Argentina venció a Austria en Dallas con dos goles de Messi y aseguró su pase a la siguiente ronda. Calor, multitudes y el gran clima mundialista tan esperado. Otro día en la oficina del mejor del mundo.
Por Juma Lamacchia – Dallas (Texas), Estados Unidos
En Dallas más del 40% de la población es de origen hispano o latino y el idioma español es el principal en más de un tercio de los hogares. Eso explica gran parte de la comodidad del público argentino en las calles de la ciudad anfitriona, donde a la selección le tocan dos partidos con cinco días de diferencia. Hacer de este lugar un barrio porteño para la comodidad de todos.
El día antes del partido, como suele hacerse en todos los mundiales, los hinchas se autoconvocan en algún punto céntrico para encontrarse todos, cantar, festejar y hacer un poco más llevadera la ansiedad previa a un duelo mundialista. Conocido como “banderazo” y tan marcado de manera negativa para algunos clubes de nuestro país, acá es una marca registrada. El mensaje es claro: que mañana cueste lo que cueste, que mañana tenemos que ganar.
El lugar fue el Klyde Warren Park, ubicado a cuadras del downtown financiero de Dallas y a una milla de distancia de Plaza Dealey, lugar donde en 1963 mataron de un disparo al entonces Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy.
Bajo un sol radiante y unos 30°C, alrededor de 20.000 argentinos (o quizás más) junto a otros de miles de extranjeros hinchas de nuestra selección se juntaron a repasar el tan destacado cancionero argentino (que aún está buscando su versión de Muchachos para este mundial, como si eso hiciera falta) en la tarde del domingo. Banderas, choripanes, niños jugando en la fuente, heladeritas llenas de cerveza o fernet, personas con el torso desnudo caminando por la calle, bombos y ni un solo policía. Solo argentinos siendo argentinos, en cualquier parte del mundo. El evento se extendió varias horas hasta que el cuerpo pidió descansar para el otro día, donde todos estaban citados al AT&T Stadium por la mañana para una nueva función del equipo de Lionel Scaloni.
Rendido a sus pies
Hace 40 años, también un 22 de junio y durante un mundial, Argentina enfrentó a un equipo europeo. En aquella ocasión fue en cuartos de final, en México y contra Inglaterra. El partido más famoso de todos los tiempos, el de los pibes de Malvinas, el del Gol del Siglo y la Mano de Dios. El 10 de Argentina, Diego Armando Maradona, metió dos goles para clasificar al equipo que luego saldría campeón mundial.
Hoy fue el turno de Lionel Andrés Messi, nuevamente. El capitán comenzó el partido trastabillando, como todo el equipo. Sin encontrar espacios, luchando más que jugando (esto se estiró durante los 90 minutos) y con un equipo austríaco mejor plantado de lo que se esperaba.
A los 7 minutos Enzo Fernández rompe líneas con un pase preciso para Lautaro Martinez. Gana la posición y se pone cara a cara contra el arquero rival. Los defensores lo derriban y el delantero argentino pierde la pelota, pero el VAR llama y hay que chequear. Penal para Argentina y la posibilidad de abrir el marcador antes de los 10 minutos. En el público todo es alegría y mientras alguno todavía se acomodaba en un AT&T Stadium repleto, con el techo cerrado y aire acondicionado. El cubo gigante de pantallas en el centro informa la decisión del árbitro y las cervezas vuelan por el aire. Lionel Messi, otra vez, con la posibilidad de sumar su cuarto gol en este mundial. El capitán tomó una mala decisión y la pelota se va a afuera. Flashbacks de partidos contra Islandia en 2018 y Polonia en 2022. Pero es el Messi de 2026 y como hizo toda su carrera, siempre tiene la posibilidad de hacer algo más.
El partido siguió su rumbo tal como venía sucediendo y a los 38 minutos otro flashback: Messi de derecha a izquierda. No es Xavi ni Iniesta pero Thiago Almada conduce y abre el juego a la izquierda. No es Jordi Alba, es Facundo Medina. El lateral izquierdo que reemplaza a Tagliafico llega hasta el fondo, y como el manual del mejor jugador del mundo lo indica, tocó para el medio al borde del área y entró él: de primera, de zurda, pegada al palo, a contra pierna de todos los defensores y el arquero rival. Gol de Messi, el mismo que hizo en el Bernabéu y mostró su camiseta, el mismo que hizo toda su vida.
Sin jugar un excelente partido, sin generar las situaciones que suele generar, sin brillar por sus asociaciones y juego combinado, sin rotar los volantes ni hacer figura al arquero, Messi y la Selección Argentina liquidaron el partido. Al minuto 95, como si no fuese a cumplir 39 años en dos días, el mejor jugador del mundo se lleva otro foto que describe su carrera. La pelea, busca su propio rebote y con 5 jugadores tirados en el piso, rendidos a sus pies, sale a gritar el 2 a 0. Doblete, cinco en lo que va el mundial y seis puntos que aseguran el pase a la próxima ronda.
No fue lo único de lo que se encargó Lionel. Con este partido se convirtió en el jugador con la mayor cantidad de partidos jugados en mundiales y, además, es el máximo goleador del torneo más importante del mundo con 18 goles (hasta ahora).
El público argentino se queda en las inmediaciones del estadio cantando, festejando que su capitán está para cosas importantes otra vez. Con la ilusión intacta y la mira ya puesta en los partidos de eliminación directa del mundial. Mientras, toca conocer un poco más Dallas, combatir el calor y esperar al sábado, cuando enfrentemos a Jordania a la espera de un nuevo show del mejor del mundo.
