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febrero 18, 2026

“Es un peligro tener gobernantes que no entienden las tecnologías que hoy mueven el mundo”

Guibert Englebienne, cofundador de Globant, habló sobre el impacto profundo de la inteligencia artificial en las empresas, el trabajo humano y las democracias. Desde el poder transformador del “prompt” hasta la necesidad de repensar los modelos de gobierno, planteó que la IA no multiplica a todos: multiplica a quienes deciden usarla.

En el Forbes Reinventando Mar del Plata, Guibert Englebienne, cofundador de Globant, llevó la discusión un paso más allá. No habló solo de eficiencia, ni de automatización, ni de tendencias tecnológicas. Habló de poder. Del poder que la inteligencia artificial pone en manos de quienes estén dispuestos a usarla y del riesgo que implica no comprenderla.

Para el cofundador de Globant, la IA no es simplemente una herramienta más: es una tecnología que está obligando a repensar la forma en que trabajamos, competimos y gobernamos.

—¿Qué cambia realmente con la inteligencia artificial?

—La IA nos da un poder enorme en aquello que decidimos hacer. El “prompt”, esa iniciativa que el humano tiene que tener, es irremplazable. Requiere que nos pongamos a descubrir el potencial de esta tecnología que definitivamente está cambiando todo.

Englebienne insiste en una idea que atraviesa toda la conversación: la IA no reemplaza la voluntad humana. La potencia. «La mayoría de la gente encuentra que la IA puede multiplicar a todos, pero en realidad multiplica solamente a aquel que decide usarla», explicó en una charla con Bacap.

La diferencia no está en el acceso a la tecnología, sino en la decisión de incorporarla al corazón del trabajo cotidiano.

Repensar el negocio desde cero

Para Englebienne, el desafío no es individual sino organizacional. Las empresas —como estructuras que necesitan consenso, cultura interna y movimiento coordinado— están siendo interpeladas por un cambio radical.

«Hoy el desafío está en ponerse a funcionar, en ponerse a trabajar, en repensar el negocio por completo con la inteligencia artificial en el corazón», dijo el cofundador de Globant.

La advertencia es clara: un competidor que incorpore IA de manera estructural puede desarrollar flujos de colaboración y procesos “radicalmente distintos”. Y eso redefine el mapa competitivo.

—¿Hay algo que nunca le confiarías a la IA?

—Estamos generando una tecnología que tiene el potencial de poner en riesgo nuestras democracias, nuestras sociedades.

El ejemplo es inmediato: noticias falsas, polarización, manipulación informativa. Los efectos colaterales ya están visibles.

—Sería fundamental desarrollar como “enchufes”, que vos puedas desenchufarte de la AI. Poder decidir: “Mis datos no quiero que los tenga”.

Englebienne plantea la necesidad de principios de diseño que garanticen autonomía. La posibilidad de desconectarse, de preservar la voluntad humana frente a sistemas cada vez más invasivos.

Tecnología y política: un punto sensible

Es en este punto donde la conversación se vuelve más política y, también, más contundente. «Es un peligro tener gobernantes que no entienden las tecnologías que hoy mueven el mundo», dijo Englebienne.

Para Guibert, el ritmo exponencial del cambio tecnológico supera la capacidad de adaptación de muchas estructuras estatales.

«Las maneras de gobierno que tenemos podrían ser repensadas de una manera mucho más acorde a la tecnología, a los medios de comunicación que tenemos, a los medios de creación de consenso, con el ser humano en el centro de todo esto», agregó.

Englebienne lo que propone es un rediseño institucional que entienda la lógica digital, el impacto de la información en masa y los riesgos de decisiones tomadas desde la identidad antes que desde el conocimiento.

El problema no es solo tecnológico. Es cultural.

«Tenés gente que no está informada, que tiene opiniones simplemente por temas de identidad. Las masas empiezan a tomar decisiones de formas no informadas», expresó al respecto.

El desafío total

La conversación deja una conclusión abierta pero potente: la inteligencia artificial no es un fenómeno técnico aislado. Es una fuerza estructural que atraviesa empresas, Estados y sociedades.

Multiplica al que la usa. Desafía al que la ignora. Y exige repensar reglas que parecían inamovibles.

En el fondo, lo que plantea Englebienne no es un debate sobre máquinas, sino sobre responsabilidad humana y cómo usarlas.

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