El cineasta, escritor y poeta reflexiona sobre la escritura como acto de resistencia en tiempos digitales y su rol como jurado del Gran Premio Banco Provincia de Literatura.
César González es una de las voces que mejor sintetiza esa tensión entre el presente digital y la persistencia de la escritura como espacio de sentido y resistencia. Escritor, cineasta y jurado del Gran Premio Banco Provincia de Literatura, participó de la presentación del libro En el misterio del mundo, volumen que reúne los cuentos ganadores y menciones de la edición 2025 del certamen. Su historia de vida mezclada con su recorrido artístico, atravesado por la literatura autobiográfica y el cine, lo posiciona como un observador atento de los cambios culturales y de las formas contemporáneas de narrar.
Desde ese lugar, González plantea que escribir hoy no es un gesto inocente ni automático. Por el contrario, entiende la escritura literaria como un acto que permite reconectar con lo humano en un contexto dominado por la inmediatez y la hiperconectividad. Para él, volver al papel, a las ideas sueltas y a la reflexión personal implica recuperar creatividad, sensibilidad y una forma propia de mirar y sentir el mundo.
“Hoy escribir pasó a ser casi un acto de resistencia heroico”, afirma. “Estamos bombardeados por la digitalidad de una manera omnipresente. Es verdad que escribimos todo el tiempo en el celular, pero la escritura literaria, la de volcar pensamientos en un papel, es una manera de volver a conectarnos con lo que nos hace humanos. Hace veinte años no era algo extraordinario; hoy pasó a ser un acontecimiento en sí mismo. Por eso es tan importante apoyar eventos que potencien y motiven a la gente a escribir”.
González fue parte del jurado del Gran Premio Banco Provincia de Literatura que premió a Mariano Tomasovic, Victorio Carpintieri y Pablo Ortiz.
—¿Cómo fue el proceso de selección como jurado del Gran Premio Banco Provincia?
—Es difícil y contradictorio. Hay muchísimo compromiso de los autores, gente que escribe por fuera de su trabajo y de su tiempo familiar. No es fácil encontrar tiempo para escribir. Decidir que tres cuentos son “mejores” que otros es arbitrario. A nosotros nos llega una curaduría previa del banco y la calidad era muy alta. Dan ganas de que ganen todos, pero es parte de la experiencia del jurado.
—¿Qué dice esta selección de cuentos de En el misterio del mundo sobre la identidad o la herencia actual?
—Mucho. La identidad bonaerense aparece de formas muy diversas: desde lenguajes realistas hasta registros más ligados a la fantasía. Siempre hay una localidad, una idiosincrasia, una forma particular de vivir en algún punto de la provincia de Buenos Aires, que es inmensa, casi un continente. Hay una identidad general, pero debajo de eso conviven muchas maneras distintas de habitarla.
—¿Leer estos cuentos te motiva a escribir?
—Sí, siempre. Yo vengo más del cine y de una escritura que no está tan ligada al cuento, nunca publiqué uno, pero cuando uno lee, inevitablemente dan ganas de escribir.
A González se lo nota relajado con un Campari en la mano y el mar de fondo, lejos de esas instituciones de encierro en las que estuvo preso entre los dieciséis y los veintiún años. Ya puede bajar la guardia y sin quererlo se le escapa una primicia: que se encuentra trabajando en su tercer libro autobiográfico, el que continuará con las publicaciones El niño resentido y Rengo Yeta.
Escribir, para González, es casi un acto heroico. Y sobrevivir a su propia historia vida para contarlo también.
