Las redes sociales y los medios están saturados de contenido sobre personas que se identifican con animales. En Mar del Plata se convocó a un encuentro therian al que solo fueron curiosos. ¿Cuánta solidez tienen los discursos que circulan por internet? ¿Qué correspondencia hay entre lo que vemos en redes sociales y lo que pasa fuera de ellas?
Por Camila Spoleti
El centro de la Plaza Mitre está repleto de gente. Adolescentes sobre todo, pero también gente más grande, algunos acompañando chicos más chicos, y varios periodistas. Todos miran, escrutan, buscan. Hace algunos días, un medio marplatense publicó que el viernes 20 de febrero habría, desde las tres de la tarde, una juntada therian en esta plaza. Pese a que ya pasaron treinta minutos de la hora señalada, todavía nadie vio a ninguno.
Hasta hace pocas semanas, casi nadie sabía qué era un therian. La mayoría de las personas, incluso, o sobre todo, quienes acudieron a la plaza, no tenían siquiera conocimiento de su existencia. Hoy, la palabra está en boca de todos. Circula especialmente en redes sociales y en medios de comunicación, pero también en espacios como el Concejo Deliberante. Se trata de personas, principalmente adolescentes y jóvenes, que dicen identificarse de manera parcial o total con algún animal. Se los muestra usando máscaras y colas, caminando en cuatro patas, saltando en cuatro patas, ladrando. Se hace énfasis en el verbo “identificarse”, el cual a veces es reemplazado por “autopercibirse” y se emiten, en consecuencia, diagnósticos múltiples: pseudosociológicos, pseudopsicológicos.
En la plaza, alguien exclama: “Hay una nena therian”. Todos corren hasta el lugar señalado, a pocos metros de la calesita. La gente se amucha, se empuja. La rodean. Alzan los celulares. Un chico se sube a caballito de su amigo para ver. Las cámaras de la tele y otros medios consiguen primera fila. Los que lograron sacarle una foto festejan: “¡Le saqué una foto!” “¡Tengo un saludo de therian para las de hockey!”.
Pasada la euforia de los primeros minutos, el movimiento de la gente permite ver una máscara blanca y peluda. La nena ladra para la cámara. Tiene once. Explica que en realidad no es therian, sino otherpaw, que no se identifica como un animal sino que simplemente le divierte imitarlo, juega a. Dado que no aparece ningún therian auténtico durante la jornada, la atención se mantiene sobre ella. Cuando más tarde se difundan en redes sociales sus respuestas, los comentarios oscilarán entre la comprensión —es una niña— y la violencia.
El abordaje mediático
Desde que comenzó a difundirse la existencia de los therians, la gran mayoría de las reacciones han sido burlescas y violentas. No solo las reacciones de quienes ven el contenido —aunque en las redes sociales la diferenciación entre productores y consumidores de contenido es especialmente difusa— sino también las que se construyen a partir de los propios abordajes de los medios, incluídos bajo esta categoría diarios, canales de televisión, portales digitales, así como influencers y campañas publicitarias.
“Hay un abordaje claramente estigmatizante. De hecho, lo que nosotros podemos pensar es que en la base de la viralización del fenómeno está esta cuestión de estigmatización. Lo que estamos viendo en redes sociales es una competencia feroz por la atención, y el hateo es uno de los mecanismos más fuertes por los cuales la gente se engancha y dispone su atención hacia determinados temas y hacia la participación en redes sociales”, plantea el decano de la Facultad de Psicología de la UNMDP, Juan Pablo Issel.
Issel aclara que lo que puede decir respecto a los therians es una mera opinión. No hay publicaciones científicas que él conozca dedicadas a este tema en particular, no ha estudiado el fenómeno y no conoce a ningún therian. Otras profesionales de la disciplina consultadas indicaron lo mismo: los therians no han sido, por lo menos hasta el momento, objeto de estudio de la psicología.
Lo que sí puede afirmar con solidez es la gravedad de muchos otros problemas de salud mental en jóvenes que hoy parecen soslayados. “En este momento las escuelas no están preocupadas por los therians. Están preocupadas, por ejemplo, por las apuestas en línea, por un deterioro enorme de la salud mental; hay un aumento de los casos de suicidios en adolescentes muy grande. Entonces, en el marco de problemáticas realmente muy importantes, la cuestión de los therians parece, al menos estadísticamente, insignificante e inclusive ser mostrada como para generar este engagement, a través del odio, la antipatía”, sostiene el psicólogo.
A la vez afirma: “Si bien entiendo que esta exposición tal vez sea algo de alguna manera buscado por las personas que tienen estas prácticas y las exponen en las redes sociales, sin dudas el hecho de ser blanco de semejante nivel de exposición y, sobre todo, la exposición a cientos de miles de comentarios negativos y estigmatizantes, es malo para la salud mental”.
La patologización
Otra de las reacciones que suscitan los therians es la patologización. Ante la incomprensión, se esbozan explicaciones que asocian modos de comportamiento a padecimientos mentales y se recomienda atención psicológica con peligrosa liviandad. Sobre esto, la psicología sí tiene algo que decir como disciplina. “Hay que conocer a la persona, lo que le pasa, su contexto, habría que evaluarla. Es uno a uno. Uno no puede calificar a un grupo de estas características como que están todos locos, ni que están todos solos, porque seguramente sean personas diferentes a las que les pasan cosas muy diferentes”, explica Issel.
“Seguramente para alguno es una performance, una puesta en escena, algo muy parecido a una actuación, mientras tal vez para otros realmente puede ser el producto de un proceso psicopatológico de disociación respecto de la realidad, pero eso no se puede evaluar en general o por una foto, por un video”, afirma. Menciona, además, que en el caso de los adolescentes, el proceso de construcción de la identidad propio de esta etapa implica desasirse de las identidades de las figuras parentales, lo cual en ocasiones resulta en fenómenos de diferenciación fuertes. Se trata de un fenómeno no muy diferente al que puede asociarse a subculturas como la punk, emo, dark o flogger, sostiene, que puede quizás resultar excéntrica para quien no la comparte.
—En el caso de la familia, los amigos, las personas cercanas, ¿hay algún criterio para distinguir cuándo simplemente les llama la atención por ser un comportamiento distinto al que estamos acostumbrados y deberían trabajar en aceptarlo, y cuándo sí debería ser motivo de preocupación?
—No hay una forma absolutamente precisa y unívoca de determinarlo porque tampoco la línea entre lo saludable y lo patológico no es tan clara. En general, yo me orientaría de esta manera: si una persona sostiene alguna capacidad productiva o creativa, puede trabajar, puede hacer algo, puede relacionarse con otras personas desde algún lugar, digamos, amable, de amor, puede tener vínculos afectivos saludables, bueno, yo pienso que si están sostenidas esas condiciones, uno debería considerar que es un estilo de vida aceptable. Después, si la persona no puede trabajar, no puede establecer vínculos con las otras personas e inclusive empieza a tomar cada vez más conductas que lo ponen en riesgo o ponen en riesgo a los demás, yo considero que eso entra dentro del terreno de lo que nos debería preocupar y orientarnos a hacer alguna intervención profesional, alguna consulta. Obviamente, esto no es una regla de oro, pero bueno, es lo que nos permitiría más o menos orientarnos.
Therians e identidad de género
El uso de la palabra “autopercepción” vinculada a los therians —aún cuando muchos de ellos han aclarado que el término correcto es en realidad identificación, puesto que no creen ser animales, sino humanos que consideran que su personalidad se asimila a la de algún animal— ha motivado que algunas personas traten de establecer paralelismo entre ellos y la comunidad trans.
“A mí me parece que ahí también hay una cuestión inclusive de utilización política para cuestionar una reivindicación una política, de derechos, histórica, de un colectivo muy grande, con una tradición de lucha muy grande, que la verdad no tiene mucho que ver con la historia de los therians”, sostiene Juan Pablo Issel.
Respecto a la cuestión de la autopercepción, el psicólogo plantea: “Me parece que hay un debate enorme sobre hasta qué punto yo puedo elegir o creerme ser algo y por ahí los demás piensan que soy otra cosa. En gran medida, pienso que hasta determinados límites la sociedad debería ser tolerante con las representaciones que tienen las personas sobre sí mismas, porque me parece que están dentro un rango de libertad bastante aceptable en general. Obviamente que nada es absoluto, encontraremos ejemplos en los cuales esa regla general llega un límite”.
En lo que refiere a las personas trans, remarca: “Hablamos de personas que por su identidad de género tienen una expectativa de vida de 35 años, porque son discriminadas y asesinadas. Me parece que no es en ese sentido un fenómeno equiparable al de los therian”.
Salud mental y contexto social
Otro de los discursos que se han construído en torno a los therians es que se trata de una respuesta de los jóvenes ante un contexto de crisis social e incertidumbre. Sobre esto, Issel plantea, por un lado, que los fenómenos que tienen que ver con encontrar identidad y pertenencia grupal durante la adolescencia se dan en todas las épocas. A la vez, sí señala que estamos viviendo tiempos de gran incertidumbre respecto del futuro, y que distintas estadísticas tanto de organizaciones de salud argentinas como de la OMS, muestran aumentos en los índices de angustia, ansiedad y padecimientos mentales, con especial énfasis en la franja etaria que comprende a los adolescentes.
“Post pandemia hubo un aumento muy significativo de todos los indicadores de padecimiento mental y el deterioro de la salud mental de la población, probablemente muy relacionado con lo que está sucediendo en relación con la tecnología, que realmente sí es un fenómeno masivo y altamente preocupante, no solo en jóvenes”, agrega el decano.
En lo que refiere particularmente a los therians, insiste nuevamente en que, por el momento, se trata de un fenómeno insignificante a nivel estadístico, y que parece haber más preocupación sobre esto que por otros temas, como el modo en el que podría impactar en la subjetividad de los adolescentes la baja de la edad de punibilidad. “Me parecería mucho más interesante cuestionarnos cómo se van a pensar los adolescentes con una sociedad que ahora considera que son punibles y que se los pueden meter presos, que la cuestión de la autopercepción de animales, que inicialmente no parece un fenómeno particularmente llamativo”, concluye.
