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marzo 13, 2026

Agustina Buera, redes sociales y escritura

Comenzó subiendo contenido sobre libros a redes sociales y ahora tiene dos novelas publicadas. En diálogo con Bacap, reflexiona en torno a la relación entre Internet y libros, y habla de sus procesos creativos.

Por Camila Spoleti


Agustina Buera es creadora de contenido y escritora. Tiene 26 años y una trayectoria en la que escritura, lectura y redes sociales estuvieron íntimamente relacionados. Actualmente tiene dos novelas publicadas: Un amor agridulce y Los atardeceres que perdimos, ambas por editorial Planeta. Además, es parte del equipo de Sumergidas en Data, un programa de streaming que conduce junto con Almendra Veiga y Jacinta de Oromí, y tiene un podcast llamado ¿Estás?, aunque de momento se encuentra pausado.

A diferencia de lo que sucede en otros casos, en los que quienes logran publicar un libro lo hacen tras insistir durante mucho tiempo, su proyecto de escritura surgió a partir de un estímulo externo. En marzo de 2022 había comenzado a usar sus redes sociales para publicar contenido hablando de libros y en septiembre de ese mismo año, fue invitada por la editorial Planeta a un meet and greet con la escritora española Alice Kellen. Allí conoció al editor Alvaro Garat, quien algunos días después le envió un mensaje preguntándole si escribía. Ella contestó que no. La respuesta que recibió fue: “Bueno, si algún día escribís, me interesa leerte”. Entonces decidió intentarlo.

“Yo escribí durante todo el 2023 y salió en 2024”, cuenta Buera, y aclara: “No tenía promesa de nada. O sea yo tuve que escribir, lo tuvieron que leer y ahí después se habló de contratos y de publicarlo, pero no es que me dijeron: ‘Te vamos a publicar, escribí lo que quieras’”. “Pero bueno, ese fue el bichito que me picó un poco la curiosidad, así que arranqué así”, concluye.

—¿Cómo surgió la idea para esa primera historia?

—Una amiga siempre me dice que la primera es la más fácil porque es todo lo que siempre quisiste escribir y nunca lo escribiste. O sea, si yo hago un poco de memoria, tenía, cuando era más chica, esta costumbre de poner en el Word “Había una vez…” y hacer dos líneas y chau. Pero bueno, no es que yo cuando tenía catorce tenía dos libros hechos, escribía historias cortas, yo nunca fui de hacer eso. Además soy una persona a la que le cuesta terminar mucho las cosas. Pero se ve que sí, que siempre me interesó, y cuando empecé a escribir fue como: “Ahora tengo todo esto que quiero escribir”. También pasa que cuando leés decís “yo haría esto diferente”, o “me gusta esta historia, pero tal vez iría más por ese lado…”. Entonces fue una combinación de eso, de todo lo que nunca escribí, y de inspiración y cosas que me gustaban. 

La cuestión del amor

En febrero, Agustina Buera estuvo en Mar del Plata participando del Festival MarPlaneta, un evento que tuvo lugar en el centro de creación Chauvin y reunió a escritores y lectores en torno a distintas actividades. En ese marco, Buera participó, junto con Florencia Dapiaggi, de la charla “Entendiendo lo incomprensible: hablemos de amor”, moderada por Catalina Méndez.

El amor es, tanto en el primero como en el segundo de sus libros, el elemento principal de la historia. En relación a esto, Buera considera que la mayor dificultad es lograr que sea creíble. Lo compara con el desafío que implica escribir un libro de misterio, en el que hay que asegurarse que el suspenso se mantenga hasta el final. “El amor es como, bueno, tengo que construirlo bien de a poco, que sea creíble, que se sienta, que haya momentos de duda, que la persona que está leyendo diga: ‘Yo también estoy enamorada del amor de ellos dos’”, explica.

Más allá de las complejidades, la escritora sostiene: “A mí me encanta escribir sobre el amor. Todo el amor: el amor a mascotas, a familia, a amigos, al amor, a la pasión de uno, al trabajo de uno, el amor por uno mismo, el amor por un lugar, el amor por una persona solo en específico, no siempre tiene que ser un amor romántico”. 

Aunque en sus libros el amor tiene un rol protagónico, señala que este aparece muchas veces en otros géneros como motor de la acción. “Siento que el amor siempre mueve intenciones y personajes, en mayor o menor medida. Siempre está el amor”, considera.

La cuestión del lenguaje

Un amor agridulce, la primera novela de Buera, transcurre en Nueva York. Amelia, la protagonista, regresa a la ciudad en la que nació luego de haber vivido un tiempo en París y se ve obligada a comenzar a trabajar en la cocina de Amadeus, a quien conoció en la Academia de Chefs de Nueva York, antes de irse a Francia, y no había vuelto a ver desde entonces. 

Sobre la locación elegida, Buera admite: “Fue una decisión puramente sentimental. Yo amo Nueva York porque a los 19 hice un viaje a Nueva York que fue muy especial. Me había ido con mis compañeras de danza a tomar clases allá y me di cuenta de que no quería estudiar medicina y fue como un momento de reflexión. Para mí la ciudad tiene como algo sentimental”.

Haber decidido que los personajes sean estadounidenses y la historia se desarrolle en ese país, sin dejar de sostener un dialecto rioplatense, fue, considera Buera, polémico. “Creo que no estamos acostumbrados, y te lo digo criticándome a mí misma, a leer mucho en voseo”, plantea la escritora, y ejemplifica: “Una de mis amigas me dijo: ‘Estoy acostumbrada a leer en español de España, o en neutro o en inglés’. Entonces, al principio choca un poco el voseo”. 

 

“Mi respuesta corta siempre es, cuando vos lees un libro de una persona que es de España o México, las cosas no siempre ocurren en España o México. A veces no, y la persona no va a escribir en otro idioma. Como acá en Argentina leemos mucha traducción, lo leemos todo en neutro. Yo dije: ‘Yo soy argentina y quiero que el libro esté en argentino, sin que sean argentinos y que ocurra en Nueva York’”, sostiene.

La cuestión de las redes sociales

En el recorrido de Buera, las redes sociales han jugado un papel fundamental. No solo porque le brindaron la oportunidad de escribir y publicar sus propios libros, sino también porque, al ser bookfluencer, comenzó a recibir libros que le enviaban las editoriales, posibilitándole leer muchísimo.

Yendo más allá de su propio caso, Buera considera que las redes sociales constituyen un espacio propicio para publicitar libros, algo que, a su modo de ver, no sucede tanto en otros medios. Refiriéndose al contenido producido por bookfluencers —personas que, como ella, suben videos a Instagram o TikTok, principalmente, compartiendo su opinión sobre sus lecturas— señala que resulta efectivo para que las personas puedan saber más de un libro antes de comprarlo, y que funciona especialmente para difundir libros de autores no tan conocidos. 

“Obviamente tiene su lado bueno y su lado malo, porque si te destrozan el libro, a nadie le gusta”, considera. Sin embargo, señala también que la gente muchas veces lee libros que recibieron comentarios negativos “para ver que tan malos son”, lo que hace que incluso esas reseñas funcionen como publicidad.

Agrega también que las redes pueden ser un espacio en el cual encontrarse con otras personas con gustos similares y compartir opiniones: “Tal vez antes tu compañera del colegio te prestaba un libro y el libro iba pasando por todas y en el recreo lo comentaban. Siento que eso se pasa un poco tal vez a las redes. Y en una manera mucho más masiva, porque puede ser infinito, podemos hacer un club de lectura y que no haya límite de personas porque lo hacemos virtual”.

En un momento en el que lo que sucede en Internet ocupa cada vez más parte de nuestras vidas, Buera confía en que puede ser una ventana de oportunidades, y asegura que la clave está en hacer un buen uso de las plataformas. “Yo creo que si se trata bien, todo es positivo en las redes. O sea, con cuidado, con respeto y con amor, sin querer dañar a nadie”, concluye.

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