó que se puede advertir que “en una misma ciudad aparecen dos categorías de ciudadanos: los de las áreas céntricas/residenciales y ‘el resto’ de los barrios más periféricos, donde el contrato social entre gobernantes y gobernados se ha resentido, al punto de no intervenir con la intensidad necesaria, incluso en instancias previas a los hechos de violencia”.

En ese sentido, el juez Riquert propuso que, ante la ausencia de “dispositivos estatales” para situaciones “de profunda gravedad” se evalúe “la elaboración -en forma participativa y dialógica- de protocolos de actuación entre el Ministerio Público Fiscal, las fuerzas de seguridad provinciales y nacionales, la Municipalidad de General Pueyrredon y otros actores sociales que coadyuven (universidades, ONG´s, entre otros), siguiendo como pauta los compromisos convencionales asumidos por nuestro país”.

“Ha quedado demostrado que estas situaciones se resuelven con el funcionamiento de las instituciones y no con su ausencia, si es que en serio consideramos que estamos ante un estado democrático y social de derecho”, concluyó.

Pasaron ocho años de ese fallo, de esa propuesta del juez Riquert. Estos tres asesinatos en menos de 72 horas parecen demostrar que nada de eso se hizo.

Últimas Notas

El Banco Provincia presentó el libro “En el misterio del mundo”

redaccion

Prestá atención: publicidad, espacio público y seguridad

Natalia Muñoz

Venezuela desde Mar del Plata: tres migrantes analizan su país

Lucas Alarcón