Un informe advierte por la caída del salario y el deterioro económico local

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Un informe del Isepci advierte que el Salario Mínimo Vital y Móvil perdió capacidad de compra frente a las canastas básicas desde el inicio del gobierno de Javier Milei. El trabajo vincula esa caída con la retracción del consumo, el cierre de más de 200 comercios y un mercado laboral que acumula meses de deterioro en General Pueyrredon.

El Salario Mínimo Vital y Móvil, que históricamente funciona como referencia para negociaciones salariales, programas sociales y jubilaciones, perdió poder adquisitivo frente al aumento del costo de vida durante los primeros dos años de la gestión de Javier Milei.

Así lo sostiene un informe elaborado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci) de Mar del Plata, basado en datos oficiales del Indec, que compara la evolución del salario mínimo con la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT).

Según el relevamiento, entre noviembre de 2023 y abril de 2026 el salario mínimo pasó de $146.000 a $357.800, un incremento acumulado del 145%. En ese mismo período, la Canasta Básica Alimentaria aumentó un 259%, al pasar de $185.050 a $665.053, mientras que la Canasta Básica Total escaló un 326%, desde $345.295 hasta $1.469.767.

Para el Isepci, estos números muestran una pérdida sostenida del poder de compra del salario mínimo, incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria.

El salario mínimo no alcanza para cubrir la alimentación

El estudio plantea distintos escenarios para una familia tipo integrada por dos adultos y dos menores.

Con un solo Salario Mínimo Vital y Móvil, los ingresos actuales no alcanzan para cubrir siquiera el costo de la Canasta Básica Alimentaria. En noviembre de 2023 ese ingreso representaba el 79% de la canasta de alimentos; actualmente apenas cubre el 53%. La distancia es todavía mayor frente a la Canasta Básica Total, donde la cobertura cayó del 37% al 24%.

La situación también empeoró para los hogares con dos salarios mínimos. Mientras que a fines de 2023 esos ingresos alcanzaban para cubrir la canasta alimentaria y gran parte del resto de los gastos esenciales, actualmente deben destinar cerca del 93% de sus ingresos solamente a la compra de alimentos y apenas logran cubrir el 49% de la Canasta Básica Total.

Desde el instituto sostienen que este deterioro explica el aumento del endeudamiento de las familias y la reducción del consumo de bienes esenciales, especialmente en los barrios populares.

El impacto también se refleja en los comercios

El informe vincula esa pérdida del poder adquisitivo con la caída del consumo y recuerda que, según un relevamiento de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), más de 200 comercios cerraron después de la temporada de verano y Semana Santa.

La cifra representa el 8% de los 2.400 locales relevados por la entidad empresaria.

Los cierres, además, no se distribuyen de manera uniforme. De acuerdo con el relevamiento, los corredores comerciales más afectados son aquellos ubicados cerca de barrios populares, entre ellos Juan B. Justo —la tradicional «avenida del pulóver»—, 12 de Octubre, Talcahuano y Alberti.

Para el Isepci, el fenómeno responde a una menor capacidad de consumo de los sectores de menores ingresos, que priorizan gastos esenciales y reducen compras en los comercios de cercanía.

Un mercado laboral que continúa deteriorándose

El escenario económico también tiene su correlato en el empleo. El informe cita datos del Observatorio Sociolaboral del Partido de General Pueyrredon, elaborado por investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que muestran un proceso sostenido de destrucción del empleo registrado.

Según ese trabajo, desde marzo de 2025 y hasta febrero de 2026 se acumularon 17 meses consecutivos en los que las bajas laborales superaron a las nuevas incorporaciones en empresas de cinco o más trabajadores.

A ese dato se suma el último informe de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, correspondiente al cuarto trimestre de 2025, que ubicó la desocupación en Mar del Plata en el 9,5%, el nivel más alto registrado durante la actual gestión nacional.

El estudio también destaca que un 11,8% de la población ocupada se encuentra subocupada y busca otro empleo para complementar sus ingresos, una situación que se traduce en un mayor peso de las changas y del trabajo en plataformas digitales.

En conjunto, ambos indicadores reflejan que más de uno de cada cinco marplatenses enfrenta dificultades para generar ingresos suficientes, en un mercado laboral con menor creación de empleo formal.

La preocupación también alcanza al puerto

El informe incorpora además la situación de la industria pesquera, uno de los motores económicos de Mar del Plata.

Según los datos citados, la actividad se contrajo un 15,2% durante 2025 y continúa mostrando señales de retroceso en 2026, un escenario que agrega incertidumbre sobre uno de los sectores que mayor cantidad de puestos de trabajo genera en la ciudad.

Con salarios que pierden poder de compra, comercios que cierran y un empleo registrado en retroceso, el informe del Isepci concluye que el enfriamiento de la actividad económica ya tiene efectos concretos sobre la vida cotidiana de miles de familias marplatenses.

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