30 años de El Galpón de las Artes: “La cultura es lo más de todos que tenemos”

El 5 de abril, el espacio festeja tres décadas de trabajo teatral comprometido con el acceso a la cultura y la construcción comunitaria. 

Por Camila Spoleti

Hace treinta años, un grupo de actores marplatenses, entre quienes se encontraban Claudia Balinotti, su mamá Emilia Parafioriti y su papá Francisco Balinotti, crearon El Galpón de las Artes, un colectivo artístico y una sala gestionada por el propio colectivo. El espacio nació en Rivadavia y Salta, tras la refacción de lo que había sido una cancha de ping pong ubicada detrás de la sede del Partido Socialista. Tuvo, desde entonces, dos mudanzas. Hoy se encuentra en Jujuy 2755 y es allí donde el domingo 5 de abril, desde las 17:30, se desarrollarán los festejos por estas tres décadas de teatro.

Febrero de 2009, refacción de la tercera sede de El Galpón de las Artes.

Desde sus inicios, El Galpón de las Artes fue pensado bajo el paradigma de teatro de grupo, una modalidad de tradición latinoamericana que, como explica Claudia Balinotti, contrasta con otros modelos: “No es un teatro como empresa, no es un teatro como mercado, el teatro de grupo justamente tiene que ver con esa vinculación y ese entramado de diferencias, donde desde las diferencias hay una solidaridad hacia el todo. Lo importante es la grupalidad o, en el momento de la producción, lo importante es la obra. Entonces, se liman egos y los objetivos o las metas no son cuantificables, sino que tienen que ver más con lo cualitativo, buscar un teatro poético, buscar un teatro que en su politicidad pueda tener un valor de interpelación en el contexto actual”.

Esta búsqueda se expresa desde el nombre del espacio, que rinde homenaje a El Galpón, un grupo de teatro independiente de Montevideo fundado en 1949 y aún en actividad, icónico
dentro de esta tradición. El nombre es, a su vez, una metáfora que parte de la idea del teatro —y también las otras artes de las que venían quienes dieron forma al proyecto: danza, música, escenografía— como semilla, y el galpón como un espacio de resguardo de esas semillas. “El teatro como una semilla que guarda un poder de transformación porque nunca nadie sale igual cuando conecta con una propuesta escénica. Porque moviliza sentimientos, porque transforma formas de relacionarse con el otro, con la vida, con algunos sentimientos”, explica Claudia.

Más allá de lo simbólico, estas convicciones toman forma en prácticas concretas de creación artística y gestión de la sala. El Galpón de las Artes trabaja a partir del concepto de “cooperación solidaria”, que implica, entre otras cuestiones, la eliminación de la barrera que supone la boletería, en pos de garantizar el acceso a la cultura sin que las posibilidades económicas de los espectadores constituyan un factor limitante.

Mariano Tiribelli, también integrante del grupo del Galpón desde sus comienzos, indica: “Levantar la barrera no implica que nuestro trabajo no tiene un valor. Nosotros nos consideramos trabajadores del teatro y estas dos palabras, “cooperación” y “solidaridad”, van de los dos lados, ¿no? Tanto del artista que se presenta, como del espectador que llega y ocupa un lugar en las butacas y después puede, de acuerdo a sus posibilidades, hacer una retribución que dignifique nuestro trabajo”.

La cooperación solidaria

Las funciones comenzaron siendo “a la gorra”, modalidad que viene del teatro callejero, y luego se fue desarrollando la idea de cooperación solidaria, que tomó forma en espacios de discusión dentro de la red latinoamericana Cruzando Fronteras, creada en 2003. Dirigida por El Galpón de las Artes, El Teatrito (Yucatán, México) y La Vorágine (Tucumán), la red tiene por objetivo generar encuentros entre grupos teatrales de la región para conocer sus historias y formas de producción, debatir las decisiones éticas que la gestión requiere, los obstáculos que surgen para mantener una sala y los procesos y formas de difusión. En esos encuentros se fue profundizando la idea del teatro como parte de la cultura y, por lo tanto, el acceso a él como derecho.

2004, Xochimilco, México. Primera gira internacional y fundación de la red Cruzando Fronteras.

“El teatro es parte de la cultura, es parte de los contenidos simbólicos que una comunidad produce y que la produce en base a lo que muchos producimos, porque están los maestros, los textos, los entrenamientos; hay mucha confluencia de distintas sabidurías que permiten que vos hagas una producción o levantes una sala. Entonces la cultura es lo más de todos que tenemos. Y ahí se tensionaba este concepto de propiedad. ¿Quién puede sentirse propietario para hegemonizar o para contener y transformar un bien que es comunitario en un bien privado?”, explica Balinotti, y señala que la dinámica de cooperación solidaria es una de las formas que encontraron para poner en práctica ese concepto.

La cooperación solidaria se extiende más allá de lo relativo al ingreso a la función. Balinotti toma como ejemplo la nueva gradería de la sala. Un trabajador de la Biblioteca Popular Juventud Moderna, que había ido a ver varias obras durante las vacaciones de invierno, propuso la donación de unas butacas que estaban sin uso en la biblioteca. Su instalación, sin embargo, era muy costosa y el desfinanciamiento, por parte del gobierno actual, del Instituto Nacional del Teatro —organismo rector de la promoción y el apoyo a la actividad teatral en la Argentina, que en otro momento permitió la adquisición del espacio donde hoy funciona el Galpón—, impedía acceder a fondos de apoyo. Entonces, cuenta Claudia Balinotti, lo que se hizo fue comunicar la situación y pedir apoyo a la comunidad. “Y el apoyo llegó”, dice Claudia y relata: “Rápidamente surgieron padrinos, madrinas, pequeños grupitos que entre dos, tres, cuatro, apadrinaban una butaca. También Carlos Rottemberg, o sea, el cruce con otro tipo de gestiones apadrinando. Muchos periodistas difundiendo. Y cuando uno piensa qué pasó allí, cómo puede ser que aparezca una respuesta tan contundente y tan generosa y tan amorosa, ahí nos damos cuenta que funciona la cooperación solidaria. Que es un ida y vuelta permanente. Y eso nos hace seguir en esa dirección”.

Vivir y crecer

La primera obra que se presentó en El Galpón de las Artes —allá, en Rivadavia y Salta—, fue “La colorada Alupé”, una obra para infancias escrita y dirigida por Claudia Balinotti. “Una obra que cruzaba las destrezas circenses, porque trepábamos por las paredes, usábamos zancos. Proponía para las infancias un teatro poético, no tan textual, pero sí muy ligado a lo imaginativo, al juego, a lo corpóreo. También a ciertas retahílas, nanas, todo una literatura tradicional, oral. Enriqueciendo todo lo que es la mezcla del lenguaje poético y literario para las infancias y con mucha potencia también de la imagen. Con música original de Yanícola, de Guille, que ahí fue cuando empezamos a conocernos y la amistad continuó hasta su última obra, que la ensayó, la produjo y la presentó acá en el espacio”, recuerda Claudia.

Construir un teatro para las infancias “es un horizonte que se sostiene hasta el día de hoy”, afirma Claudia. La cartelera de El Galpón de las Artes contiene tanto obras producidas por el grupo que gestiona la sala, como propuestas que llevan otros artistas. Entre las obras propias, cuenta, siempre hay alguna dirigida a niños y niñas. Además, se han generado otro tipo de propuestas, como La Misteriosa Aventura del Juego, una experiencia multidisciplinaria en la que las familias se acercaban a actividades que ocurrían de manera simultánea: experimentos con pintura, circo, lectura de cuentos.

Claudia Balinotti en la antesala del espectáculo para las infancias «La Emperatriz Peluda»

“Cuando pensamos en El Galpón desde las infancias, que es lo que le dio el impulso de nacer, ahí también encontramos decisiones a tomar y un horizonte de trabajo que justamente se resignifica en la época. Pensando en estas políticas de Estado que demonizan la niñez, que bajan la edad de punibilidad y que desfinancian la educación, que de alguna manera atentan contra los niños más vulnerados, creo que mantener un espacio de producción para infancias es algo importante para nosotros”, sostiene Balinotti.

Al haber nacido en ese territorio de la infancia, señala Claudia Balinotti, el proyecto está signado por el deseo de vivir y crecer propio de la misma. “Pero bueno, para crecer hay que estar vivos y para estar vivos se necesita que se acompañe con las políticas de Estado desde las distintas áreas, ese alimento que nutre la posibilidad de crecer”, acota.

“Los teatros independientes siguen en pie, en Mar del Plata y en el país, con mucha dignidad. Hay muchas salas que cerraron y obviamente la situación es crítica porque en cada lugar hay que generar estrategias para poder continuar”, explica Claudia, y agrega: “Pero el hecho de que se estén cumpliendo 30 años acá, el hecho de que hayan llegado estas butacas de donación y prontamente familias, vecinos, otros compañeros hayan venido a instalarlas, vengan y ayuden a pintar, a atender al público cuando está todo el grupo en escena. Todo eso muestra que hay una resistencia”.

Los festejos

El domingo 5 de abril, desde las 17:30 hs., El Galpón de las Artes festejará su cumpleaños número treinta sobre la vereda y con la comunidad. Habrá marionetas de Sol Lavitola, palabras de Agustín Marangoni, arte circense de Nacho Rey y torta de cumpleaños. Mientras tanto, algunas de las personas que de un modo u otro son parte del proyecto, le dedican expresiones de afecto:

 

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