El líder de Mi Amigo Invencible habla sobre su presente artístico, la independencia como bandera y la gira que traerá a la banda a Bai Bai para celebrar el Día del Amor. Además, repasa su proyecto solista El Príncipe Idiota y la emoción de telonear a Devendra Banhart.
Por Alejandra Bertolami
Son las 10 de la mañana y Mariano Di Césare atiende el teléfono desde Mendoza con una voz calma. Nada en su tono deja entrever que está viviendo una jornada especial: esa noche le tocará abrir el show de Devendra Banhart, un artista que marcó a toda una generación. Di Césare navega hoy entre dos universos creativos que dialogan entre sí: la construcción colectiva de Mi Amigo Invencible y la exploración íntima de El Príncipe Idiota.
Formada en 2007, Mi Amigo Invencible se convirtió en una referencia del indie rock argentino, combinando guitarras, texturas electrónicas y bases rítmicas experimentales. Con nueve discos editados y el décimo en camino, la banda sostiene una identidad forjada en la independencia, la amistad y la persistencia. El 14 de febrero se presentarán en Bai Bai, mientras que el 15 Mariano ofrecerá un show acústico con entrada libre en la feria del Club Tri.
—Hoy estás en un día muy particular: como solista teloneás a Devendra Banhart. ¿Cómo se vive eso desde adentro? ¿Qué significa para vos compartir escenario con alguien que marcó una época?
—Sí, que marcó también un poco. Ayer hablábamos con él en una cena sobre ciertas películas que modifican tu camino. Películas que te marcan o que definen más o menos para dónde seguir con tu vida, y un poco que su música, junto a la de otros de esa época, también perfiló —quizás hasta esta llamada—, se fue modelando, fue parte de la escultura de ese camino musical. Y la verdad es que también me lo tomo con mucha gratitud y es muy lindo. Me lo estoy tomando como algo muy simple también, lo estoy disfrutando así, con pocos nervios, y también agradecido de tocar en un teatro tan hermoso como es el Teatro Independencia en Mendoza. Un placer.
—¿Qué te permite decir o explorar ese espacio que quizás no entra en Mi Amigo Invencible?
—Hay otro tipo de libertades a la hora de hablar. El campo semántico con Mi Amigo Invencible es bastante más limitado porque somos varios trabajando sobre una canción, más allá de que quizás yo lleve la idea; pero se trabaja en grupo, entonces las cosas que decimos, las letras —más allá de que yo escriba las letras—, las voy trabajando con los chicos. En cambio, con El Príncipe Idiota es un espacio más de exploración personal y tiene otro tipo de riesgo, en el que no les pido permiso. Más allá de que no suceda eso con Mi Amigo Invencible, tácitamente hay que pedir permiso. Entonces me encuentro con situaciones más profundas de mi interior.
—Mi Amigo Invencible nació hace más de una década. ¿Te acordás del momento exacto en que sentiste “esto ya es una banda”?
—Sí. Nació en 2007 y en 2011 ya habíamos grabado varios discos, pero cuando llegó el último integrante a Buenos Aires, ahí ya nos dimos cuenta de que ya estábamos reencaminados. Y era un disco bastante importante porque era La Nostalgia Soundsystem, y antes había habido cuatro discos más, incluido Relato de un incendio, que también es parte de la discografía más importante.
Pero el hecho de estar todos en la ciudad grabando un disco en Buenos Aires y no en Mendoza, medio como que ya era haber levantado vuelo, de alguna manera. Hay una canción en ese disco que se llama Salto del nido que puede ser representativa de ese momento porque, justamente, esa imagen… ahí levantamos vuelo, en 2011, cuando Leo, el percusionista, se mudó a Buenos Aires por la banda y ya estábamos todos ahí.
—Mirando para atrás, ¿qué buscaban al principio y qué fue apareciendo en el camino?
—Siempre fueron etapas de experimentación, y no hemos dejado de hacerlo. Me acuerdo de que, al comienzo, trabajábamos sobre las figuras por fuera de los límites de lo social, jugábamos con eso; encontrábamos, en lo que la gente abandonaba o tiraba, de alguna manera, ciertos tesoros en la basura y trabajábamos desde ese lugar.
Y ahora ya estamos como en otro lugar; no en todo lo contrario ni nada de eso, sino en un lugar más de la síntesis estética y tratando de llegar a lugares especiales dentro de lo común.
—El nombre de la banda parece una declaración. Después de tantos años, ¿qué sentís que tiene de invencible Mi Amigo Invencible?
—Es bastante directa y quizás fácil la respuesta, pero quizás la resiliencia que tiene Mi Amigo Invencible nos ha hecho invencibles, porque hemos pasado por tantas cosas, hemos puesto el cuerpo y lo seguimos poniendo dentro de un grupo que trabaja en independencia. Cada vez crece más porque es algo que ha sucedido desde siempre, que siempre ha ido para adelante, no para arriba ni para abajo. Entonces es como que la fuerza que le ponemos en este núcleo de amistad, en el que nos decimos “te quiero” todos los días o “te amo” después del recital, un poco representa eso.
Hemos estado a punto de disolvernos porque ya se ha vuelto insostenible no poder pagar el alquiler por estar dedicándole 24 horas a esto, pero hay una fuerza superior: que cuando tocamos en vivo nos damos cuenta de quiénes somos; la gente nos devuelve, es el espejo de toda esa fuerza.


—¿Cómo ves el momento actual de la música independiente?
—Me gusta, porque están saliendo muchas bandas nuevas con humanos tocando. Me encantan los DJ y las bandas digitales, lo que sea, pero hay como un revival de ciertos grupos de los noventa y de una energía bastante caliente, rockera, que me da esperanza.
—¿Sentís que cambió la forma de crear, de escuchar, de vincularse con el público?
—Justamente eso es lo que me gusta de la nueva escena: que prioriza el vínculo con su público, salen de la computadora, eso es lo que me gusta. La gente está yendo a recitales. Mi peor pesadilla es un recital sin gente, que es algo que sucede, parte de la vida, pero me gusta eso de priorizar el vínculo; hay una conexión muy grande, ya no hay una distancia tan grande.
—Ustedes igual convocan siempre…
—Sí, por suerte de repente somos padres de familia viajeros. Miraba las películas del padre que trabajaba viajando y, de repente, soy eso. Porque siempre hay una ciudad esperándonos en cualquier parte del mundo y eso no deja de sorprendernos; que esté lleno o no, no importa, pero siempre hay alguien. Por eso seguimos, porque adónde vamos hay gente y esa es la gratitud que sentimos.
—¿Cómo surgió la decisión de realizar el disco Arco y flecha con versiones y colaboraciones?
—Siempre sucede que quedan tracks afuera que nos gustan mucho, y por suerte podemos darles una segunda oportunidad. Y eso está sucediendo ahora mismo: estamos trabajando en el disco número 10 y, justamente, ayer nos juntamos en el estudio para decidir las diez canciones que van a formar parte del disco, dejando afuera unas diez más, que también amamos.
Pero bueno, nos gustan más las que quedaron, y esas canciones que quedan afuera no mueren, sino que esperan el momento para salir, y eso es lo que nos gusta hacer. Una vez que llegan las canciones, tienen su tiempo para salir.
—¿Qué tienen pensado para el 2026?
—Este año arrancó con una gira hasta junio, porque viene el Mundial y el mundo frena un poco, pero tenemos algunos shows en Argentina y una gira internacional bastante grande que arranca en Chile y llega hasta México, pasando por Perú y Costa Rica. Tenemos nuestra fecha más importante en México este año también, y de ahí nos vamos a España. Así que es una gira bastante grande para nosotros y estamos muy contentos de realizarla.
A mitad de año volveremos con el disco, pero creemos que este año no va a ser el año del disco, porque el disco número 10 es muy importante y queremos hacerlo con tiempo.
—¿Qué música estás escuchando últimamente?
—Ayer me escuché tres discos al hilo y me encantaron los tres: Vamos a destruir, de Bestia Bebé; Subidos al pony, de El Nota; y uno de Barbarita Palacios. Esos tres discos me encantaron y pude darles esa escucha atenta, solo con mis auriculares.
