Juan Carlos Baglietto vuelve a Mar del Plata junto a Lito Vitale para presentar “Tangos y otras yerbas” el 22 de febrero en Villa Victoria Ocampo. A 35 años de sociedad musical, el dúo revisita los clásicos del 2×4 desde su propia sensibilidad, con la memoria familiar como punto de partida y la complicidad como motor creativo.
En la casa de Juan Carlos Baglietto el tango sonaba en el combinado familiar. Su padre, Tito, ferroviario y cantor apasionado entonaba tangos en el living y hasta en el trabajo. En la casa de Lito Vitale, su madre Esther hacía lo propio, con letras a veces cambiadas que su padre corregía con ternura.
Ese universo doméstico, íntimo y cotidiano fue el primer territorio musical de ambos. Mucho antes de los escenarios, los discos y las giras, el tango ya estaba ahí.
El domingo 22 de febrero a las 20.30, Baglietto y Vitale presentarán “Tangos y otras yerbas” en Villa Victoria Ocampo (Matheu 1850), un espectáculo que revisita clásicos de Piazzolla y Ferrer y de otros grandes compositores del género, intervenidos con la impronta del dúo que este año celebra 35 años de recorrido compartido.
«El tango me entra por mi viejo», reconoce Baglietto en una charla con Bacap y agrega: «Cantaba muy bien, le gustaba muchísimo el tango y en casa había discos que escuchaba en el combinado. Todo eso te va quedando. Después viene esa etapa en la que uno niega los gustos de sus mayores, piensa que es música para gente grande. Pero con el tiempo te das cuenta de que ese germen estaba adentro. Y empezás a descubrir en esas obras cosas que de chico no supiste ver».
—¿Qué te sigue interpelando del tango hoy?
—Me sigue asombrando el nivel poético que tiene. Independientemente de la melodía o la armonía. En una época en la que la poesía aplicada a la música está un poco vapuleada, el tango tiene obras tremendas, desgarradoras, con un nivel poético increíble. Y además nosotros hacemos tango desde un lugar que no es el del tanguero clásico. Lo mismo con el folclore. Lo hacemos desde nuestra mirada.
Esa mirada comenzó a consolidarse a principios de los años 90, cuando Baglietto llamó a Vitale con la idea de hacer un disco para chicos y recibió como respuesta una propuesta distinta: “Hagamos un disco para grandes”. Desde entonces, la sociedad artística no dejó de crecer.
“Nosotros nos sacamos chispa arriba del escenario”, dice Baglietto. “Nos potenciamos, sacamos del otro lo mejor que tiene para dar. Eso me produce orgullo y muchas ganas».
—Cuando eligen los tangos, ¿los “actualizan” musicalmente?
—No es algo tan racional. Tenemos un método que es ensayo y error. Probamos. Si no nos cierra, lo dejamos. Si no encontramos un camino distinto al original, la abandonamos, porque las versiones originales están muy bien hechas. Procesamos la música desde el concepto que tenemos en la cabeza y desde nuestras posibilidades. Hay cosas que me encantan, como el blues, pero yo no sé cantar blues. Entonces encaramos las obras que sentimos que podemos hacer nuestras.
El espectáculo en Villa Victoria tendrá, además, un valor simbólico. Baglietto y Vitale tocaron allí en los años 90 y celebran que el espacio siga vivo. En paralelo, el dúo viene realizando un ciclo íntimo, los dos solos, que refuerza esa química que el público reconoce desde hace décadas.
—¿Cómo dialoga este repertorio con las nuevas generaciones?
—Seguramente tiene que ver con el contagio. Muchos jóvenes vienen porque sus padres les inculcaron esta música, pero también vienen por curiosidad. Estamos muy orgullosos de servir de puente entre generaciones. Que padres, hijos y hasta nietos compartan un mismo concierto es uno de nuestros mayores orgullos.
“Hemos durado más que nuestros propios matrimonios”, bromea Baglietto por los 35 años de camino compartido con Vitale. “Lo tengo tan incorporado a mi vida que no sabría hacerlo de otra manera. Siempre volvemos al dúo porque es un placer subirnos al escenario juntos. No es algo racional: te sale de la tripa”.
En Mar del Plata, “Tangos y otras yerbas” será también un anticipo de lo que vendrá: el álbum Bodas de coral, que alude a esas tres décadas y media de complicidad musical y humana. Improvisación, libertad y ese “profundo y feliz juego de hacer música” que ambos reivindican serán parte de una noche que, como prometen, nunca será exactamente igual a la anterior.
Las entradas están a la venta a través de Articket, en puntos físicos (La Casa de las Guitarras y FAVA) y en la boletería de la Villa.
