Bersuit Vergarabat llegará a Mar del Plata el sábado 11 de abril para celebrar los 25 años de Hijos del Culo, el disco que marcó a una generación. La banda repasará el álbum completo en Vorterix Club, en el marco de una gira nacional e internacional.
A 25 años de su lanzamiento, Hijos del Culo vuelve a escena con canciones que siguen resonando en nuevas generaciones y que, según sus propios protagonistas, encuentran hoy nuevos sentidos. Parece que el disco no hubiese envejecido, como si la Argentina hubiese cambiado poco y nada desde entonces.
Bersuit Vergarabat se prepara para regresar a Mar del Plata el próximo 11 de abril. El show será en Vorterix Club y tendrá un formato especial: el repaso completo un disco emblemático del rock argentino.
Publicado en el año 2000 y producido por Gustavo Santaolalla, Hijos del Culo alcanzó el doble platino y dejó una serie de canciones que se transformaron en himnos, como “Toco y me voy”, “Negra murguera”, “Desconexión sideral” o “La bolsa”. Fue, además, un punto de consolidación para la banda, que terminó de definir una identidad musical propia, atravesada por el mestizaje de géneros y una fuerte impronta social.
Juan Subirá, uno de los integrantes históricos del grupo, reflexiona sobre ese recorrido y el presente de la banda.
—¿Qué significa volver a tocar Hijos del Culo completo después de 25 años?
—Es fuerte. Las canciones tienen vida propia: uno las hace en un momento determinado, pero después circulan, crecen y se resignifican. Hoy las tocamos con otra cabeza, con otras vivencias. Y también el público las recibe distinto.
La gira aniversario ya recorrió distintos puntos del país y también tuvo una intensa etapa en España, con presentaciones en ciudades como Barcelona, Madrid y Valencia, muchas de ellas con localidades agotadas. En Buenos Aires, el festejo incluyó shows en Ferro y en el Movistar Arena, donde la convocatoria confirmó la vigencia del repertorio.
—¿Qué lugar ocupa hoy ese disco dentro de la historia de Bersuit?
—Es un disco clave. Nos terminó de posicionar, nos dio una identidad muy fuerte. Pero también es parte de un proceso. Lo interesante es que hoy lo podemos mirar con distancia y entender mejor qué pasaba en ese momento.
Hijos del Culo irrumpió con una mezcla poco habitual para la época: rock, cumbia, murga, chacarera y hasta elementos electrónicos convivían en un mismo álbum. Esa diversidad, lejos de diluir el mensaje, lo potenció. Las letras, muchas de ellas atravesadas por la crítica social, dialogaban con un contexto de crisis que estallaría poco tiempo después en la Argentina del 2001.
—¿Sentís que esas canciones siguen vigentes?
—Sí, lamentablemente en muchos casos sí. Hay cosas que no cambiaron tanto. Pero también está bueno ver que las canciones pueden leerse desde otros lugares, no solo desde la coyuntura en la que fueron escritas.
Para esta gira, la banda incluso reversionó la icónica portada del disco con la protagonista original, en un gesto que refuerza esa idea de continuidad y relectura.
Porque si algo dejó Hijos del Culo es la certeza de que ciertas canciones no envejecen: se transforman. Y, como plantea Subirá, encuentran a cada oyente —y a sus propios creadores— en un momento distinto de la vida.
Veinticinco años después, la vuelta no es un regreso al pasado, sino un movimiento circular. Un punto de encuentro entre lo que fue, lo que es y lo que alguna vez podría ser.
