Tres emprendedores de Mar del Plata crearon el primer licor artesanal del país elaborado con pistacho argentino, miel local y un toque de sal marina. Desde la ciudad costera, buscan instalar un producto de identidad propia y proyección nacional. La historia detrás de Attimo, contada por sus creadores.
Por Lucas Alarcón
En una ciudad donde la gastronomía funciona como una marca de identidad, Mar del Plata suma ahora un nuevo capítulo a su tradición innovadora: Attimo, el primer licor artesanal argentino elaborado a base de pistacho, miel y sal de mar. La bebida, nacida y desarrollada en territorio local, combina tres universos —el fruto seco, la colmena y la costa atlántica— en un producto que apuesta a la naturalidad, la elegancia y el sello regional.
Detrás del proyecto están Manuel Conde, Leonardo Dorsch y Ezequiel Maschwitz, tres marplatenses que unieron sus trayectorias —la biología, la apicultura y la ingeniería industrial— para crear un licor que hoy se abre camino entre bares, vinotecas y ferias gastronómicas del país. Con un proceso artesanal respaldado por tecnología de alta calidad, Attimo busca romper con la estética tradicional del licor y posicionarse en un segmento premium con identidad argentina y raíces locales.
“Queríamos un licor que fuera natural, argentino y con identidad propia”
¿Cómo empezó el emprendimiento? ¿Cómo nació la idea de un licor con sabores no tradicionales?
Manuel: Yo soy biólogo, y antes ya había trabajado en la elaboración de bebidas. Esto empezó como un juego. Yo veía que el mundo de los licores tenía una imagen antigua, obsoleta, algo que no se había renovado. Probé un licor italiano de pistacho y pensé: esto lo tenemos que hacer acá, con pistacho argentino.
Argentina produce pistacho, así que empecé a probar recetas en casa. Pero me faltaban los fierros para hacerlo en serio. Ahí me contacté con Leo, porque ellos trabajaban pasta de maní. Le dije: “Necesito hacer pasta de pistacho”.
Compramos pistacho juntos y, mientras hacíamos la pasta, él empezó a preguntarme por el proceso del licor: cómo homogenizar, qué agregar, cómo incorporar el alcohol. Y ahí me dijo: “Nosotros tenemos la máquina para hacerlo industrialmente. Tenés dos opciones: venderlo desde tu casa… o nos asociamos”.
Así nació la unidad de negocio.
Tuvimos claro desde el inicio que partíamos de un pistacho natural. En el mercado no había licores así: existían versiones con esencias, pero no era lo que buscábamos. Queríamos un producto real. En esa búsqueda apareció un ingrediente que ya conocíamos muy bien: la miel. Decidimos endulzar con miel y el licor tomó otra dimensión.
Y después sumamos la sal: por un lado intensificaba el pistacho y, por otro, nos daba identidad marplatense. Nuestra frase es: “de la colmena a la tierra y de la tierra al mar”.
De ahí nació Attimo, que en italiano significa instante. Una familia de licores a base de ingredientes naturales.
¿Cuánto tiempo llevó llegar a la receta final?
Manuel: Casi un año. Hicimos muchísimas pruebas, cambiamos ingredientes, sumamos otros, hicimos paneles de degustación. Y la validación definitiva fue en una iniciativa que recorrió toda la costa atlántica: Mar del Plata, Pinamar, Gesell, Necochea… más de 50 mil personas lo probaron. Si quedaba una duda, ahí se disipó. Gustó y voló.
Después fuimos a Caminos y Sabores, y también funcionó muy bien. Para entonces ya habíamos lanzado el licor de chocolate Dubái, que desarrollamos antes del boom del sabor en heladerías. En Europa ya era tendencia y acá estaba empezando a aparecer, así que lo trabajamos desde nuestra experiencia con cacao de calidad.
¿Creen que el pistacho llegó para quedarse o es una tendencia pasajera?
Manuel: Llegó para quedarse. En Italia, sobre todo en la zona de Bronte, los productos de pistacho son tradición desde hace muchísimo tiempo.
Acá, el paladar argentino se fue acostumbrando. Cuando arrancamos, mucha gente ni lo conocía. Y las redes lo potenciaron.
A veces incluso genera el efecto inverso: “ya está, hay pistacho en todos lados”. Pero más allá del chiste, la tendencia es sostenida. Luciano instaló el helado, sí, pero el gusto creció porque realmente le gusta a la gente.
“Nunca habíamos elaborado alcohol, pero la planta estaba preparada para hacerlo”
¿Cómo fue para ustedes en el grupo Terra Argentina, que venían del mundo alimenticio, meterse en bebidas alcohólicas?
Leonardo: Nuestro origen es la miel. Atendemos toda la cadena: extracción, producción, acompañamiento, marcas propias. Cuando cambiamos a esta planta, que es más grande, la pensamos para ser multimodal. Nunca se nos había ocurrido incorporar alcohol… hasta que Manuel trajo la idea.
Teníamos la maquinaria para hacer la pasta. En ese momento casi no existían pastas de pistacho en el país; lo que había era carísimo y en frascos diminutos.
Cuando probé lo que él estaba haciendo, le dije: “Esto es muy bueno, pero si lo hacés en tu casa vas a terminar revolviendo una olla en el garaje”. Esta planta podía darle calidad y consistencia.
Produciendo miel, pasta de maní, barritas, siempre buscamos diversificar. Esta unidad de negocio entró en esa lógica: innovar, crecer y, sobre todo, darle valor a la planta en términos de productos exportables.
El licor, a diferencia de la miel —que tiene controles distintos—, es más simple de exportar. Y Attimo está pensado también para eso.
Cuando lo comparamos con licores italianos, Attimo se distingue. En una cata a ciegas, siempre ganaba.
¿Trabajan con gastronómicos? ¿Hay un circuito posible entre el licor y otros rubros?
Manuel: Sí, y cada vez más. Bares de coctelería ya lo tienen; chefs lo usan para postres; hicimos pruebas con quesos, dulce de leche, alfajores, tiramisú.
Es un postre líquido: eso lo hace muy versátil.
Leonardo: Nosotros venimos de la producción, no del área comercial. Nunca vendimos bebidas. Así que estamos aprendiendo ese mundo. Pero cada lugar al que entra lo incorpora: Cabrales, locales de Buenos Aires, La Plata. Una vez que lo conocen, queda.
En esta etapa, ¿cuáles son los desafíos principales?
Manuel: El mayor desafío es comercial. Venimos de productos masivos: miel, pasta de maní. El licor es más de nicho. La calidad la tenemos; ahora necesitamos que la gente lo conozca y lo elija. Por eso estos espacios para contar la historia son clave: no es un licor más, sino un producto natural, con pistacho “de verdad, verdadera”.
¿Están preparados si el producto “explota”, como pasó con los alfajores que se quedaron sin stock?
Ezequiel: Tenemos stock y la planta permite escalar. Si se agota, sería un hermoso problema. Dentro de nuestras posibilidades, tenemos el mayor stock posible.
El licor está algo“desfasado”. ¿Cómo imaginan la incorporación del producto en la cultura gastronómica actual?
Manuel: Ahí se abren dos caminos: una oportunidad y un desafío. Muchos tomamos limoncello después de comer. Hoy aparece la chance de reemplazarlo por nuestro licor. Cuando hacemos degustaciones decimos: “Ponés Netflix, te servís un Attimo… y bajaste media botella”.
Funciona con hielo, con helado, en una previa, en un encuentro con amigos. Es similar a Baileys en el consumo, pero con ingredientes nacionales y una calidad que históricamente solo se veía en licores importados.
Leonardo: Además, tiene la impronta artesanal. No es artificial como lo que se ve en góndola. Si lo agitás, vuelve a integrar, como la pasta de maní natural. Eso es parte de nuestra identidad: procesos industrializados pero con el cuidado artesanal intacto. Trabajamos con miel excelente de Buenos Aires y pistacho argentino de La Rioja o San Juan. Eso no existe hoy en la oferta local.
