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enero 27, 2026
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Joan Manuel Pardo: “El Camión siempre va para adelante”

Camionero presenta “Tracción a sangre” en el Club Tri el 29 de enero: la potencia y la energía que toda noche de verano necesita.

Por Alejandra Bertolami

En un contexto sociocultural de urgencia, el rock and roll resuena con más fuerza que nunca. No como moda ni gesto nostálgico, sino como acto de resistencia: un lenguaje necesario frente a un presente fragmentado y vertiginoso. Proyectos que no miran atrás, sino que leen la época y la transforman en canción. El rock suena porque hace falta.

Bandas como Camionero y Autos Robados devuelven esa ilusión: los parches, las camperas gastadas, los flequillos, las remeras negras y los micros rumbo a los shows. Vuelven las canciones gritadas como manifiesto y ese ritual colectivo que solo el rock sabe sostener: estar juntos, incluso cuando todo alrededor se desarma. ¿Cuántos instrumentos hacen latir a un público? Camionero lo resume en lo esencial: guitarra, batería y voz. La poesía de la simpleza, la ética del buen sonido y letras que no necesitan disfraz. En tiempos de exceso, la síntesis se convierte en declaración de principios. Una escena que se organiza, se reconoce y se sostiene en el encuentro.

El dúo formado por Joan Manuel Pardo y Santiago Luis llega a la ciudad con Tracción a sangre el 29 de enero en el Club Tri, prometiendo una noche inolvidable de verano.

«Es la segunda vez que vamos a la ciudad. La primera fue en el Centro Cultural América Libre, en una fecha muy divertida junto a Fama y Guita y Ayer Mañana. Fue genial porque viajamos todos juntos en el colectivo que tenemos, que está hecho mierda… pero bueno, fuimos igual», contó a Bacap Joan.

¿Esta fecha marca el cierre de la gira de Tracción a Sangre?

Exactamente. La idea de los recitales que llevan como subtítulo Tracción a Sangre es tratar de repetir en distintas ciudades lo que hacemos en el Teatro Vorterix o en Matienzo. Es un ciclo que tenemos en Capital donde, además del show, hay todo un dispositivo armado alrededor de la banda. Eso tiene que ver con algo que llamamos El Acoplado, que es una especie de feria —hay que verla— donde tenés merch, pero multiplicado, con un montón de cosas y artistas que participan desde lo gráfico y lo visual. También podés sacarte una foto personalizada, hay videojuegos de Camionero y varias propuestas más.

Muchas de esas cosas van a poder viajar a Mar del Plata y otras no, por una cuestión de logística. Y cada vez que vamos a una ciudad distinta tratamos de contactar a artistas locales para que también puedan exponer, en relación a Camionero, lo que hacen ellos. Esa es un poco la gracia de Tracción a Sangre: un show largo, con mucho foco y una experiencia que va más allá del recital.

Camionero viene creciendo fuerte y justo ahí aparece el sacudón: más fechas, más gente, más exposición. ¿Cómo se afronta un cambio de vida cuando la banda está en su mejor momento?

Es complicado estar en todos los detalles. La verdad es que la banda creció mucho este año y también creció el grupo de personas que trabaja alrededor. Ya no te lo podés tomar de la misma manera: hay un grado de responsabilidad en lo que hacés, porque impacta en un montón de gente. En lo más cercano está nuestra familia y nuestros amigos, que vienen laburando con nosotros desde hace muchos años, y también otras personas que se fueron sumando más recientemente. Hoy ya estamos viviendo de esto. Este año la música pasó a ser nuestro principal sostén, especialmente el vivo, y es algo por lo que empujamos durante mucho tiempo. Siempre decíamos “¿cómo será vivir de la música?”, y es igual… solo que ahora el trabajo es otro. Hay mucho laburo hecho a conciencia y con mucha responsabilidad.

¿Hubo algo que hayas tenido que soltar —tiempos, rutinas, certezas— para bancar este presente?

Sí, exactamente. Santi dejó la arquitectura y yo casi todo. Soy profesor y voy dejando mis cosas más paulatinamente: me quedaron solo tres cursos. Uno lo voy a renunciar ahora en febrero, y los otros dos voy a ver si puedo sostenerlos, pero es complicado.

La demanda de tiempo que requiere Camionero es mucha, porque la banda está en constante crecimiento y hay que tomar decisiones, hacerse cargo de cosas… una vez que se estabiliza es más fácil, pero cuando estás en un movimiento permanente, toda la energía se va en la banda.

En estos tiempos donde todo va tan rápido y es tan digital, ¿por qué sentís que el rock and roll vuelve a tomar fuerza?

Sí, hay algo del género —y cuando digo género me refiero a esa mirada que agrupa ciertas características bajo una etiqueta, como “rock and roll”—, pero también creo que hay otra vuelta de estética rocanrolera: la vuelta de los flequillos, los rollingas, el barrio… Pero no creo que todo se explique solo por una cuestión de género. Yo creo que a la gente le gusta la música que hacemos nosotros, o la que hace Autos Robados, y esa coordinación que tenemos entre bandas termina empujando un poco la idea de género. La gente disfruta de las bandas más allá de la etiqueta. Uno escucha música trascendiendo el género: no es que diga “esta banda no pertenece a mi género, no la voy a escuchar”, ni al revés. De hecho, hay bandas de rock and roll que no me gustan.

¿Qué bandas o artistas sentís que están en el ADN de Camionero, aunque no siempre sean evidentes?

Las eternas, en el ADN están Los Ratones Paranoicos, los clásicos, Pappo, el Flaco Spinetta para mí. Y a medida que va pasando el tiempo aparecen bandas como La Patrulla Espacial o El Mató a un Policía Motorizado. Para nosotros, El Mató y La Patrulla fueron dos bandas que nos super inspiraron, tanto en su forma de laburar como musicalmente.
Ya más cercano todavía están los chicos de Ale Cares y Los Magos Fagiar, está Ayer Mañana y muchas bandas amigas. Hay un montón de bandas con las cuales nos retroalimentamos.

Y vos, particularmente, ¿qué escuchás hoy en día para bajar un cambio?

Buena pregunta. Hoy estoy más buscando referencias: puedo ir por un AC/DC para ver un tipo de arreglo, ayer estábamos escuchando Kurt Vile, Los Ratones…Y para bajar un cambio, pongo a María Pien, que es una chica que me gusta mucho cómo compone; realmente me da tranquilidad.

Camionero demuestra que no hacen falta grandes formaciones para hacer latir a un público. ¿Qué tiene esa simpleza que vuelve todo más potente?

No sé muy bien cómo decirlo, pero es medio hipnótico. Al ser solo dos, la canción queda más desnuda, más despojada, y eso hace que salga a la luz todo: la melodía, los acordes, la rítmica… no hay tanto misterio. Aunque laburamos mucho para que no sea chato, queda como expuesta, y eso es lo atractivo. Es un desafío para nosotros, pero también lo es porque te muestra la canción en primer plano.

Hace un rato mencionaste el Acoplado. ¿De dónde salió la idea y cómo lo viven ustedes desde la autogestión?

El Acoplado nació gracias a la aparición de un amigo, Gastón, que se acercó a la banda desde el lugar de fan. A él le gustaba lo que hacíamos y vino a un ensayo trayendo un grabado: es artista plástico y trajo una serigrafía. Se empezó a copar y le dijimos que viniera cuando quisiera a un show. Trajo más silografías y ya no sabíamos qué hacer con tanto, así que dijimos: “Bueno, hay que venderlo como los posters de las fechas”.

Así empezó el mini Acoplado, o la mini tienda de Camionero, que no tiene tanto que ver con hacer merch, sino con la energía artística de alguien que tiene una inercia enorme para crear. Santi, que es muy intuitivo para muchas cosas, se dio cuenta de que alguien así tenía que estar siempre en nuestro equipo. Después empezamos a hacer más cosas, se fueron sumando personas: una amiga se encargó de las remeras, y poco a poco el proyecto fue creciendo. Hoy en día, tiene una forma definida. A través del Acoplado y de otras experiencias con Santi, descubrimos el camino de la autogestión. Es agotador, sí, pero nos permite hacerlo como queremos y no como nos imponen desde afuera. Además, desde lo económico, la autogestión rinde mucho más: te da aire para respirar y hacer lo que realmente querés. Al final del día, nadie te está poniendo el pie encima: es tu proyecto. Es un camino frustrante y agotador, pero cuando sale bien te da una energía y una fuerza que te llevan puesto todo.

Recién nombrabas a Santi. ¿Cómo se conocieron y en qué momento decidieron formar Camionero, considerando que cada uno venía de otros proyectos musicales?

Nos conocimos en un bar chiquito de Zona Norte, en un pasillito. Yo hacía la agenda y programaba las bandas, hace como 13 años, y Santi quería sacar una fecha. Habló conmigo, me mostró su banda y le dije: “Bueno, tu música es parecida a la mía, hagamos algo juntos”. Tocamos y empezamos a tener onda; los dos teníamos cierta inquietud por hacer cosas concretas. Ahí fue que decidimos poner un sello, después empezamos a tocar, y una cosa llevó a la otra… y acá estamos ahora.

¿Qué proyectos tienen para este año que recién empieza?

Grabar el disco es lo principal. De hecho, ahora estamos en la sala metiéndole: armando maquetas, probando cosas y buscando, como te decía, transmitir algo a través de la simpleza.

Si tuvieras que definir a Camionero en una sola frase, ¿cómo lo harías?

Creo que la frase del principio lo dice todo: “El camión siempre va para adelante”. Eso es lo que define a la banda.

 

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