Los nuevos ni-ni: ni desempleados ni inquilinos (menos propietarios)

En Mar del Plata, miles de jóvenes de entre 25 y 35 años trabajan pero no logran independizarse: salarios que no alcanzan, alquileres por encima del ingreso promedio y empleos cada vez más inestables dibujan una nueva categoría generacional, marcada por la frustración y la postergación del proyecto propio.

Por Natalia Muñoz


El sueño de la casa propia son los padres. Según un estudio de la fundación Tejido Urbano, el 38,3% de los jóvenes argentinos de 25 a 35 años no logra irse de su casa núcleo, donde crecieron. Por diversas causas, no llegan a costear un alquiler, ni por sí solos ni compartido con amigos, mucho menos logran ahorrar y/o aplicar a créditos para convertirse en propietarios. El síndrome del nido vacío mutó a añoranza para los +50, y el deseo de independencia y privacidad se convirtió en un horizonte que siempre se corre, se aleja, un pasito más. ¿Qué sucede en Mar del Plata? 

Unos 1,8 millones de jóvenes argentinos aún convive con sus padres, incluso a pesar de tener trabajo. Según lo relevado por el informe citado, los motivos son (por lo menos) tres: los salarios son bajos, los precios de los alquileres están altos, y el mercado laboral está contraído y precarizado. 

Vivir en Mar del Plata

De acuerdo al último censo (2022), Mar del Plata tiene una población de 666.844 personas, de los cuales un poco más de 93.000 tienen entre 25 y 34 años. Si el traslado entre lo analizado a nivel nacional fuera lineal con la realidad marplatense, podríamos decir que más de 35.000 personas de ese grupo etario aún no logran independizarse de la casa de sus papás. Pero no es tan sencillo, y tampoco existen estudios que se enfoquen en la problemática habitacional para esa generación a nivel local. 

Sí se conocen otros datos. En Argentina, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) en febrero de 2026 sube a $346.800. Esto es importante porque supone el piso legal salarial del país. Es decir, ningún sueldo en Argentina debe ser inferior a esa cifra para quienes estén bajo Ley de Contrato del Trabajo o fuera de convenio. 

A vuelo de pájaro, bien se sabe que los alquileres superan esas cifras, así como que hay varios rubros que tienen como piso un salario que triplica el SMVM. Pongamos por caso los empleados de comercio registrados, que actualmente cobran un sueldo básico de alrededor de un millón de pesos. Ahí tiene otro color. 

El alquiler de un monoambiente económico y sin muebles parte de los $450.000, expensas incluidas. A ello, se sabe, hay que sumarle el costo mensual y creciente de los servicios, más las compras necesarias para equipar una casa, desde un litro de aceite, hasta un juego de cubiertos, una cortina para la ducha, etc. 

Pero ese es el escenario para trabajadores registrados de jornada completa.

Luego está el escenario de los cuentapropistas, freelancers, monotributistas y otras categorías que hablan de un trabajo casi siempre en soledad de ejecución y de reclamo de pagos. 

Ser jóvenes hoy 

Según las cifras del INDEC, en Mar del Plata el desempleo se desaceleró durante el último trimestre del 2025. En paralelo, la presión sobre el mercado laboral aumentó. Sucede que los universos de los subocupados (personas que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias y que están dispuestas a trabajar más horas) y de los ocupados que demandan empleo contienen casi al 40% de la población total marplatense. Es un estudio que no desagrega la información por edad. 

Esas categorías de quienes ya tienen alguna ocupación, y por ende algún ingreso, suponen trabajos no registrados, precarizados y el vasto mundo de los freelancers, personas autónomas y/o con emprendimientos. Son categorías en donde la estabilidad y la previsión económica no forman parte de la ecuación. 

Nina tiene 27 años, es comunicadora y trabaja unas 25 horas semanales de manera freelance. “¿Por qué motivo no partí aún de mi casa? Porque no me dan los recursos económicos”, contestó la joven profesional ante la pregunta de este medio. Ella aún vive con su madre y sus hermanas. “Soy periodista digital y tengo múltiples empleos, pero no se ven reflejados económicamente·, agregó.

Juan llegó a Mar del Plata hace unos años de su Mendoza natal. Hoy tiene 30 años, y, a raíz de un robo que sufrió en 2024, debió volver a vivir con sus padres para volver a empezar. Actualmente trabaja en el rubro inmobiliario un promedio de 30 horas semanales, y, a pesar de tener las ofertas a la mano, o que gana no le alcanza para irse (otra vez) de los de sus papás. 

“Me he tenido que re-amoldar a las reglas y al espacio que había disponible”, dice al describir la convivencia con sus padres. Él, como Nina, buscan más y nuevas oportunidades laborales que paguen mejor para comenzar a proyectar, finalmente, su adultez. 

“Siento por momentos mucha frustración”, cuenta Nina sobre su realidad habitacional. Juan también habla en términos de frustración. Se encuentran con amigos y colegas de su misma edad pero con otra suerte, jóvenes que viven solos o con sus parejas o ya con sus hijos. Algunos andan en sus propios autos, otros no, pero ya pagan las cuotas de un crédito que los hará propietarios. Estos últimos, claro, son los menos. 

Mientras, en otra realidad, Juan y Nina aún conviven con requerimientos que entienden tanto como rechazan: por costumbre y por seguridad, aún deben avisar a sus mayores dónde están y cuándo vuelven. Las negociaciones son diarias. 

Lejos de ser un capricho, contar con un espacio propio y poder costearlo no es un capricho o un gusto, es una necesidad, que, muchas veces, está abrazada a la salud mental de los convivientes. 

Independizarse en el mundo

De acuerdo a un relevamiento de la iniciativa “¿Dónde vamos a vivir?” de Vivienda Latam, Latinoamérica es “una de las que más retos presenta para acceder a una vivienda, especialmente para las personas jóvenes”. Esta vez, en Argentina, no innovamos en problemas.

El trabajo de investigación recopilado da muestra de diversas políticas que diferentes gobiernos latinoamericanos han llevado adelante para fomentar que los jóvenes puedan ser propietarios y logren preocuparse por otras cosas que no sea dónde vivir y desarrollarse. Se trata de políticas sobre créditos (que aún atraen a la clase media y dejan afuera a quienes tienen menos recursos) y políticas de intervención estatal que buscan terminar con la vivienda ociosa y los jóvenes sin techo. 

Es necesaria una transformación profunda en el mercado de la vivienda y en las condiciones de empleo para revertir efectivamente esta realidad. Quizás ello logre permear las condiciones de acceso al crédito tal como las conocemos. 

Mientras tanto, el deseo de tener un lugar propio donde desplegar la libertad, la sexualidad, y una soledad amable es para los jóvenes latinos, los argentinos y sobre todo los marplatenses lo que la utopía es para Eduardo Galeano: un impulso para seguir el camino hacia el horizonte, aunque éste no haga más que alejarse.

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