La Casa de Enfrente vuelve a abrir sus puertas: cultura, comunidad y militancia

Tras más de 13 años de historia y ante la disyuntiva de cerrar y desaparecer o volver más grande, La Casa de Enfrente inicia una nueva etapa en Moreno 2451. Con una propuesta que suma gastronomía como forma de sustentabilidad, el espacio vuelve a abrirse gracias al apoyo de una comunidad que eligió acompañar, poner el cuerpo y sostener lo colectivo.

Por Lucas Alarcón

En una tarde calurosa de enero, cuando la mayoría de los marplatenses y turistas disfrutan de la playa, un grupo de jóvenes militantes elige otro escenario. En el interior de un enorme chalet del centro de la ciudad se escuchan escobas, baldes, muebles que se arrastran y conversaciones cruzadas. Están limpiando, ordenando y poniendo en valor una casa que esa misma noche tendrá su primera actividad abierta al público. Falta mucho todavía, pero lo que no falta es compromiso con la cultura. En Moreno 2451, La Casa de Enfrente comienza una nueva etapa.

Después de más de 13 años de historia, el espacio cultural independiente vuelve a abrir sus puertas en una nueva dirección, reafirmando una idea que atraviesa todo el proyecto: la cultura como hecho colectivo, como acto político y como forma de habitar la ciudad.

Un cierre atravesado por la coyuntura política

La Casa de Enfrente inició sus actividades en diciembre de 2012 en la histórica Casa Gazzolo, un chalet de principios del siglo XX que con el tiempo se convirtió en un polo cultural de referencia en Mar del Plata. Talleres, presentaciones de libros, recitales, ciclos de cine, debates y encuentros comunitarios marcaron una etapa que llegó a su fin en 2025, cuando el propietario del inmueble decidió no renovar el contrato.

“La persona que nos alquilaba la casa no nos quiso alquilar más. Siempre tuvo cierta reticencia a lo que hacíamos”, explica Brenda Benavente, una de las integrantes del espacio. Pero el cierre no puede leerse únicamente como una cuestión inmobiliaria. Coincidió con un contexto político y social especialmente tenso. “Creemos que no es casual que haya sido en este año”, señala Benavente. “Fue un combo de cosas. En junio encarcelan a Cristina Fernández de Kirchner, en julio se nos terminaba el contrato y nos dicen que no nos iban a alquilar más”.

La Casa de Enfrente tiene una clara pertenencia partidaria. Sin embargo, esa identidad no impidió que el espacio construyera lazos profundos con artistas, vecinos y colectivos con otras miradas políticas. “Participaba mucha gente que pensaba distinto a nosotros”, subraya Benavente. “Y eso siempre fue así. El espacio era y sigue siendo abierto, más allá de nuestras convicciones”.

La comunidad como sostén

Ante la posibilidad concreta de cerrar, el colectivo atravesó meses de debates internos: achicarse, pausar o animarse a crecer. La respuesta llegó desde la comunidad. Personas que habían pasado apenas un par de veces por el espacio ofrecieron ayuda concreta: pintar, limpiar, colaborar económicamente o simplemente acompañar. “¿Cómo van a cerrar? ¿Qué hay que hacer?”, fue una de las preguntas más repetidas.

Ese respaldo terminó siendo decisivo. “Había un sentido de pertenencia que incluso nosotros no dimensionábamos”, cuenta Benavente. Lejos de replegarse, el proyecto decidió apostar a algo más grande.

La nueva sede funciona en Moreno 2451, entre Santa Fe y Santiago del Estero, a apenas cinco cuadras de la ubicación anterior. También se trata de una casona de principios del siglo XX, una de las pocas que sobreviven en la zona céntrica de la ciudad.

“No hubiese sido lo mismo un local moderno o industrial”, reconoce Benavente. La elección del chalet es, en sí misma, una forma de militancia: sostener la identidad arquitectónica marplatense, resistir la demolición sistemática y volver a habitar un patrimonio urbano desde lo colectivo.

En un contexto donde la cultura —tanto independiente como estatal— está permanentemente bajo la lupa, La Casa de Enfrente se posiciona como un espacio que defiende el encuentro presencial, la organización comunitaria y el trabajo cultural sostenido.

Crecer para sostenerse

La nueva etapa trae también una transformación clave: la incorporación de una propuesta gastronómica estable como forma de garantizar la sustentabilidad del proyecto. “Todo lo que se recauda vuelve al espacio. No hay ganancias personales”, aclara Benavente.

La cocina no será un agregado neutro, sino parte de la experiencia cultural. Una carta acotada, pensada para compartir, que dialogue con el espíritu del lugar. “Cocinar también es un acto político”, afirma. Platos para disfrutar en comunidad, una mesa como espacio de encuentro y conversación.

La casa se organiza en dos plantas: en la planta baja, la propuesta gastronómica y pequeños espectáculos acústicos; en el piso superior, el espacio cultural propiamente dicho, con talleres, exposiciones, charlas y presentaciones de libros.

Aunque el espacio todavía se encuentra en proceso de acondicionamiento y no tiene una fecha de inauguración formal definida, La Casa de Enfrente ya comenzó a desplegar actividades abiertas al público. Una de ellas será la presentación del libro Olvidar es imposible: Santiago, mi hermano, de Sergio Maldonado, con la participación de Pedro Saborido y Fernanda Raverta, el sábado 31 de enero a las 19, en el marco del ciclo Café Cultura.

La actividad funciona como una de las primeras acciones culturales en la nueva casa, todavía en etapa de preapertura. “No podemos apurar algunas cosas”, explican desde el colectivo. La prioridad es hacer las cosas bien, de manera gradual y cuidando el espacio.

¿Cómo colaborar?

Para quienes en estos meses preguntaron “qué puedo hacer” o “cómo ayudo”, la respuesta sigue abierta. Acercarse a las actividades, colaborar en jornadas de pintura y limpieza, difundir la propuesta o simplemente habitar la casa son formas concretas de acompañar el proyecto. Todas las convocatorias y novedades se publican a través de las redes sociales de La Casa de Enfrente.

 

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