Desde Plaza Rocha hasta el monumento a San Martín, la movilización reunió a bancarios, docentes, estatales y trabajadores de la salud que cuestionaron el impacto de la reforma laboral. Entre testimonios cruzados, el reclamo combinó salarios que no alcanzan, temor a la pérdida de derechos y críticas al rumbo económico.
Miles de trabajadores de distintos gremios y sectores marcharon en Mar del Plata contra la reforma laboral impulsada por el Gobierno. La columna partió desde Plaza Rocha, avanzó por el centro entre bombos y banderas, y se extendió por más de seis cuadras hasta el monumento a San Martín, en una protesta que volvió a poner en la calle el debate sobre los derechos laborales.
Las tres centrales obreras marcharon juntas en Mar del Plata contra la reforma laboral que se debate en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación. También participaron agrupaciones políticas, organizaciones sociales y la izquierda. Pero lo que definió la escena no fueron las siglas de las banderas, sino las historias de los trabajadores.
Adrián trabaja en el banco y forma parte de La Bancaria. Reconoce algo que desarma prejuicios: “Sabemos que tenemos un sueldo de privilegio”. Y, sin embargo, estuvo en la primera línea de la columna. “Todos los días hablamos con jubilados que no pueden pagar la tarjeta, con asalariados que piden un préstamo para comer. Conocemos la realidad. Estamos en contra de la reforma, que entendemos que ya fue negociada, pero igual estamos acá aportando desde nuestro lado”.
Su presencia es una declaración en sí misma: no marcha por un beneficio sectorial inmediato, sino por una mirada más amplia del mundo del trabajo.
Juan Manuel, empleado universitario, también carga con su propia contradicción. “Mi sueldo no me alcanza”, dice sin rodeos. El año pasado manejó Uber para complementar ingresos. “Se me rompió el auto y no pude seguir”. Marcha porque considera que la reforma es “regresiva, de derechos conquistados desde el siglo XIX”. Y suma otro reclamo: “Pedimos que se implemente la ley de financiamiento universitario. Se votó, se vetó, se insistió y el Gobierno no la aplica. Sobran los motivos”.
En la columna caminan docentes, estatales, trabajadores de la salud, casineros, empleados de Luz y Fuerza. Paula, docente, resume su postura: “Es estar a favor de los derechos y en contra de un gobierno que recorta y ajusta contra los trabajadores”.
Andrea, integrante de la comisión directiva de ATE, define el momento sindical con una imagen precisa: “La agenda es un Tetris. Desde 2023 están atacando todo el tiempo los derechos”. Advierte que los logros actuales “llevaron un siglo de luchas” y que la reforma puede profundizar la informalidad. “La lucha es por quienes estamos en planta y por quienes están en la informalidad. Por todos”.
Cecilia, psicóloga y docente, habla desde otro registro: “Me convocó la dignidad. Me convocó la vida. Queremos vivir dignamente”. Cree que la masividad es un mensaje directo al Congreso: “No solo es la calle. Es exigir que escuchen al pueblo”.
María Ángeles, docente de Geografía, piensa en sus alumnos y en sus nietos. Nadia, profesora de Matemática, enumera lo que siente en riesgo: vacaciones, horas extras, licencias, jubilación. “Costó mucho lograrlo y se puede ir con una firma. No están pensando en los trabajadores, están pensando en los empresarios”.
Javier, trabajador social del Hospital Materno Infantil, lleva el debate a un plano estructural. “Un trabajador no puede ser un insumo más de una maquinaria. Esto restringe derechos en beneficio de unos pocos”. También cuestiona la idea de que la flexibilización genere más empleo formal: “Ya se demostró que es una falacia. Si bajás costos, no necesariamente incorporás trabajadores. Lo que hace falta es una economía que crezca y demande más producción”.
La columna avanza lenta. Las seis cuadras de gente no son homogéneas: hay bronca, hay preocupación, hay discusiones políticas incluso entre quienes caminan juntos. Pero también hay una certeza compartida: lo que se discute no es un tecnicismo legislativo, sino el modo en que se trabaja y se vive en Argentina.
Cuando los trabajadores llegan al monumento a San Martín, el centro ya es un solo sonido de bombos, cantos y alguna puteada. No se sabe a ciencia cierta cuál será el desenlace parlamentario, pero todos lo imaginan. Lo que sí está claro es que los derechos laborales se defienden en la calle, siempre.







