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febrero 20, 2026

Jorge Fernández Díaz: “El escritor puede entrar donde el periodista no llega”

El periodista y escritor presentó El secreto de Marcial  y habló sobre su padre, el cine clásico, la autoficción y los límites entre literatura y periodismo.

Por Juan Salas

La literatura puede separar a un padre de un hijo. Pero también puede volver a unirlos. En El secreto de Marcial, Jorge Fernández Díaz convierte esa tensión en novela y transforma un conflicto íntimo en una reflexión sobre el amor, la memoria y la identidad.

El libro nació de una pregunta íntima pero terminó expandiéndose hacia algo más amplio: la educación sentimental de una generación marcada por el cine clásico de Hollywood, la inmigración y los silencios familiares. En diálogo con Bacap, el autor habló sobre la figura de su padre, el poder formativo de las películas y los límites éticos entre ficción y periodismo.

El secreto de Marcial —con la que Jorge Fernández Díaz ganó el Premio Nadal en España— fue presentada semanas atrás en el Festival MarPlaneta, en Chauvín.

El padre, el fantasma y el cine

—¿En qué momento sentiste que El secreto de Marcial también hablaba de la época y no sólo de una historia familiar?

—Viene de Mamá, que escribí en 2002. Me preguntaba por qué mi padre era apenas un capítulo. Mi madre lo ocupaba todo, era una matriarca. Pero el fantasma de mi padre me rondaba. No sabía quién era, no sabía cómo escribirlo. Y un día entendí que teníamos algo en común: el cine.

Ese descubrimiento fue el punto de partida. Padre e hijo compartían las películas que veían en la televisión en blanco y negro: el Hollywood de los años 40 y 50, su época dorada. Allí, dice Fernández Díaz, se produjo una “educación sentimental” involuntaria.

—Somos lo que vimos. Está poco estudiado cuánto influye lo que vemos en nuestra forma de pensar. El melodrama moldea nuestras vidas. Creemos que después de una mala viene una buena porque así lo enseñaban las películas. Incluso nuestra idea del amor está atravesada por eso: ¿quién no quiso ser protagonista de un amor imposible? Y no hay nada más tóxico que un amor imposible deliberado.
Ese vínculo con su padre, marcado por conflictos y largos silencios —sobre todo cuando decidió dedicarse a la literatura y al periodismo— encontró una grieta por donde recomponerse: la ficción.

En una redacción, mientras publicaba una novela negra por entregas, recibió una llamada inesperada. Era su padre.

—Me preguntó por el final del capítulo: “¿Va a recuperar el dinero?”. En el bar estaban todos discutiendo la historia. Me fui al baño a llorar. Nos había separado la literatura y la literatura nos volvió a unir.

El inmigrante y la desconfianza

El padre de Fernández Díaz era un inmigrante asturiano, mozo de bar, que desconfiaba de los oficios “bohemios”, como el periodismo. Con el tiempo, el escritor comprendió esa mirada.

—¿Con qué padre te encontraste cuando terminaste la novela?

—Lo comprendí más. ¿Por qué no iba a desconfiar ese inmigrante que se había hecho desde abajo? Nosotros no podemos ver a nuestros padres como seres deseantes. Tenemos un recorte muy curioso sobre ellos.

La novela ganó el Premio Nadal en España, en una escena que el autor define como una ironía del destino: su padre, que había querido volver a su tierra sin lograrlo, regresaba simbólicamente convertido en literatura. Más tarde, recibiría también el premio “Cambia” a la excelencia periodística de manos de los reyes de España, quienes mencionaron públicamente a sus padres.

Autoficción y límites éticos

El secreto de Marcial no es una biografía ni una crónica estricta. Es autoficción. Fernández Díaz decidió unir las partes faltantes con recursos narrativos sin vulnerar la verdad esencial. «Solamente mi hermana puede saber qué es inventado y qué no», cuenta y agrega: «Y me dijo que lo inventado es totalmente verosímil. Está tomado de la realidad, pero condensado».

—¿Cuál es tu límite ético?

—En el periodismo no se puede inventar nada. Lo que no se puede probar, no se publica. Pero el escritor puede entrar donde el periodista no llega: puede imaginar, puede cruzar el espejo y ver la realidad desde el otro lado.

Esa tensión es la que también atraviesa su presente. En sus relatos de domingo, “Política ficción”, inventa personajes para narrar mecanismos de poder que no pueden probarse judicialmente pero que, asegura, funcionan de ese modo.

—Siempre me llama alguien para decirme: “Eso pasó”. Yo lo imaginé. Lo que intento es contar lo indecible.

Literatura y periodismo: dos caras de una misma moneda

—Hoy, ¿qué cuenta mejor la época: la literatura o el periodismo?

—No son incompatibles. Son anverso y reverso. La novela puede contar episodios que el periodismo no puede. Pero el periodismo tiene que tener límites. Y yo no creo en el columnista que no hizo calle. Hay que haber vivido el oficio.

En Mar del Plata Fernández Díaz volvió sobre esa idea que atraviesa su obra: las historias íntimas, cuando están bien contadas, terminan siendo colectivas. “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, recordó. Y en El secreto de Marcial, esa aldea es una familia atravesada por la inmigración, el orgullo, el silencio y el resplandor de una pantalla en blanco y negro compartida por un hijo y su padre.

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