Es de Otamendi y participó del desarrollo del satélite argentino que viajó al espacio en la Misión Artemis II

Ignacio Brittez
Ignacio Brittez estudia Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional de La Plata e integra un grupo de investigación que estuvo a cargo del desarrollo de distintos componentes de ATENEA, el cubesat que voló junto a la nave Orión y cumplió una misión que resalta el valor de la ciencia argentina.

 

Por Agustín Casa

Durante la última semana, la humanidad volvió a fijarse en la Luna y siguió en vivo las transmisiones de la NASA en el marco de la Misión Artemis II, que significó el regreso de un vuelo tripulado a la órbita de la Luna en 54 años.

Más allá de los grandes hitos de la misión −los astronautas a bordo de la nave Orión son los humanos que más lejos han estado de la Tierra (406.640 kilómetros), sobrevolaron el lado oculto de la Luna y pudieron captar imágenes inéditas−, Artemis II también tuvo un capítulo secundario con el envío de pequeños satélites al espacio.

Imagen de la misión Artemis II
Imagen de la Tierra tomada por la tripulación de Artemis II el 6 de abril, mientras sobrevolaban la Luna. Crédito foto: NASA

Nuestro país participó de la misión con el microsatélite ATENEA como carga secundaria. Tras el despegue, que tuvo lugar el miércoles 1° de abril desde el Centro Espacial Kennedy −a las 19.35 hora argentina−, el cubesat fue liberado en el espacio profundo cinco horas más tarde. En la madrugada del 2 de abril −a las 0.58 de nuestro país−, las estaciones de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en Córdoba y Tierra del Fuego recibieron las primeras señales del satélite y pudieron validar las comunicaciones.

El cubesat desarrollado en nuestro país estuvo a más de 70.000 kilómetros de la Tierra y envió datos científicos y tecnológicos a las estaciones de la CONAE durante cerca de 20 horas. De esta manera, el microsatélite cumplió con éxito el objetivo para el que fue diseñado y demostró la capacidad de los científicos y científicas de nuestro país.

Un logro colectivo de la ciencia argentina

El microsatélite argentino fue un logro de distintas instituciones que trabajaron de manera conjunta para su desarrollo: la CONAE, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa VENG S.A.

Como señalan en la web de la UNLP, ATENEA es un cubesat de 30 cm x 20 cm x 20 cm. Fue fabricado con el objetivo de validar tecnologías para futuras misiones espaciales, a partir de la recopilación de datos de la radiación en órbitas altas y datos de GNSS, y de la validación de un enlace de comunicación.

Dos grupos de la Facultad de Ingeniería de la UNLP, conformados por profesionales y estudiantes de ingeniería, participaron de los trabajos. Por un lado, el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) y, por otro, el grupo Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT)

equipo del SENyT
El equipo del SENyT fue reconocido por la UNLP por el desarrollo del cubesat ATENEA.

Un estudiante otamendino y su granito de arena en el desarrollo del satélite ATENEA

Ignacio Brittez es oriundo de Comandante Nicanor Otamendi (partido de General Alvarado), localidad ubicada a 38 kilómetros de Mar del Plata. Es estudiante avanzado de Ingeniería Electrónica en la UNLP −se encuentra cursando las últimas materias de la carrera−, forma parte del SENyT y participó del desarrollo del microsatélite ATENEA.

“Como estudiante, haber participado y que desde el vamos se me haya dado la oportunidad de formar parte del laboratorio, es una experiencia tremendamente gratificante”, reconoce Brittez en diálogo con Bacap.

Para el joven otamendino, “haber participado de esta misión, poder hacer algo que vaya al espacio, es algo soñado”. Además, el estudiante destaca que “haber trabajado con otras universidades, con la NASA, con otros países en una misión conjunta es una experiencia muy linda, muy gratificante, muy buena”.

Sobre el hito alcanzado por el microsatélite argentino, Brittez comenta que si la expectativa era grande por enviar el cubesat al espacio, fue aún “más lindo recibir los mensajes en la Tierra”, es decir, cuando las estaciones en la Tierra recibieron las señales de ATENEA desde el espacio profundo.

“Es muy importante para nuestro laboratorio recibir los datos del receptor GNSS para validar justamente cómo funciona en el espacio”, asegura Brittez.

En el SENyT, trabajaron en los sistemas electrónicos del satélite, tanto el hardware como el software. Desarrollaron la computadora a bordo del satélite, el subsistema de comunicaciones y un receptor GNSS. Brittez trabajó en el desarrollo de software junto a Agustín Catellani, donde aplicó conocimientos que ya habían incorporado en el proyecto del cubesat USAT 1.

“El satélite cuenta con seis antenas y eso permite que prácticamente, sin importar la orientación del satélite, se pueda recibir la información en la Tierra. Fue bastante complicado el tema de las antenas, así que quedamos contentos con que hayamos podido recibir información del satélite en la Tierra”, describe.

Asimismo, el GNSS satelital les permite conocer cómo funcionan los receptores desarrollados en el SENyT en el espacio. “El GNSS permite orientar donde está el satélite y esa información se la pasa a la computadora a bordo, la computadora a bordo se la pasa a la placa de comunicaciones, y eso se transmite a Tierra. Así que eso es una parte muy importante del satélite y muy importante para la universidad y para nuestro laboratorio”, subraya.

microsatélite ATENEA
ATENEA, el cubesat diseñado por científicos argentinos, mide 30 cm x 20 cm x 20 cm.

USAT 1, el primer cubesat de una universidad pública

Además de trabajar en el desarrollo de software para ATENEA, Brittez ha participado en el proyecto del satélite USAT 1, el primer cubesat desarrollado en una universidad pública del país. Mide 10 cm x 10 cm x 34 cm y pesa 4 kilogramos. Su objetivo es demostrar que funciona la tecnología de técnicas GNSS aplicadas a la observación de la Tierra. Mediante sus sensores, se podrá recopilar información de distintos parámetros ambientales, como temperatura atmosférica, presión, características de la vegetación y humedad del suelo. 

Hace unas semanas el nanosatélite fue enviado a España, donde será colocado en un contenedor y luego trasladado a Estados Unidos. Su lanzamiento, en un cohete de la empresa Space X, tiene fecha estimada para junio de este año.

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