Este esquema propone modificar la forma en que se calcula el trabajo académico dentro de los planes de estudio. Comenzará a aplicarse en las carreras que se creen a partir de 2027.
La Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) presentó un documento de trabajo para abrir el debate institucional sobre la implementación del Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (SACAU), un esquema que comenzará a aplicarse en las carreras que se creen a partir de 2027.
El material, titulado “Documento de trabajo Nº1: Aportes para pensar el Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios en la Universidad Nacional de Mar del Plata”, propone reorganizar la forma en que se calculan los planes de estudio y transparentar el tiempo real que demanda la formación universitaria.
En ese marco, la subsecretaria académica de la universidad, Virginia Forace, explicó en diálogo con Radio Universidad que la discusión surge a partir de un diagnóstico compartido por distintas instituciones del país sobre las trayectorias estudiantiles y los tiempos que les lleva a los alumnos completar sus carreras.
“Se veía que el tiempo de graduación de nuestros estudiantes y el abandono era bastante importante a nivel sistema”, señaló la funcionaria, al describir uno de los puntos de partida de la discusión que hoy atraviesa a las universidades. A partir de ese diagnóstico comenzó a analizarse la necesidad de revisar cómo se mide la carga académica de las carreras.
En ese contexto aparece el SACAU, que propone modificar la forma en que se calcula el trabajo académico dentro de los planes de estudio. “Este sistema propone tomar el tiempo total que le lleva a un estudiante cursar una carrera, tanto el tiempo frente a docentes como el trabajo autónomo”, explicó Forace al detallar el enfoque del nuevo esquema.
La funcionaria señaló que ese cambio permite visibilizar tareas que forman parte del proceso formativo pero que históricamente no aparecían reflejadas en el diseño de las carreras. “Hay muchas tareas que los estudiantes realizan de forma autónoma y que en general no se tenían en cuenta a la hora de diseñar las carreras”, sostuvo.
Cómo funcionarán los créditos universitarios
Para incorporar esa dimensión del trabajo académico, el sistema introduce el crédito académico como una unidad de medida común dentro del sistema universitario. La normativa lo denomina Crédito de Referencia del Estudiante (CRE) y busca representar el volumen total de dedicación que implica cursar cada asignatura. Cada materia tendrá un valor determinado en créditos que reflejará el tiempo total de trabajo requerido, sumando tanto las horas de interacción pedagógica como el tiempo de estudio autónomo.
“Lo que propone la norma es que un crédito valga entre 25 y 30 horas que incluyan ambas medidas: interacción pedagógica y trabajo autónomo”, explicó Forace al detallar los parámetros generales que se establecieron para las universidades. A partir de ese criterio, cada institución deberá definir el valor del crédito dentro de ese rango y aplicarlo al diseño de sus planes de estudio.


Por eso, la implementación del sistema requerirá un proceso de revisión dentro de cada carrera, ya que las universidades deberán analizar la carga de trabajo real de cada materia para asignarle su correspondiente valor en créditos. “La universidad norma el valor del crédito, pero después hay un trabajo al interior de cada carrera para que haya coherencia en el valor de las materias”, explicó la funcionaria al referirse al proceso que deberán llevar adelante las unidades académicas.
Ese proceso implica revisar programas, contenidos y actividades académicas para lograr coherencia dentro de los planes de estudio y garantizar que la distribución del trabajo académico sea equilibrada. En el caso de la UNMDP, actualmente se analiza fijar el valor del crédito en 25 horas, una referencia que ya comenzó a adoptarse en otras universidades del país en el marco de la implementación del sistema.
¿Cuánto deberían durar las carreras?
Además de introducir una nueva forma de medir la carga académica, la normativa establece algunos parámetros de referencia para organizar las carreras dentro del sistema universitario. Sin embargo, desde la universidad aclaran que esos valores funcionan como orientaciones generales y que cada propuesta puede adaptarse según su perfil profesional. “Una carrera, en función de su perfil profesional y de lo que requiere para el ejercicio profesional, puede superar esos montos recomendados”, explicó Forace.
En términos generales, las carreras de grado deberán contar con un mínimo de cuatro años y 240 créditos, mientras que las carreras de pregrado, como las tecnicaturas, deberán alcanzar al menos dos años y 120 créditos. Estos parámetros buscan generar cierta homogeneidad dentro del sistema universitario y facilitar la comparación entre distintas propuestas formativas.
Uno de los cambios que introduce el nuevo esquema es que permitirá visualizar con mayor claridad el volumen total de trabajo que implica completar una carrera. “Antes decíamos que una carrera tenía 2.600 horas cátedra. Ahora vamos a blanquear el tiempo total que requiere estudiarla”. Y al sumar las horas de cursada con el trabajo autónomo ese cálculo puede ampliarse considerablemente: “En algunos casos puede llegar a 5.000 o 6.000 horas totales”, explicó la subsecretaria académica.
¿Carreras más cortas?
La discusión sobre los créditos académicos también generó interrogantes respecto de la duración de las carreras. Sin embargo, desde la universidad remarcan que el objetivo del sistema no es necesariamente reducir los tiempos de formación, sino revisar cómo están organizados los planes de estudio y evaluar la coherencia de las propuestas académicas.
“Hay que tener mucho cuidado con la idea de carreras más cortas”, advirtió la subsecretaria académica al señalar que la duración de las carreras está vinculada a los estándares de formación profesional que rigen a nivel internacional.
En el caso argentino, los títulos universitarios habilitan directamente al ejercicio profesional, por lo que los planes de estudio deben garantizar una formación acorde a los marcos internacionales de cualificación. “Nosotros no podemos acortar por fuera de lo que se llama el marco de cualificación mundial. Un ingeniero, acá o en Europa, requiere determinada formación que no se puede perder”, explicó la funcionaria.
Desde esa perspectiva, la revisión de los planes de estudio no se plantea como un simple recorte de horas o materias, sino como un proceso más amplio de evaluación académica. “No es un cómputo matemático de cambio de carreras, sino evaluar nuestras ofertas y la calidad de las mismas”, afirmó.
Cambios en el perfil de los estudiantes
Otro de los factores que aparece en esta discusión es la transformación en el perfil de quienes ingresan actualmente a la universidad pública. En los últimos años, distintos relevamientos comenzaron a mostrar que una parte importante de los estudiantes no inicia sus estudios inmediatamente después de terminar la escuela secundaria, sino que lo hace en etapas posteriores de su vida o mientras sostiene otras responsabilidades laborales o familiares.
En ese sentido, Forace explicó que las estadísticas recientes muestran un cambio marcado en la edad de ingreso. “Nosotros en los últimos tres años tuvimos un perfil de ingresantes en el que menos del 30 % tiene menos de 20 años”, señaló, al detallar que cada vez son menos los estudiantes que comienzan la universidad inmediatamente después de egresar del nivel secundario.
A partir de ese dato, la funcionaria remarcó que la mayoría de quienes hoy inician una carrera universitaria lo hacen en paralelo con otras responsabilidades personales. “Tenemos un 70 % de personas que son mayores y que tienen otras responsabilidades, incluso responsabilidades de cuidado”, afirmó, y sostuvo que ese cambio también obliga a repensar la organización de las carreras: “Nuestras carreras tienen que estar enfocadas para ese 70 % que ingresa a nuestras universidades”.
Movilidad entre universidades
La adopción de un sistema común de créditos también apunta a facilitar la movilidad estudiantil entre distintas instituciones. Al contar con una unidad de medida compartida, las universidades podrán comparar con mayor claridad la carga académica de las materias y simplificar algunos procesos administrativos vinculados al reconocimiento de trayectos formativos.
“Va a facilitar los procesos de movilidad nacional e internacional porque todos vamos a hablar del mismo crédito”, explicó Forace al destacar uno de los objetivos del sistema. Sin embargo, el reconocimiento de materias entre carreras seguirá dependiendo del análisis de los contenidos académicos de cada asignatura. “Una persona no acumula créditos como si fueran puntos, sino materias que tienen un valor en créditos y que se reconocen según sus contenidos”, aclaró.
¿Cuándo se pondrá en práctica?
La implementación del SACAU se realizará de manera gradual dentro del sistema universitario. Cada institución deberá adaptar sus normativas internas y revisar sus planes de estudio para incorporar el nuevo esquema de créditos en sus propuestas académicas. “Estamos trabajando en consolidar una norma y un cronograma de implementación propio de la universidad”, señaló Forace al referirse al proceso que atraviesa actualmente la UNMDP.
En ese marco, también se conformó una Comisión Permanente para la Implementación, Seguimiento y Evaluación del SACAU, integrada por representantes de las facultades y de la Secretaría Académica, que será la encargada de recomendar las políticas institucionales para la aplicación del sistema en las carreras de la institución.
El primer plazo establecido es el 1 de enero de 2027, fecha a partir de la cual todas las carreras nuevas deberán diseñarse bajo este sistema. Algunas propuestas académicas ya comenzaron a avanzar en esa dirección dentro de la universidad, por lo que se espera que las primeras experiencias completas con el sistema comiencen a desarrollarse en los próximos años. “Esas nuevas tecnicaturas ya fueron presentadas con el paradigma del SACAU, así que van a ser nuestra primera experiencia completa con este sistema”, concluyó la funcionaria.
