Un equipo científico del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) de Mar del Plata lleva adelante una empresa de base tecnológica que, a partir del conocimiento generado en doce años de estudios, propone una solución biotecnológica para que las plantas soporten las olas de calor.
Por Agustín Casa
Las olas de calor producen importantes pérdidas en los cultivos. Frente a esta problemática, un grupo de científicos marplatenses pensó una solución biotecnológica para que las plantas soporten temperaturas más altas, puedan continuar con su desarrollo, produzcan semillas y no se vea afectada la productividad.
Cuando vieron que su desarrollo funcionaba en ensayos de laboratorio —es decir que las plantas sometidas a estrés por calor podían sobrevivir a altas temperaturas— reflexionaron sobre la búsqueda de impacto real para la comunidad y el sector productivo. Así, en septiembre de 2024, nació ThermoReLeaf, una joven startup que busca contribuir a reducir el impacto del cambio climático y contribuir a la rentabilidad agrícola.
En enero de este año, ThermoReLeaf fue ganadora en la categoría Best Newcomer (Mejor Recién Llegado) de la competencia Global Startup Awards (GSA). La empresa de base tecnológica de Mar del Plata representará al país y a América Latina en la Gran Final Global que tendrá lugar a mediados de año en Valletta (Malta).
“Esto nos da reconocimiento, visibilidad y la oportunidad de exponer lo que nosotros hacemos con posibles inversores o partners, y básicamente nos da atracción. Por eso nos presentamos y es relevante. Es un logro enorme porque no estábamos compitiendo solo en Argentina, sino con distintas startups. Nosotros somos de biotecnología y competimos incluso con Fintech. Era muy difícil y por eso también es muy bueno el logro”, cuenta a Bacap Gabriela Pagnussat, doctora en Ciencias Biológicas, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB), de la UNMDP y el CONICET, y CEO de ThermoReLeaf.
No es el primer reconocimiento que recibe la joven startup. En 2024, obtuvo el primer puesto en la categoría Emprendedores del Premio a la Innovación Intecmar. A finales de ese año, el proyecto ganó el Demo Day de Mardel Valley y fue premiado con una beca completa para el Hero Training Program de la Universidad de Draper, en Silicon Valley (Estados Unidos), donde Pagnussat permaneció durante cinco semanas.
Este verano iniciaron un programa de aceleración de FoodRise, que apunta a que distintas startups escalen con sus soluciones para los desafíos de la seguridad alimentaria en poblaciones vulnerables del Cono Sur. Se trata de una iniciativa de la aceleradora Eatable Adventures con apoyo del BID Lab —del Banco Interamericano de Desarrollo— en Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. Además, es uno de los proyectos seleccionados para competir por el Food Planet Prize 2026.


Doce años de ciencia básica
El desarrollo del grupo del IIB es uno de los tantos ejemplos del tiempo que lleva la investigación básica y de los potenciales frutos de sostener el financiamiento de proyectos científicos. Luego de doce años de estudios de laboratorio, el equipo decidió dar el paso a la creación de una startup para continuar con el desarrollo, escalar los ensayos y brindar soluciones al sector agrícola.
Aún hoy recuerdan cómo fue el primer ensayo que allanó el camino. “Estábamos usando Arabidopsis, que es un modelo de laboratorio. Son plantas que normalmente crecen a 22 °C. Nosotros las expusimos a 55 °C —es lo que se llama un shock térmico— por diez minutos. Normalmente las plantas mueren, absolutamente no tienen chance, porque además no usábamos ningún tipo de aclimatación ni nada previo. Y lo que veíamos en el microscopio eran marcadores de fluorescencia que solamente florecen si las células de las plantas están muertas, porque cuando las membranas están rotas, únicamente en esa ocasión puede entrar el fluoróforo y se ve fluorescente en el microscopio”, relata Pagnussat.
En esta línea, la bióloga resalta: “Tengo presente esas imágenes de las plantas no tratadas con inhibidores de este mecanismo totalmente fluorescentes, están las células muertas y las plantas tratadas con células vivas, o sea, sin fluorescencia”. “En principio, pensamos que era un error metodológico —continúa— porque era tan alta la temperatura que no podíamos creer que habíamos logrado esto. Lo fuimos repitiendo y realmente era muy robusto el sistema, se repetía siempre bien, así que fue un shock, y eso fue justamente el puntapié inicial para este proyecto”.
En su desarrollo, el equipo de ThermoReLeaf utiliza una tecnología de edición génica. “El ADN está formado por bases nitrogenadas, que están en un orden determinado y nosotros lo que hacemos es cortar un par de esas bases, entonces, se modifica el mensaje, el mensaje queda trastocado y la proteína en cuestión no se produce. Entonces, la función que cumplía esa proteína, que en este caso está vinculada a la respuesta al calor que tiene como consecuencia la muerte de la planta, no ocurre y esas plantas, por más que estén expuestas al calor, logran soportarlas sin que ocurra muerte celular. De esa manera, las plantas pueden sobrevivir y continuar con su desarrollo aún cuando están expuestas a un estrés térmico alto”, explica la investigadora.
La especialista destaca que las olas de calor son eventos abruptos con temperaturas más altas que el promedio para la época del año y que, como consecuencia del cambio climático, las olas de calor son más frecuentes y más intensas.
El grupo del IIB detectó que, en respuesta al estrés por el calor, las plantas sufren un proceso denominado ferroptosis, un tipo de muerte celular descubierto primero en células tumorales por el equipo del Dr. Brent Stockwell en la Universidad de Columbia, en Nueva York (Estados Unidos).
“Nosotros hicimos una colaboración con ellos y descubrimos que este mismo proceso se da en plantas justamente en respuesta al calor. Es una respuesta muy específica y, por eso, este proyecto, que se inició para descubrir cuáles son los genes involucrados en el proceso de ferroptosis en respuesta al calor, dio como resultado esta nueva línea de investigación en la que logramos proponer una solución biotecnológica para las plantas expuestas al calor”, señala Pagnussat.
Tras observar los resultados en el laboratorio, el equipo realizó estudios a gran escala, que incluyó ensayos de genómica, de metabolómica y de lipidómica. “Tuvimos un panorama bastante completo y complejo de datos que nos permitió conocer mucho acerca del proceso y eso justamente es lo que nos dio las herramientas para después empezar a decidir por dónde ir”, detalla.
Sobre ese paso, Pagnussat revela: “Empezamos a ver qué genes son los que se prenden cuando nosotros apagamos el proceso de muerte celular. Y ahí fue cuando vimos que SWAP era uno de los genes. Teníamos varios datos y elegimos SWAP. Nos resultó interesante porque está involucrado en este proceso de maduración de los mensajeros, que ya se conoce que es un proceso que está involucrado en lo que se llama la memoria del estrés térmico, es decir, cómo las células se preparan para un futuro estrés térmico habiendo sido aclimatadas anteriormente”.
De este modo, las plantas nacerían con memoria como si hubiesen sido aclimatadas a las altas temperaturas propias de las olas de calor y estarían preparadas para soportar el estrés térmico.
Una carrera reconocida
En noviembre de 2025, Gabriela Pagnussat recibió el Premio Nacional L´oréal-UNESCO “Por las mujeres en la ciencia” por esta línea de investigación que permitió el desarrollo de un método de plantas que resistan a las olas de calor.
El proyecto premiado se titula “Hacia cultivos resistentes a las olas de calor: Activación del factor de splicing SWAP mediante tecnología CRISPR-dCAS9”.
Pagnussat estudió la licenciatura y el doctorado en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNMDP. Luego cursó sus estudios posdoctorales en la Universidad de California, en Davis (Estados Unidos). En 2009, regresó al país a partir de un programa de repatriación de científicos argentinos en el exterior.


Del laboratorio científico a la empresa
Cuando observaron la respuesta y la supervivencia de las plantas al estrés por calor en sus ensayos de laboratorio, el equipo del IIB conformado por Diego Fiol, Ayelén Di Stéfano y Gabriel Pagnussat empezó a analizar la posibilidad de avanzar en este concepto y en su posible impacto en el sector productivo.
En febrero de 2024, Gabriela recibió un email con el asunto “Ciencia con impacto real”. Se trataba de una presentación en la sede de INTEMA de un programa de company builder con SF500, es decir, una iniciativa que ayuda a los científicos a crear empresas. Luego continuaron las conversaciones con SF500 y comenzaron con el programa junto a Fiol y Di Stéfano y conformaron la startup ThermoReLeaf.
Más adelante, las participaciones en Intecmar y Mardel Valley les dieron visibilidad y nuevas oportunidades, como las cinco semanas con el programa de entrenamiento en Silicon Valley.
“El rol del CEO es conseguir dinero”, resalta Pagnussat sobre su papel como líder de la empresa y su búsqueda de programas y potenciales inversores para el escalado del proyecto y que el producto finalmente llegue a los productores agrícolas.
Pasos para llegar al sector productivo
La startup cuenta con su prototipo y tienen validado el desarrollo en plantas modelo de laboratorio. “Ahora tenemos que validarlo en plantas de interés agronómico en lo que sería como un modelo simulado. Es en cámaras de cultivo donde simulamos estas olas de calor y vemos qué le pasa a la soja, el arroz”, detalla Pagnussat.
La búsqueda de inversiones es para realizar ensayos a mayor escala. “Si hay una agrotech o una empresa productora de semillas que le interesa específicamente un cultivo, entonces, tratamos de tener ese contacto y, por ejemplo, editar ese tipo de cultivo”, indica.
A partir de la aceleración con FoodRise, el equipo busca pasar del mundo académico al mundo de la empresa para avanzar en el desarrollo de productos, por eso se presentan a distintas convocatorias y premios.
“Queremos ser conocidos, ser visibles, necesitamos mentores, advisors, gente que nos conecte con el mundo de la industria. En esa etapa estamos justo como en el medio”, reconoce.
De un laboratorio del IIB de Mar del Plata nació este proyecto que, tras doce años de estudio, recorre los pasos del ámbito empresarial a través de la startup ThermoReLeaf y aspira a brindar soluciones al impacto de las olas de calor en la producción agrícola.
