Fito Páez volvió a Mar del Plata con un show arrollador de más de dos horas en un Polideportivo colmado. Hubo clásicos, canciones nuevas, un estallido contra la seguridad, una advertencia para evitar otra tragedia y varias generaciones reunidas alrededor de las mismas canciones. Una noche que empezó con el público sentado y terminó con todos de pie.
Por Juan Salas / Ph: Guido Adler
Amigos, amigas, familias. Chiquitos, grandes. Padres con hijos. Parejas. Los que lo escucharon primero en un cassette, los que llegaron después por un CD, los que lo descubrieron en Spotify y los que quizás heredaron sus canciones de alguien.
Hay algo difícil de explicar cuando uno mira alrededor en un recital de Fito Páez. El rosarino del 63 ya tiene 63 y no sólo consiguió poner sus canciones en nuestros walkman: se convirtió en la banda de sonido de nuestras vidas. De toda mi vida.
Fito estuvo ahí en los amores y los desamores, en las resacas, en las locuras y los delirios. En la muerte y en la bronca. En la furia, en los gritos y en ese deseo muchas veces irracional de libertad.
Entre las miles de personas que llenaron el Polideportivo Islas Malvinas me encontré con un amigo y colega. Hace unos 15 años hacíamos juntos un programa de radio que se llamaba Corriente Imperfecta. Tantas veces hablamos ahí de Fito, de Calamaro, del Flaco, de Charly.
Pasaron quince años. Nos encontramos en un recital de rock. ¿Dónde más?
Un Polideportivo que puede sonar bien


La última visita de Páez a Mar del Plata había estado atravesada por la celebración de los 30 años de El amor después del amor. Esta vez llegó con el Sale el Sol Tour y con material nuevo bajo el brazo.
Había además un antecedente extraño: después de uno de los shows recientes en el Movistar Arena circularon imágenes y comentarios sobre espectadores que se levantaban y se iban mientras Fito presentaba sus canciones nuevas.
Cuesta entenderlo.
¿Cómo se puede querer a un artista durante décadas y no tener curiosidad por escuchar qué tiene para decir hoy? ¿Cómo se le exige que vuelva una y otra vez sobre las mismas canciones que escribió hace treinta o cuarenta años?
Fito, a esta altura, también es un poco familia. Y a la familia se la escucha. Incluso —o especialmente— cuando viene a contar algo nuevo.
En Mar del Plata presentó un espectáculo arrollador. Y demostró, además, algo que muchas veces parece tan difícil: el Polideportivo puede sonar realmente bien.
Hace falta un maestro de orquesta para eso.
La banda estuvo ajustadísima y el sonido acompañó. También hubo un gran trabajo de luces, pensado para construir los distintos climas del concierto, y tres pantallas gigantes que cumplieron una función cada vez menos frecuente: permitieron ver sin intentar convertirse en protagonistas.
Fito salió vestido completamente de rojo y abrió con “Si Disney despertase”. Después llegaron “Las fuerzas armadas del amor”, “11 y 6”, “Tráfico por Katmandú”, “Muchacha”, “Lejos en Berlín”, “Shine” y “Hazte fama”.
Viejas y nuevas. Todas juntas.
Como el público.
Un poco de furia en la noche marplatense


Había algo raro desde el inicio: el campo del Polideportivo tenía sillas.
Lo habíamos hablado antes de que comenzara el recital. Un concierto de rock con el público sentado tiene algo de anomalía y, en determinado momento, hasta el propio Fito lo señaló al decir que aquello parecía el Colón. Fito quería un poco de quilombo, se notaba.
Mientras avanzaba el show comenzaron algunos movimientos entre espectadores que querían pararse, bailar y cantar. Personal de seguridad intentaba hacerlos sentar.
Y Fito explotó.
—No son policías, son seguridad de acá y no están haciendo nada malo. La represión que se la metan en el orto. Las cosas en su lugar, carajo. Me tienen los huevos llenos, man. Con tanto odio, con tanta mierda y tanta cara de orto y de policía. Se terminó eso. No existe más.
No fue una intervención preparada ni una frase destinada al recorte de redes sociales. Fue un estallido.
El enojo continuó durante la canción siguiente. “Así no se puede”, lanzó en un momento. Incluso abandonó el escenario durante unos segundos.
Después volvió y nadie volvió a sentarse. El campo entero quedó de pie. La gente bailó, gritó, cantó y el recital entró definitivamente en otro lugar.
Un poco de furia en la noche marplatense no viene mal, en tiempos en los que parecemos demasiado aletargados.
Horas después, Páez explicaría en sus redes sociales qué había visto desde el escenario. Contó que observó a personal de seguridad ordenar que se sentaran personas que se levantaban para bailar y cantar y que esas maneras lo habían retrotraído “a un pasado horripilante e indeseado”.
“Algo en nuestra sociedad se está instalando, naturalizando”, escribió. Y agregó: “Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre”.
Después resumió lo ocurrido: “La música curó todo”.
De la furia al cuidado


La misma noche tendría, sin embargo, otra escena que mostró la contracara de aquella explosión.
Después de “La rueda mágica”, Fito vio a una nena junto a las vallas. Se preocupó.
Pidió responsabilidad a la familia, pero también a la seguridad y a la producción. Habló de conciencia y de cuidado. De evitar riesgos. De no permitir que vuelva a ocurrir una tragedia. Nombró, incluso, a Cromañón.
Minutos antes había reclamado libertad para que la gente pudiera ponerse de pie y bailar. Ahora pedía responsabilidad para que esa libertad no pusiera a nadie en peligro.
No había contradicción. Había rock. Y había memoria.
Las canciones de nuestras vidas


Para entonces el concierto ya se había convertido en una sucesión de canciones imposibles de separar de algún recuerdo.
“El amor después del amor”. “Circo Beat”. “Brillante sobre el mic”. “Ciudad de pobres corazones”. “A rodar mi vida”.
¿Cómo se escucha una canción que uno conoce desde hace treinta años? Que envidia quienes las experimentan por primera vez. Que felicidad pensar que alguien descubrirá a Fito por primera vez.
Después tantos años, las canciones de Fito vuelven a aparecer. Y con ellas aparecen lugares, personas, noches, pérdidas, besos, amigos que ya no vemos, amores que terminaron, otros que empezaron y versiones anteriores de nosotros mismos.
Por eso un recital de Fito puede reunir a un chico y a alguien que lo escuchaba en un walkman. Las canciones son las mismas. Los recuerdos son distintos. Y tal vez de eso se trata.


Para los bises, Páez cambió el rojo por el blanco.
Volvió con “Sale el Sol”, la canción que da nombre a la gira. Después llegaron “Mariposa Tecknicolor”, “Dar es dar” y uno de los momentos más íntimos de la noche, cuando quedó frente al piano para cantar “Cable a tierra”.
Todavía faltaba “El diablo en tu corazón”. Pero antes del final dejó una idea. Habló de un corazón tocando y otro escuchando. De ese lenguaje extraño que construimos alrededor de las canciones. Pidió que no escuchemos menos.
—La música es maravillosa. Y si hace bien, es música.
Quizás no haya mucho más que explicar.
Habían pasado más de dos horas. Fito había tocado canciones nuevas y canciones que tienen décadas. Se había enojado, había abandonado unos segundos el escenario, había pedido libertad, había pedido responsabilidad, había recordado Cromañón, había tocado el piano y había hecho bailar a un estadio que al principio parecía condenado a permanecer sentado.
Afuera seguirían esperando la bronca, el ruido, las caras de orto, la política, los problemas y todo aquello que cada uno había dejado durante unas horas del otro lado de las puertas del Polideportivo.
Adentro, por un rato, hubo otra cosa.
Una nena descubriendo canciones.
Alguien recordando un amor.
Otro tratando de olvidar uno.
Miles de personas cantando la misma frase aunque cada una estuviera pensando en una historia diferente.
Porque Fito estuvo ahí durante todos estos años.
En los amores, en los desamores, en las resacas, en las locuras, en la muerte, en la bronca, en la furia y en los deseos de libertad.
Y todavía está.
Porque si hace bien, es música.


Setlist
- “Si Disney despertase” — Circo Beat (1994)
- “Las fuerzas armadas del amor” — Shine (2026)
- “11 y 6” — Giros (1985)
- “Tráfico por Katmandú” — El amor después del amor (1992)
- “Muchacha” — Rock and Roll Revolution (2014)
- “Lejos en Berlín” — Ey! (1988)
- “Shine” — Shine (2026)
- “Hazte fama” — Tercer Mundo (1990)
- “Al lado del camino” — Abre (1999) — piano
- “La buena estrella” — Abre (1999) — piano
- “Y dale alegría a mi corazón” — Tercer Mundo (1990)
- “Folis Verghet” — La la la (1986), junto a Luis Alberto Spinetta
- “Yo vengo a ofrecer mi corazón” — Giros (1985)
- “El amor después del amor” — El amor después del amor (1992)
- “La rueda mágica” — El amor después del amor (1992)
- “Circo Beat” — Circo Beat (1994)
- “Brillante sobre el mic” — El amor después del amor (1992)
- “Ciudad de pobres corazones” — Ciudad de pobres corazones (1987)
- “A rodar mi vida” — El amor después del amor (1992)
Bises
- “Sale el Sol” — Novela (2025)
- “Mariposa Tecknicolor” — Circo Beat (1994)
- “Dar es dar” — Euforia (1996) — piano
- “Cable a tierra” — Giros (1985) — piano
- “El diablo de tu corazón” — Rey Sol (2000)
