Desde antes de la conformación de la ciudad, la geografía de la costa marplatense ya había recibido elogios de personajes históricos. La instalación de estancias, un puerto y el saladero dieron pie a la legalización del poblado en 1874.
Por Agustín Casa
Antes de Mar del Plata había pampa, había un puerto natural, había estancias, había ganado, había un saladero y hasta había un poblado. Esos espacios forman parte de la historia de la región en los años previos a la legalización de Mar del Plata hace 152 años, el 10 de febrero de 1874.
Ese período histórico anterior a la ciudad es el que aborda Daniel Reynoso en Antes de Mar del Plata. Luces y sombras, sexto libro de la colección “Mar del Plata, entre el Mar y la Pampa” de la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (EUDEM).
El título, lanzado en agosto de 2025, presenta un enfoque alternativo sobre los orígenes de la ciudad a partir de los antecedentes que permitieron a este poblado convertirse en el balneario de las élites porteñas. La publicación condensa varias investigaciones realizadas por el historiador y distintos momentos históricos y personajes que fueron claves para la fundación y desarrollo del poblado.
“Mar del Plata tiene muchas particularidades que la hacen muy distinta a Balcarce, Mar Chiquita y Lobería. Mar del Plata fue más dinámica ya desde los mismos jesuitas. Cuando Thomas Falkner llegó a esta zona, se deslumbró y dijo: ´Este es el lugar que está destinado a ser uno de los más importantes en la provincia de Buenos Aires´. Estamos hablando de cien años antes de que a alguien se le ocurriera que pudiera haber un poblado”, cuenta a Bacap Reynoso, magíster en Historia, profesor-investigador de la UNMDP y director del Grupo de Investigación Historia Social Argentina.
Una costa elogiada
El especialista afirma que esa visión sobre el valor de esta costa se repitió en la disputa de los estancieros por las tierras de la zona. “Siempre el número de tierras fue muy limitado y las peleas entre los propios estancieros para ver quién se podía quedar con la zona donde hoy está Mar del Plata, y sobre todo Chapadmalal, fue una disputa feroz. No estamos hablando de personajes que son ajenos a la política, a la economía, ni a la sociedad. Son personajes que plantean que tienen derecho porque son miembros del Cabildo, porque formaron parte del ejército de San Martín o porque estuvieron en los procesos revolucionarios”, describe.
En esta línea, el historiador relata que la expedición que vino en 1825 para instalar algunas de las primeras estancias la conformaron Juan Manuel de Rosas, Juan Lavalle y Felipe Senillosa, un agrimensor. “Estamos hablando de Lavalle y Rosas, símbolos de unitarios y federales, que vienen juntos, que conviven más de tres meses, que forjan una amistad que dura toda su vida. ¿Dónde pasó esto? En Mar del Plata”, subraya el historiador.
Una frase atribuida al propio Lavalle da cuenta del valor que tenía esta costa para la región. “Cuando sucedió el levantamiento de los Libres del Sur en 1838, Ladislao Martínez, que había cedido a Marcelino -su hermano- la administración de esta estancia, le dijo a Lavalle: ´¿Por qué no viene desde Entre Ríos o Montevideo hasta este puerto? Y en este puerto nos juntamos todos para derrocar a Rosas´. Y Lavalle dijo una cosa que es fantástica: ´Ese es un puerto muy conocido y seguro me van a estar esperando´”, narra Reynoso.
Ese puerto natural se encontraba en la zona fundacional de Mar del Plata, donde se encuentra la playa Bristol, entre las lomas de Santa Cecilia y Stella Maris. Tras el levantamiento de los Libres del Sur, la zona quedó embargada y vaciada y entró en escena Gregorio Lezama, quien compró estancias y ganados a bajo precio.


Las primeras estancias
El registro de la llegada de estancieros a Mar del Plata se remonta a 1815, cuando arribó Pedro Pablo Ezeyza a la zona de Mar Chiquita y Pedro Trapani -quien luego fue uno de los 33 orientales que peleó por la independencia de Uruguay- a la zona entre los actuales partidos de General Alvarado y General Pueyrredon. Hacia 1847, llegó a la región Gregorio Lezama, quien le compró tierras a los hermanos Ladislao y Marcelino Martínez.
“Una vez que Lezama se instaló, vendió estas tierras a un precio impresionante para la época. Salió publicado en los diarios. Eran más de 300.000 pesos oro. Ese es el valor más alto de tierras que se haya obtenido por esto, cuando él lo había comprado por casi una cuarta parte”, indica el profesor de la UNMDP
En 1856, Lezama vendió un conjunto de estancias al barón de Mauá y Coelho de Meyrelles, socios en la instalación del saladero en cercanías de la actual Punta Iglesia, donde produjeron tasajo. Reynoso remarca que el barón de Mauá pensaba en la producción de tasajo para aprovisionar a quienes se encontraban peleando en el sitio de Montevideo.
El barón de Mauá -empresario brasileño de gran influencia en esa época- era dueño del 80 % del negocio, mientras que Coelho de Meyrelles administraba el proyecto y poseía un 20 %. La sociedad se extendió hasta 1860. La estancia principal se encontraba en el paraje La Peregrina, cerca de la laguna de los Padres. En tanto, en la costa se incorporó un muelle de madera en Punta Iglesia, desde donde salían los barcos con las cargas de tasajo.
“Meyrelles le propone al barón de Mauá esta inversión porque tiene barcos y hace transporte a lo largo de toda la provincia de Buenos Aires hasta el sur. No vivimos de espalda al mar. El mar siempre fue un espacio en el cual el comercio estuvo atado. Pero ese comercio era contrabando. Entonces, no queda registrado y es por esto que se diluye”, reconoce Reynoso.
Sin embargo, el historiador detalla que Coelho de Meyrelles “no pudo administrar la cantidad de hacienda, no pudo tener la disponibilidad de barcos, porque cambian las situaciones nacionales y, sobre todo, Coelho de Meyrelles tiene sus amigos en Buenos Aires y el barón de Mauá tiene sus amigos con Urquiza y el litoral”. Y agrega: “Esa separación de los dos estados -son los dos federales pero de distinto signo- es lo que hace que esto tenga que disolverse, que Coelho de Meyrelles presente quiebra frente a Mauá, y se decida vender estas tierras”.


La subdivisión de tierras y la idea de un poblado
Tanto las estancias, como el puerto y el saladero fueron vendidos en 1860 a Patricio Peralta Ramos, casi al mismo precio del pagado por Mauá. El negocio de Peralta Ramos estuvo enfocado en la venta de tierras destinadas al ganado ovino.
“La llegada de inmigrantes hace que ya no sea negocio tener grandes extensiones de tierra, sino subdividirlas, asociado esto a la producción del lanar, que requiere de menos espacio, que requiere corrales, que requiere mayor control. Peralta Ramos ve que el negocio está en subdividir, que el negocio más importante va a estar en tener un poblado y que ese poblado es la punta para todavía un negocio mayor que es el ferrocarril. Esa es la visión de Peralta Ramos que la pone por escrito. Cuando él pide el poblado, pide el monopolio del camino de hierro, que es como él lo llama”, explica Reynoso.
A partir de 1864, Peralta Ramos pidió fundar Mar del Plata, una solicitud que se concretaría diez años después. La fundación del poblado se demoró una década por la oposición de los vecinos. Al medir campos y delimitar terrenos de manera más precisa, se midieron alrededor de 6.000 hectáreas como terrenos fiscales y algunos vecinos pidieron que el poblado se forme en esas tierras.
“Empieza una disputa con respecto a si el poblado tiene que estar en la costa, donde ya el saladero ha conformado un poblado, o en el medio del partido de Balcarce, que es a donde nos queda a todos cómodos. Es más, la Comisión Municipal en algún momento definió que el poblado tiene que estar ubicado en la laguna La Brava. Y en la laguna La Brava están las tierras de los Sáenz Valiente. Ahí surgieron los conflictos entre Peralta Ramos, los Sáenz Valiente, los Martínez de Hoz. O sea, mucho de lo que había dejado el paso del Rosismo. Son todos los sobrevivientes del levantamiento de los Libres del Sur que tienen diferencias con Peralta Ramos”, resalta.
Antes de Mar del Plata, se autorizó la construcción de un cementerio en 1872 y de la parroquia Santa Cecilia en 1873. Ese año, cuando Peralta Ramos reiteró el pedido de la legalización del poblado, ya existía una urbanización en torno al saladero, un muelle de fierro, un molino, la capilla Santa Cecilia y diversos comercios y casas.
Finalmente, la legalización del poblado de Mar del Plata se selló el 10 de febrero de 1874. Doce años después llegó el primer ferrocarril, el 26 de septiembre de 1886. Luego vendría el período de transformación en balneario para las élites porteñas. Pero eso ya es historia conocida.
