Alquileres truchos, pagos con QR adulterados y falsas promociones para jubilados forman parte de las estafas más comunes de la temporada. Qué tener en cuenta para evitarlas y qué hacer si ya fuiste víctima.
Enero es un mes de movimiento constante: turistas que llegan y van, dinero que circula, transacciones rápidas y decisiones tomadas con menos tiempo, más confianza, en cualquier hora. Ese escenario es aprovechado no solo por comerciantes, sino también por delincuentes que encuentran en el verano una oportunidad para cometer estafas que, aunque no son nuevas, se multiplican año tras año.
Los alquileres temporarios acordados por redes sociales, los pagos con códigos QR en bares y paradores, las falsas promociones y los engaños dirigidos especialmente a jubilados forman parte de un mapa delictivo que se repite cada verano y que deja a muchas víctimas con las vacaciones arruinadas y pérdidas económicas significativas.
Alquileres truchos: cuando las vacaciones empiezan mal
Una de las modalidades más frecuentes es la estafa en alquileres de verano. Turistas que, para evitar intermediarios o ahorrar dinero, buscan alojamiento a través de redes sociales y acuerdan directamente con supuestos propietarios.
En uno de los casos registrados, una familia llegó a la casa que había alquilado para pasar sus vacaciones y descubrió que el inmueble no estaba en alquiler y que los legítimos ocupantes no sabían nada del acuerdo. Lo más grave fue que, ese mismo día, cuatro grupos distintos de turistas tocaron la misma puerta convencidos de haber alquilado la propiedad. Todos habían sido estafados.
En otro hecho similar, los delincuentes replicaron avisos reales publicados en Facebook, copiaron fotos y descripciones de departamentos disponibles y los ofrecieron nuevamente. Cuando las víctimas llegaron a Mar del Plata, se encontraron con que no tenían alojamiento, a pesar de haber pagado por adelantado.
Las maniobras no son nuevas: publicaciones falsas, imágenes robadas de inmobiliarias, precios muy por debajo del mercado y pedidos de señas o depósitos por transferencia directa. Una vez enviado el dinero, el contacto desaparece.
Qué hacer si el alquiler resultó ser una estafa
Desde el Colegio de Martilleros y la Defensoría del Pueblo recomiendan que, ante una estafa de este tipo, la denuncia incluya la mayor cantidad de información posible: capturas del anuncio, dirección del sitio web o red social donde se publicó, datos de contacto utilizados, intercambios de mensajes o correos, comprobantes de pago y un relato detallado de las fechas y circunstancias del hecho.
Si el responsable fuera un martillero o corredor público, la denuncia debe realizarse en el Colegio de Martilleros, ubicado en Bolívar 2953.
Si se trata de publicidad engañosa o falseamiento de datos, corresponde recurrir a la Dirección de Defensa del Consumidor, en Belgrano 3467.
Cuando directamente no existe el inmueble o la identidad del oferente es falsa, se debe radicar una denuncia penal en comisaría o fiscalía.
Una estafa fuera de temporada
Las estafas no se limitan al alquiler turístico. Una denuncia reciente ingresada en la Fiscalía N° 17, a cargo de Javier Pizzo, da cuenta de una maniobra similar, pero vinculada a un supuesto contrato de alquiler por seis meses.
La víctima relató que vio un aviso en Facebook sobre un departamento amoblado y se contactó por WhatsApp. Del otro lado le aseguraron que se trataba de un alquiler formal, con contrato y una ubicación precisa. Primero le pidieron un depósito de 100 mil pesos. Luego, le exigieron el pago del primer mes por adelantado y le enviaron una “factura” como comprobante.
En total, la mujer transfirió 479 mil pesos. Más tarde, le solicitaron más dinero como supuesto requisito adicional. Ante la negativa, ofrecieron anular el contrato con una quita. El reintegro nunca llegó. Incluso recibió una llamada desde un perfil que decía pertenecer a un banco, con la misma imagen que el contacto anterior. Finalmente, realizó la denuncia policial y aportó capturas y comprobantes.
Pagos con QR y el “error del sistema”
Otra modalidad en crecimiento durante el verano es la estafa con códigos QR, especialmente en paradores, bares y comercios informales. Según advierten desde el CPCIBA (Consejo Profesional de Ciencias Informáticas de la Provincia de Buenos Aires), una práctica habitual es el reemplazo del QR original por uno falso. El pago se realiza con normalidad, pero el dinero termina acreditado en una cuenta distinta a la del comercio.
También se repite el llamado “error de pago”: el estafador asegura que el dinero no ingresó y pide repetir la operación. En contextos de ruido, apuro y alta circulación, muchas personas acceden sin verificar el movimiento en su aplicación.
Descuentos falsos para jubilados
La Fiscalía N° 17, detectó que persisten las estafas dirigidas a jubilados. La maniobra comienza en redes sociales, principalmente Facebook, con anuncios falsos de descuentos especiales en nombre de empresas reconocidas o bancos.
Para acceder al beneficio, se pide dejar un número telefónico. Luego, un estafador se contacta y envía un enlace para “habilitar” el descuento. En realidad, se trata de aplicaciones de acceso remoto que permiten ingresar al celular de la víctima. Así, logran entrar al home banking, vaciar cuentas, tomar créditos y generar deudas.
La maniobra no es nueva, pero se reinventa y se potencia en un contexto de crisis, apuntando a personas mayores con menor alfabetización digital.
Cinco consejos para no caer en estafas este verano
1. Desconfiar de ofertas demasiado convenientes
Precios muy bajos, apuro para cerrar o pedidos de pago inmediato suelen ser señales de alerta.
2. Evitar transferencias directas sin respaldo
En alquileres, priorizar inmobiliarias o profesionales matriculados. Las plataformas formales ofrecen mayor protección.
3. Verificar siempre los pagos con QR
Controlar destinatario e importe antes de confirmar. Desconfiar de QR impresos o pegados sobre superficies.
4. No hacer clic en links enviados por desconocidos
Ningún banco ni empresa solicita datos personales, claves o instalaciones de apps por mensaje o llamada.
5. Pedir ayuda ante la duda
Consultar con un familiar o persona de confianza puede evitar pérdidas económicas importantes.
Tecnología, descuidos y prevención
En vacaciones, el celular se convierte en billetera, agenda y medio de pago. Muchas veces se usa en espacios públicos, con Wi-Fi abierto y sin medidas de seguridad activas. Desde el CPCIBA advierten que la automatización de los pagos y la confianza en la tecnología llevan a confirmar operaciones sin revisar datos clave.
Ante una transacción sospechosa, recomiendan actuar de inmediato: bloquear la cuenta desde la aplicación, cambiar contraseñas, contactar al soporte y conservar comprobantes para realizar la denuncia.
La tecnología no es el problema. El riesgo aparece cuando la relajación propia del verano reemplaza a la verificación. Unos segundos de atención pueden evitar que una estafa convierta las vacaciones en un mal recuerdo.
Bonus track: cuando el blanco es un abogado
Ni siquiera los profesionales del derecho quedan fuera del radar de los estafadores. En un intento de maniobra reciente, un abogado recibió un llamado telefónico de personas que se presentaban como integrantes del Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires. Con tono formal, le explicaron que necesitaban “verificar” y “certificar” algunos datos de su matrícula.
La información inicial que mencionaban era correcta y pública: nombre, especialidad y datos visibles en registros oficiales. A partir de allí, avanzaron con preguntas que buscaban inducir al profesional a modificar o confirmar información sensible, una práctica habitual en este tipo de estafas para obtener accesos posteriores.
El intento no prosperó, pero dejó en evidencia una modalidad cada vez más frecuente: el uso de datos reales y verificables para generar confianza y bajar las defensas de la víctima. “Si llaman con información que parece oficial, muchos creen que se trata de un trámite administrativo legítimo”, explican especialistas en ciberseguridad.
En este verano, parece que nadie está a salvo de los estafadores, ni siquiera los abogados.
