En diálogo con Bacap, el autor reflexiona sobre las fuentes de inspiración, describe la idea del escritor como soldador, comparte sus búsquedas literarias y habla de su amistad con el actor Viggo Mortensen.
Por Agustín Casa
Con un piluso rojo y gafas oscuras, Fabián Casas busca refugio del insoportable sol de un mediodía de enero en Mar del Plata. A la sombra, en el patio del espacio Chauvin, donde este verano se lleva adelante el festival literario MarPlaneta, el autor se apresta para una charla descontracturada. Por la noche, junto a Adriana Riva, el tema del encuentro con los lectores es la idea de las musas en la literatura.
“A mí me estimula la gente con la que me cruzo”, cuenta Casas a Bacap sobre la inspiración a la hora de escribir. “La forma de hablar de una persona, que habla de una manera espectacular o que habla en poesía -continúa-, me atrae y me activa para escribir. O por ahí si alguien me cuenta la historia de algo o veo una película, trato de robar estructuras de la película, las traigo para el relato. O si estoy escribiendo una película, lo mismo. No tengo imaginación. Entonces, estoy todo el tiempo trabajando con cosas que van sucediendo. Pero sí trabajo como un soldador, no como un soldado. Sueldo un montón de cosas y a mí me resulta interesante eso”.
La idea del soldador, asociada al oficio del escritor, permanece a lo largo de la entrevista. “Voy soldando lo que quiero armar con los textos, cosas que me dicen. Esa técnica tiene que ver con eso. Porque también hay soldados en la literatura, que dicen: ´Mi estética es esta, esto es lo que sirve, lo otro no´. No me interesa eso. Yo soy un soldador, estoy disponible para leer a todos. Nunca sé qué es lo que me va a influenciar, por ahí lo más raro. Leés un libro que te parece imposible y eso te atrae un montón después”, comenta.
Casas le dedica más tiempo a leer literatura que a escribir y sus tiempos de escritura son un desprendimiento de los momentos de lectura. “Paso más tiempo leyendo que escribiendo. No soy muy prolífico y no escribo mucho tiempo durante el día, pero leo un montón, eso me encanta. Me considero más lector que escritor. Inclusive cuando tengo disponibilidad para escribir es porque estuve leyendo”, afirma.
Durante 2025, Grupo Planeta reeditó tres de sus libros. Las novelas Ocio y Los Lemmings y otros y el volumen de narrativa breve Una serie de relatos desafortunados. Este último fue publicado por el autor en 2020 y reúne una serie de relatos que tenía escritos hace tiempo.
—¿Hiciste un trabajo de soldador para unir esos relatos?
—No volví a trabajar los textos. Los encontré durante la pandemia, por un pedido que me hicieron de un libro, de publicar un texto mío. Como no soy muy prolífico, no tenía ninguno, pero vi que tenía textos que había dejado de lado a lo largo de los años, y tampoco me parece que esté bueno tomarse tan en serio pensar que podés controlar cómo vas a ser percibido, me parece una estupidez. Viste que hay gente que pasa mucho tiempo vistiéndose. En realidad, no podés controlar cómo vas a ser percibido.
—La obra se completa con el lector.
—Sí. Entonces, agarré todos esos textos que tenía, les hice un prólogo y me gustaba también mostrar en que yo sentía que no cerraban. Pero, si lo pienso en serio, hay un montón de libros míos que no cierran por ningún lado, y me gusta eso.
Para Casas, no hay una forma única de escribir y cada escritor busca su manera. De acuerdo a su subjetividad y su historia, cada autor construye los textos.
“Estoy escribiendo unos relatos hace un montón, y lo que trato de ver es qué técnica voy a utilizar, qué técnica manejo menos, cómo puedo fusionar determinadas estructuras lingüísticas para que dé una imagen más potente o más rara o más extraña. Todo eso lo tengo, todo el tiempo”, reconoce.


La poesía en su vida
Casas subraya que la poesía es lo que más le gusta en el mundo, se escriba en verso o no. “Te da una cosa que está buenísima. Cuando sos poeta, cuando empezás a escribir poesía, los primeros libros que publicás son poemas y no tenés ninguna expectativa de nada. Eso te cura, o sea, tenés mucho tiempo en el fracaso. Está buenísimo, porque no hay nada que te pueda hacer conmover mucho más, porque publicar poemas es hermoso, leer poesía es hermoso y también perdés expectativas”, señala.
—¿Te sentís un poeta incluso al momento de escribir narrativa?
—Ojalá que sea un poeta. Sí, yo siempre pienso que trabajo de la misma manera. Escribo versos, poemas cortos, tienen una estructura narrativa y, a veces, esa misma respiración cambia y se vuelve un relato o se vuelve un guion.
Suele asistir a festivales o encuentros de literatura y con una respuesta da cuenta de su apertura con compañeros del oficio y voces emergentes: “Me gusta más escuchar a gente que hablar yo”. Y confiesa: “He ido a encuentros de literatura donde me terminé llevando libros que me rompieron la cabeza de gente que iba como espectador”.
Desafíos literarios
Casas tiene publicados libros de poemas, ensayos, novelas, relatos y cuentos y guiones de películas. “No me cierro a nada, estoy abierto a todo y siempre me gusta hacer cosas que no entiendo”, afirma.
En esa exploración literaria y búsqueda de formatos se acercó a la dramaturgia. Nunca había escrito obras de teatro y no sabía cómo encarar esa tarea, pero emprendió esa misión.
“Escribí dos y no las escribí con un formato ortodoxo de teatro, porque no tengo idea, y tampoco los guiones míos son ortodoxos porque no sé escribir guiones como se escriben, sino que escribo con guion, dibujos, estructura, citas para el director. Después se pasa a un sistema, lo tenés que producir”, aclara.
El cine y la escritura colaborativa
En los últimos años, una buena parte de su tiempo de escritura estuvo dedicada a guiones de películas. Escribió Ocio (2010), basada en su novela, junto a Alejandro Lingenti. Con Lisandro Alonso, es coautor de los guiones de las películas Jauja (2014) y Eureka (2023), esta última también con Martín Caamaño. Además, es guionista de El jockey (2024) en coautoría con Luis Ortega y Rodolfo Palacios, que recibió distinciones en los festivales de Venecia y San Sebastián y fue la película argentina seleccionada para representar al país en el camino a los Oscars del año pasado.
—¿Cómo te sentís en el rol de escribir cine?
—Me gusta todo, sobre todo me gusta que disfruto mucho porque no escribo solo.
—¿Te gusta la escritura colaborativa?
—Claro, me gusta escribir con los demás porque los demás te aportan, te enseñan. Entonces, esa parte colectiva que tiene el cine a mí me parece alucinante. Me estimula mucho y aparte me tocó escribir con guionistas geniales, que me enseñaron un montón.
—¿Estás trabajando en nuevos proyectos cinematográficos?
—Sí, tengo tres películas que estoy escribiendo.
—¿Con Ortega y Palacios?
—No, escribí una película con Valeria Bertucelli. Estoy escribiendo una película con “Toto” Ferro y escribí una película con Victoria Galliardi, que se empieza a filmar ahora.
—Seguís con la búsqueda, entonces.
—Sí, por ahora voy escribiendo como una película por año. Hasta ahora tengo suerte y me llaman.


Su amistad con Viggo
Su amigo, el destacado actor Viggo Mortensen, protagoniza dos películas que escribió como coautor: Jauja y Eureka, ambas dirigidas por Lisandro Alonso. Además, Mortensen y Casas escribieron un guion para una película que esperan poder filmar en Argentina.
—Recuerdo que con Viggo fueron a Bahía Blanca a la presentación de un poemario, ¿cómo fue eso?
—Él escribió un libro de poemas (Ramas para un nido), yo escribí el prólogo y vino a presentarlo a Bahía Blanca. Y después lo presentamos en el CCK.
—¿Continúa ese vínculo de amistad?
—Soy muy amigo de él. Ese guion que escribí lo viví en unas vacaciones que me quedé en la casa de él. Varias vacaciones las paso con él y con su mujer, Ari. Es un ser muy querido para mí.
—Imagino que uno de los motores de esa unión fue San Lorenzo al inicio.
—Sí, San Lorenzo porque mi papá lo conoció primero a Viggo. Mi papá era muy de ir a la cancha y Viggo lo conocía. Mi papá era de Boedo. Viggo lo conoció, creo que mi papá le regaló una corbata, se hicieron amigos y después lo conocí yo.
—Con Viggo han trabajado en distintos proyectos.
—Jauja, Eureka, todo con Lisandro, y ahora tenemos un guion terminado que quizás algún día lo filmemos acá, en Buenos Aires.
—¿También sería con Lisandro?
—No, lo va a dirigir Viggo, la idea es esa. El guion está terminado, habría que volver a leerlo porque lo escribimos rápido.
—¿Él sería protagonista y director de la película?
—No, solamente quiere dirigir. Viggo dirigió dos películas muy buenas. En las dos tuvo que actuar para conseguir capital, pero la idea sería que solamente dirija.
De manera auténtica y descontracturada, Casas nada y se sumerge en las aguas de los distintos géneros literarios. Entre lo lúdico de la escritura y el oficio de soldador (de la escritura) trabaja sus textos y explora nuevos formatos. Es receptivo a escuchar y leer a sus colegas y encuentra inspiración en los encuentros sociales.
Sus ganas por leer, escribir y explorar se perciben en su entusiasmo al hablar. De la poesía al teatro y de la narrativa al guion de cine.
El festival MarPlaneta, organizado por Grupo Planeta, continúa el 2 y 3 de febrero en el Centro de Creación Chauvin (San Luis 2849), con entrada libre y gratuita. Participarán de distintas actividades autores como Gabriel Rolón, Cynthia Wila, Hugo Alconada Mon, Jorge Fernández Díaz, Osvaldo Gross, Daniel Mecca, Guillermo Martínez, Nico Artusi, Martín Kohan, Alexandra Kohan, Agustina Buera y Florencia Dapiaggi.
