“Es un lugar que me da más nostalgia que nervios a esta altura de la vida”, sostuvo el bailarín en diálogo con Bacap. Tras haberse retirado en 2018, el bailarín regresa a los escenarios con el espectáculo “El aplauso final”.
Ocho años después de su retiro como bailarín, Iñaki Urlezaga vuelve a los escenarios con “El aplauso final”. Tras funciones en Rosario, Montevideo y La Plata, el sábado 19 de septiembre a las 20 hs. se presentará en la sala Piazzolla del Teatro Auditorium. Las entradas ya pueden adquirirse por Plateanet y en la boletería del teatro.


El espectáculo está compuesto por dos partes. El comienzo consiste en una gala de dúos líricos emblemáticos del repertorio universal del ballet pertenecientes a Romeo y Julieta, La Traviata y El Lago de los Cisnes. Después de esa primera parte, tiene lugar la historia que da nombre al espectáculo: “El aplauso final”. La obra cuenta con música de Sergei Rachmaninov y tiene a Iñaki Urlezaga como coreógrafo e intérprete.
Volver a bailar
El deseo de regresar apareció de forma repentina. Tras retirarse, Iñaki siguió trabajando como coreógrafo, actividad que desarrolla desde el año 2003. Durante ese tiempo, volver a bailar no había sido un plan, ni siquiera un pensamiento intrusivo. Pero mientras trabajaba en el armado de “El aplauso final” descubrió que, sin darse cuenta, había creado un personaje a su medida.
“El aplauso final” es la historia de una bailarina que se despide de su carrera y un coreógrafo con quien prepara el último gran espectáculo. Este último rol es el que interpreta Iñaki.
Tomar la decisión no fue fácil. “Volver al escenario implica muchos reacondicionamientos, no solo físicos, sino también mentales y me costó mucho tiempo tomar la decisión. La verdad que lo medité y tenía el ‘no’, porque me había retirado y tenía el darme cuenta de que era un personaje que a mí me iba a quedar muy bien, que iba a poder disfrutar enormemente. Y en un momento digo: ‘Bueno, si yo presumo que me puede quedar bien y también lo puedo disfrutar, ¿por qué no lo voy a hacer?, ¿por qué me voy a negar la posibilidad?’. Es como decir, no quiero ser feliz. En un punto digo: ‘¿Quién me lo prohíbe?’, relata.


Luego de las dos primeras presentaciones en Rosario y Montevideo, Urlezaga manifiesta estar contento. “El ballet es muy lindo de hacer, tiene mucho humor, tiene mucho de comedia y es muy distinto. Es muy atípico para el teatro serio que haya humor en el escenario, porque siempre los ballets son más dramáticos, todo el mundo muere, siempre son tragedias. Acá no, todo el tiempo tiene mucha comicidad y mucha complicidad”, sostiene el bailarín.
—¿Cómo se construye la comicidad desde la danza?
—Es una obra muy teatral. No tiene texto, no tiene palabra, pero lo tiene en el cuerpo. Son muchas escenas muy disparatadas, que por ahí una no tiene nada que ver con la otra. Y a la vez eso va llevando una narrativa muy potente, porque tampoco es tan larga la obra y pasan muchas cosas, entonces son muchas cosas las que se van contando. Yo siempre digo lo mismo, es una obra de teatro bailada.
El ballet en tiempos y espacios distintos
La danza, sostiene Urlezaga, es un reflejo social. A pesar de que el ballet mantiene elementos de universalidad que establecen una continuidad entre lo que se bailaba antes y lo que se baila ahora, y entre lo que se baila en una parte del mundo y lo que se baila en otra, hay cosas que cambian.
Con respecto a las variaciones entre épocas, identifica principalmente diferencias en lo referido a las temáticas y a los roles de género en las historias: “Antes morían solo las mujeres, ahora mueren los hombres también. El varón tomó un rol muy protagónico hoy en día, que antes no lo tenía. Entonces también ya las historias no solamente son cuentos femeninos, sino también cuentos masculinos. Hay temáticas que se abordan que también son mucho más actuales”. “La sociedad va madurando y va, de alguna manera, de forma colectiva, eligiendo historias distintas”, explica.
En cuanto a las particularidades de cada región, el bailarín plantea: “Yo creo que cada país lo baila a su manera. Hay una manera muy particular de cómo uno siente la música y eso es cómo vos te expresás y cómo te movés y lo que terminás haciendo. Pero el ballet de alguna que otra manera también es universal, o sea que lo mismo que podés ver acá lo podés ver en Kuala Lumpur y en San Petersburgo”.
—¿Hay características propias del ballet argentino?
—Como le pasa a Latinoamérica, el ballet en Argentina es mucho más espontáneo, no es tan acartonado como en Europa. Es una manera muy propia de hacerlo porque el ballet es europeo, no es criollo, no es nuestro. Y a la vez también tiene toda la impronta latina, porque el argentino no va a ser un europeo nunca, por más que se sienta colonizado.
A lo largo de su extensa carrera, Iñaki Urlezaga fue parte de compañías argentinas, británicas y holandesas, y bailó en escenarios y festivales de todo el mundo. Entre esos escenarios estuvo el del Teatro Auditorium: “Es un lugar que me da más nostalgia que nervios a esta altura de la vida, porque ‘hay taco gastado’, dijo Moria Casán alguna vez. En este caso, zapatillas de punta”.
