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junio 17, 2026

Debut de Argentina y triplete de Messi: ¿para qué está?

La Selección Argentina debutó en el Mundial 2026 con una goleada 3 a 0 a Argelia con un triplete de su capitán Lionel Andrés Messi. En su última Copa del Mundo, el 10 jugó como nunca. Y este equipo, como siempre.

Por Juma Lamacchia – Kansas City (Estados Unidos)

El debut de Lionel Messi en un mundial fue un 16 de junio de 2006 contra Serbia y Montenegro. Aquel segundo partido de la fase de grupos terminó en goleada 6 a 0 para Argentina y permitió que en aquel entonces ingrese el joven de 19 años ante la mirada del mundo y la eufórica sonrisa de Diego Armando Maradona en la tribuna. Carlos Tevez gira en la medialuna del área, toca con Hernán Crespo, va a buscar la devolución y asiste a Lionel Messi en velocidad para que haga su primer gol mundialista a los 88 minutos de partido.

Ayer, 20 años después, el capitán de la Selección Argentina tuvo su último primer día: salió a la cancha a enfrentar a Argelia en el debut de su último mundial, esta vez, como Campeón del Mundo. Y lo hizo como manda el legado de quien es el mejor del mundo desde aquel encuentro contra Serbia y Montenegro, dos décadas atrás, tres goles en un solo partido de mundial, récord que aún no había logrado. 

Nos volvimos a ilusionar

El escenario testigo del show en prime time fue el Arrowhead Stadium de la ciudad de Kansas, Missouri (la otra mitad de la ciudad pertenece al estado de Kansas). El mismo tiene una capacidad máxima de 79.541 espectadores y es el más ruidoso del mundo. La casa de los Kansas City Chiefs de la NFL alcanza los 142.2 decibeles y es Récord Guinness.

En la previa, la gran cantidad de hinchas argentinos presentes se movilizaron desde distintos puntos de la ciudad en auto o en los micros disponibles por parte de la FIFA para trasladarse al estadio (con un ticket de 15 dólares que nadie chequea). 

A simple vista uno visualiza una masa enorme de aficionados albiceleste, con sus camisetas titulares con el número 10 en su espalda, hidratándose bajo los 30 grados de la ciudad, haciendo largas filas para ingresar de manera alborotada a un estadio con mucho menos control de seguridad de lo que uno esperaba y esperando el pitido inicial. Pero no hay que dejarse engañar, entre tanto celeste y blanco, se encuentran estadounidenses y mexicanos (entre otros países) anhelando el comienzo del show. 

Foto Juma Lamacchia.

Por lo tanto, la parcialidad argentina se vio disminuida a la hora de los aplausos y el aliento a todo jugador que no sea el 10. Los cantos argentinos tan característicos de nuestra hinchada aún se encuentran en el limbo, en el debate de cuál será el tema que reemplace a “Muchachos” (si eso hiciera falta), el de qué artista se pega o cuál nace genuinamente en el alma de un futbolero. 

Las casi 70.000 personas presentes en el estadio ya están en su butaca o a lo sumo comprando una cerveza en los pasillos internos. Emiliano Martínez sale a la cancha, saluda a la hinchada, baila o hace movimientos que hacen reír a los niños y comienza su entrada en calor. No parece haber signos de lesión. El Dibu vuelve a pisar una cancha mundialista después de haberse estirado por completo para taparle el gol a Kolo Muani a los 120 minutos de la final del 2022 y la gran tanda de penales que nos consagró. El marplatense igualó al Mono Burgos como los únicos nacidos en Mar del Plata en disputar dos mundiales con la Selección Argentina.

Minutos después, comandados por Lionel Messi, el resto de los jugadores de campo salen a hacer los trabajos preparativos. En su último mundial, el capitán sale a la cancha con el pecho en alto, la mirada fija y las ganas de siempre. Nada de homenajes, nada de cursilería. La competitividad a flor de piel.

Que la gente confíe

 

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Argentina se acostumbró a ganar. Y si algo más hizo este equipo fue combatir contra la ansiedad futbolística, del hincha y de los jugadores. Este equipo toca la pelota para un lado y para el otro, Enzo Fernández se mueve de izquierda a derecha y triangula en todos los sectores de la cancha para que lo que corra es la pelota, y los rivales. 

No importa si no se acerca al arco o si no patea. Los jugadores ya saben dónde va a terminar la jugada apenas arranca, en su primer toque, y contempla la calma que antecede al huracán.

Rodrigo De Paul, jugador del Inter Miami de la MLS, toma la pelota en mitad de cancha a los 17 minutos del primer tiempo y ya tiene la decisión tomada: sabe dónde está Messi, su compañero de equipo en la liga de Estados Unidos, con el pie derecho firme y con parte interna como mandan los manuales de las escuelitas, adelanta la pelota y deja al 10 con el control de espacio y tiempo. Gira, mira hacia el arco y comienza el estallido: 1 a 0.

Los otros dos (que pudieron ser más) llegaron a los 60 y 76 minutos, en medio de un festival de toques. Fue hasta el minuto 76 que Scaloni decidió reemplazarlo por Nicolás González. Ante la sorpresa de todos, el nivel de decibeles subió a su máximo potencial, ovación, grito sagrado y rendición ante el mejor del mundo, otra vez.

Desde ese momento y hasta el momento en el que el árbitro agregó 5 minutos adicionales, el público no argentino comenzó a abandonar su asiento y encarar una vuelta rápida a sus hospedajes. Mientras tanto, al grito de “Cada día te quiero más” y revoleando banderas y camisetas, los jugadores se acercaron a un costado de la tribuna para estar frente a frente con sus hinchas y agradecerse mutuamente por lo vivido. Como dijo el director técnico, Argentina no sólo viene a ganar la Copa del Mundo: viene a defenderla.

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