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Guido Carmona: “Cualquiera que se anima a amar es un artista”

El domingo 18 de enero, en Chauvín, desembarca Un muerto más con su universo creativo, donde música, poesía y performance se encuentran en un relato íntimo y visceral.

Por: Alejandra Bertolami 

Guido Carmona construye su obra desde la fragilidad, la intuición y una búsqueda permanente de verdad. En Un muerto más, su proyecto artístico, la música funciona como punto de partida para un universo donde conviven la poesía, el cuerpo, la imagen y la actuación, desdibujando los límites entre disciplinas y transformando cada presentación en una experiencia emocional. Lejos de las estructuras rígidas, Carmona crea desde el desorden creativo, desde ese “ruido en la cabeza” que, según él mismo cuenta, muchas veces es el motor de lo que quiere decir.

Un muerto más propone un viaje sensible por aquello que cuesta nombrar: los miedos, la vergüenza, las emociones intensas y las pequeñas muertes que atraviesan la vida cotidiana. “Me gustaría que uno se encuentre con esa fragilidad consigo mismo”, dice Carmona, y ese deseo atraviesa toda la obra. Las canciones aparecen como relatos abiertos, capaces de despertar recuerdos nostálgicos y también zonas más oscuras, invitando al público a reconocerse más allá del disfraz, en un territorio profundamente humano.

En escena, Guido no solo canta: interpreta, narra, encarna emociones y personajes, construyendo un relato fragmentado que se despliega a lo largo del espectáculo. Con una fuerte impronta autoral y una sensibilidad contemporánea, Un muerto más se afirma como una propuesta singular dentro de la escena independiente, donde el vivo cobra un rol central y cada función se vuelve irrepetible.

El multifacético artista se presentará en Mar del Plata el domingo 18 de enero, en Chauvín, en una noche que promete ser intensa, poética y atravesada por una cercanía emocional poco habitual.

En tus canciones la palabra tiene un peso muy fuerte. ¿Qué nace primero en tu proceso: la música o la poesía?
– Creo que no hay algo que nazca primero. Hace un tiempo intento, en el momento de la inspiración o a la hora de escribir, no estructurar, no pensar de antemano sobre qué voy a escribir, sino simplemente dejar que fluya y que después tome forma. Muchas veces todo arranca siendo solo frases, que luego van encontrando su lugar —como en un camino de Tetris— y se convierten en poesía, para después terminar siendo canciones. Otras veces escribo una canción y me quedo con ganas de más, y eso termina transformándose en una poesía. Me gusta no estructurarlo demasiado y dejar que salga lo que salga; así fue como, un día, terminé escribiendo el guion de la película que acompañó mi último disco.

Tu obra se mueve entre música, poesía y otras formas de expresión. ¿Cómo conviven todas esas aristas en vos sin volverse ruido?
– Dentro de mi cabeza siempre hay un poco de ruido, como en la de todos, y creo que a veces ese desorden está bien, esa sobreinformación también. Siempre fui una persona muy inquieta, que se mueve mucho, y siempre me gustó sentir curiosidad por las distintas aristas del arte. Creo que es esa misma curiosidad mía, como oyente o espectador, la que me lleva a ser así como artista.

¿El proceso creativo es más intuitivo o hay una disciplina detrás de Un muerto más?
– Creo que es un poco de las dos cosas. Hay algo intuitivo, una especie de fuerza, una necesidad que a veces ni yo mismo puedo entender, pero que pide salir, bajar. Durante mucho tiempo también toqué como artista callejero, tuve distintos proyectos y trabajé desde lugares muy diversos: desde lo audiovisual hasta lo más musical. Fui recorriendo distintas aristas artísticas que me llevaron a ser quien soy y a comprender la importancia de transmitir algo y lograr que llegue del otro lado.

¿Qué cosas te activan creativamente y cuáles te bloquean?
– Me gusta estar siempre abierto creativamente. Viajar en colectivo es algo que me inspira mucho; creo que es la posibilidad de ver, por la ventana, una película en plano secuencia de la ciudad en la que uno vive. Es algo que siempre me encanta, porque me permite prestarle atención a cosas que ya tenemos naturalizadas y a las que, por ahí, no les damos tanta importancia. Uno se detiene en ciertos lugares, observa detalles, interacciones, colores, y todo eso termina inspirándome mucho. También me gusta mucho ver películas. Creo que el cine tiene un lenguaje que me abre puertas a la creatividad. A la vez, me bloquea mucho estar bien. Me bloquean esos momentos en los que uno es muy feliz, está muy enamorado, muy contento o rodeado de muchos amigos. En los momentos más felices, cuando mejor estoy, es cuando menos ganas tengo de escribir o de ser creativo: tengo ganas de disfrutar de la vida y de olvidarme de que, en cualquier momento, puede bajar alguna idea.

¿Cómo nace Un muerto más? ¿Recordás el primer impulso o la primera vez que sentiste que ahí había un proyecto?
– Sí, nace de la necesidad de poder expresar algo que no tenga tanta estructura y, al mismo tiempo, tenga muchas aristas. Surge de una necesidad personal de sacar cosas que tenía adentro y de engendrar un proyecto que le dé la misma importancia a la música, a lo audiovisual, a lo performático y a lo actoral, donde se desdibujen los límites entre las disciplinas. Hay algo de eso que siempre me interesó: ser más disruptivo, poder mostrar algo de distintas maneras, preguntarme de cuántas formas se puede decir lo mismo. Esa pregunta es la que me llevó a conformar y a ir creando el universo de Un muerto más.

¿Qué te gustaría que le pase a alguien cuando escucha Un muerto más de amor por primera vez?
– Me gustaría que uno se encuentre con esa fragilidad consigo mismo. Muchas veces hay cosas que tenemos miedo de decir en voz alta, cosas que nos da vergüenza sentir o pensar: tal vez por ser intensos, tal vez por pesados, tal vez por pura vergüenza. Creo que Un muerto más tiene algo especial: transmite las cosas a flor de piel y trae recuerdos, tanto nostálgicos como difíciles, de todo lo que uno atraviesa en la vida. ¿Cuántas veces morimos en vida, no? Y, aun así, tenemos que volver a levantarnos y seguir viviendo como si nada hubiera pasado. Me gusta que la gente se encuentre con eso, con algo que está más allá del disfraz, algo que viene de adentro, que tiene que ver más con lo que le pasa a uno por dentro que con lo que se muestra hacia afuera.

¿Qué artistas sentís que hoy te representan o dialogan con tu manera de hacer arte?
– Creo que es un momento donde la escena está buenísima, porque están pasando un montón de cosas y hay artistas haciendo proyectos que van desde lo más minimalista hasta cosas súper zarpadas. Es un momento en el que todos estamos buscando marcar nuestra diferencia, encontrar nuestro camino, y eso es muy lindo de ver. Me gustan muchos artistas. En este momento, del mainstream argentino, mencionaría a Dillom, Catriel y Paco, que tienen carreras tremendas y un idioma propio, con formas muy particulares de decir las cosas desde la comedia, el terror o distintos lugares que para mí son muy interesantes. Y lo mismo pasa con proyectos más pequeños, como Plastilina, entre tantos otros.

¿Tus influencias vienen más de la música o de la literatura, el cine, lo cotidiano?
– Creo que es una mezcla de todo. Desde muy chico intento rodearme de arte y consumirlo: me gusta mucho el cine, escuchar música, ir a museos. Con la literatura, por ejemplo, tengo momentos en los que me encuentro y otros en los que me desencuentro. Mis influencias provienen de una mezcla de todo, pero creo que vienen más desde el lugar de oyente que de artista. Me gusta representar un poco el arte que todos llevamos adentro; algunos lo trabajan más, otros menos, pero me gusta pensar que cualquiera que se anima a amar es un artista. Hay algo de lo cotidiano y de la gente que me llama muchísimo la atención.

¿Hay discos, libros o autores que vuelvan como faros cada vez que necesitás reencontrarte con el eje creativo?
– Sí, el último disco de The Strokes, un poco de Piazzolla, los discos de los Sex Pistols, de The Clash, de Sumo y de Intoxicados son algunos de los discos que me han acompañado a lo largo de toda mi vida, desde que soy muy chico. Cada vez cambia el significado de las escuchas, pero siempre vuelven a mí.

¿Qué proyectos te deparan para el 2026?
– El 2026 será un año en el que voy a salir a presentar mi disco en muchos lugares, elevando la apuesta performática y creando una propuesta integral, con historias que van de principio a fin. Tengo preparados unos shows nuevos que están muy buenos y, además de girar con mi disco, habrá un par de sorpresas más.

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