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Marcelo Moura: “El problema con la lista no es qué poner, sino qué sacar.”

Cuarenta años después de Locura, Virus, la banda más disruptiva y atemporal del rock nacional, vuelve a celebrar en vivo el disco que dejó huella en generaciones.

Por Alejandra Bertolami

Después de cuatro décadas, Virus sigue demostrando por qué es uno de los grupos más originales y disruptivos del rock argentino. La banda regresa a los escenarios con la celebración de Locura, un disco que no solo marcó a generaciones, sino que sigue resonando en nuevas audiencias que nunca vivieron la época dorada de los 80.

Para Marcelo Moura, cada canción se interpreta como si fuera la primera, manteniendo la emoción intacta, mientras los recuerdos, la amistad y la energía compartida con su equipo y sus fans siguen siendo el motor que los impulsa. Entre giras internacionales, encuentros con adolescentes que se saben cada letra y la presencia constante de Federico, Virus confirma que su música sigue viva, capaz de emocionar y unir más allá del tiempo. El próximo 16 de enero, la banda se presentará en vivo en el Teatro Radio City de Mar del Plata, en un show que promete ser inolvidable.

—¿Cómo leen hoy ese gesto disruptivo que tuvo la banda en los 80? ¿Fue más musical o más conceptual?
—Nosotros, cuando salimos, nos costó mucho. La mayoría se opuso. Salimos con algo muy disruptivo para el momento, pero con el correr de los años el tiempo nos dio la razón. Se cambiaron muchas cosas a partir de eso: el concepto del espectáculo, el vestuario, las puestas en escena, un montón de elementos que antes no existían.

—En un contexto donde el rock argentino era más solemne, Virus eligió el cuerpo, el baile y el deseo. ¿Ese posicionamiento fue consciente desde el inicio?
—Definitivamente fue una ruptura importante, por eso remarco que hubo mucha resistencia: de parte de la prensa, de las discográficas y de los mismos músicos. Fue algo bisagra, porque a partir de ahí la mayoría de los grupos empezó a preocuparse por un montón de cosas que antes eran mal vistas. Por ejemplo, apuntar las luces, ocuparse del vestuario; elementos que, si bien no son el centro de la propuesta, ayudan a que uno vuele un poco más, imagine y entre mejor en un clima.

—Locura cumple 40 años. ¿Qué representa hoy ese disco para ustedes?
—Locura fue claramente el disco más importante de Virus en términos de popularidad y para nosotros representa algo muy especial. En su momento, cuando salió, fue número uno en ventas en toda Latinoamérica y nos proyectó a nivel regional. En lo personal, creo que es un disco muy compacto: son ocho canciones y no es que haya un hit, como Luna de miel, y el resto sea relleno. Cada tema tiene su propio peso y su propia historia dentro de la discografía de Virus, pero ese disco en particular no decae nunca. La mayoría de la gente, incluso hoy, lo escucha de principio a fin, sin saltear ninguna canción.

—¿Las canciones cambian de significado con los años o siguen dialogando con la emoción original que las hizo nacer?
—Siempre, cuando uno hace una canción, después es muy lindo y muy loco ver cómo la gente interactúa con ella, a su manera. Más allá de lo musical, está lo que significan en los recuerdos: la mayoría de la gente con la que me encuentro me dice “yo me acuerdo de tal tema” porque lo relaciona con alguna situación de su vida. Las canciones tienen eso: una vez que salen de vos, cada uno las interpreta de una forma distinta y para cada persona significan algo diferente. Y la verdad es que eso es lo lindo de la música. Aunque sea la misma canción, sigue mutando permanentemente.

—Cuando vuelven a tocar canciones de ese disco, ¿desde qué lugar las interpretan hoy: memoria, experiencia o reinvención?
—Yo siempre digo lo mismo: nosotros, cada vez que tocamos una canción, es como si fuera la primera vez. La disfrutamos absolutamente. Más allá de que en algunos momentos uno pueda aggiornarse en ciertas cosas —como cuestiones de audio, que han revolucionado mucho—, nuestras canciones nos gustan como fueron hechas y respetamos el formato original. Eso no significa que tocarlas permanentemente nos canse. Pensá que las venimos tocando desde hace más de 40 años y nunca nos aburren. Nunca dijimos “che, esta canción no quiero tocarla más porque estoy aburrido”; jamás nos pasó a ninguno.

—¿Y cómo se arma una lista de temas para un show de Virus?
—A la hora de armar la lista de temas de un show entran en juego muchas cosas: la duración del espectáculo, el lugar, el horario. Hay espacios que se prestan más para cosas tranquilas, y es distinto si tocás a las tres de la mañana en una fiesta, donde tenés que ir bien al palo y bien arriba. Más allá de esas diferencias, que tienen que ver con la locación y el horario, a nosotros nos gustan todas las canciones. Es más, en general el problema que tenemos cuando armamos la lista no es qué poner, sino qué sacar. Siempre pensamos que no podemos dejar afuera tal o cual tema, pero tampoco podemos tocar cinco horas. Entonces el conflicto suele ser ese: qué sacamos, no qué ponemos.

—Federico sigue siendo una figura profundamente presente en la identidad de Virus. ¿Cómo convive hoy su recuerdo con el Virus actual?
—Bueno, pensá que yo soy el hermano, así que se combinan muchas cosas. No puede escindirse mi condición de hermano de la de artista. Por supuesto, en cada canción él está presente, porque además —y esto es algo muy común— nosotros hemos hecho más discos, pero la gente sigue escuchando Luna de miel y sigue pidiendo Pronta entrega y Amor descartable. Es algo que les pasa a todos los artistas: a Calamaro le piden Flaca, a Gustavo le pedían Persiana americana, a Fito también le piden sus clásicos. Es parte de la historia de cada uno. Pero en nuestro caso lo vivimos con mucha emoción, porque todas las canciones que interpretamos en los shows fueron cantadas por él, así que, de alguna manera, él está ahí adentro.

—¿Cómo perciben hoy el diálogo de Virus con nuevas generaciones que quizás no vivieron esa época?
—Eso es lo más lindo por varios motivos. Primero, porque es muy lindo ver que la mayoría del público que nos viene a ver son adolescentes, chicos que no solo no vivieron esa época —que fue una época dorada de la música argentina—, sino que además se acercan desde otro lugar. Por un lado, entusiasma ver que conectan con la música aun sin la figura de Federico, y que pueden percibirla de manera más objetiva. A veces, al fan puntual de Federico le cuesta más aceptar que él no esté; en cambio, quien nunca lo vio tiene una mirada distinta: va a ver un grupo y le gusta o no, sin condicionamientos. Afortunadamente, es muchísima la cantidad de adolescentes que van a ver a Virus, y creo que esto sucede en un momento en el que hay un abanico muy grande de estilos musicales. Dentro de ese gran abanico, se nota un resurgimiento fuerte de la música nacional y del rock de los 80, y eso está buenísimo. A mí me sorprende: me cruzo todo el tiempo en la calle con chicos que son hiperfanáticos. Es muy loco que sean adolescentes y se sepan todas las letras. Pero bienvenido sea.

—Después de tantos años, ¿qué los sigue movilizando a subirse a un escenario?
—Primero, es muy importante tener un grupo de gente con la que llevamos muchos años juntos. Pensá que nosotros convivimos muchísimo tiempo, de manera permanente. Ahora, por ejemplo, me voy a Catamarca; antes pasamos por La Rioja. Gran parte de nuestra vida la pasamos juntos.
Por eso es fundamental tener una buena relación y armar un grupo sólido, tanto con los músicos como con el staff y los asistentes. Eso es clave para mantener vivo el placer de tocar.
Porque, en definitiva, cuando te subís al escenario e interpretás esas canciones, la felicidad es absoluta, pero detrás de eso hay un trabajo enorme. Y ese trabajo solo se puede sostener si se hace con placer, amistad y unión; de lo contrario, es imposible.

—Después de tantos años, con tantos momentos buenos y no tan buenos, ¿cómo describirías el estado de su amistad hoy?
—Pensá que viajamos entre 13 y 15 personas a los shows normalmente, y suele darse que hay distintos grupos. Estamos los que estamos desde el día uno, que somos más grandes y tenemos otro timing, otro cuidado de la energía.
A los 20 años terminás de tocar y te vas a una discoteca a bailar, te acostás a las cinco, te levantás a las siete y volás a otro destino. Ahora nos cuidamos más, porque nos gusta sentirnos bien arriba del escenario, y eso es algo lógico y natural para nosotros.

—El 16 llegan a Mar del Plata con esta gira aniversario. ¿Qué recuerdos o imágenes se les vienen a la mente cuando piensan en la ciudad?
En lo personal, mi familia y yo pasábamos los meses de enero y febrero en Mar del Plata durante mis primeros 20 años. Mi papá alquilaba el mismo departamento durante dos décadas, éramos seis hermanos y, religiosamente, a las 8 de la mañana íbamos a Punta Mogotes y pasábamos todo el día en la playa. Son recuerdos imborrables. En lo profesional también tenemos muchísimos recuerdos. No sé si llegamos a tocar en el Super Domo, pero sí estuvimos en Fuerte Apache y en muchos eventos multitudinarios. Recuerdo especialmente el de Fuerte Apache, aunque hemos hecho muchísimas giras en Mar del Plata y siempre quedan lindos recuerdos.

—¿Qué proyectos les depara el 2026?
—Ahora tenemos varios shows programados, y en marzo haremos una gira por Europa: España, Londres, Berlín… Está buenísimo que sucedan estas cosas. Además, el 2 de mayo celebramos oficialmente los 40 años de Locura, así que tenemos muchos proyectos por delante.

—¿Cómo describirías a Virus con solo tres palabras?
Creo que es un grupo original, disruptivo y profundo.

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