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Mar del Plata, AR
abril 22, 2026

“Estar aquí y estar ahora”, Jorge Drexler en Mar del Plata

El cancionista uruguayo cerró la gira por Argentina de presentación de su último disco Taracá con un recital en el Radio City a sala llena.

Por Camila Spoleti.

El recital es casi una casualidad. Una ocurrencia de último minuto, dice él: pasar por Mar del Plata en el tiempito entre Buenos Aires y Santiago de Chile. El público parece haber estado listo desde antes de que apareciera esa ocurrencia. La sala está llena de gente que acompaña cada canción, cada gesto, cada comentario, chiste o reivindicación.

Jorge Drexler aparece por primera vez en la noche mientras la sala del Radio City está todavía por la mitad y faltan varios minutos para las 21 hs. Afuera llueve mucho. Sobre el escenario está Santiago Fiuri, un joven cantante, guitarrista y compositor de Villa María. Drexler saluda y lo saluda, agradece que esté ahí, dice que no fue una decisión de la productora sino que él lo eligió, pide que le presten atención; piensa y dice que él fue también muchas veces telonero en algún tiempo. Santi Fiuri canta algunas canciones más. Pide palmas, chasquidos. El público lo acompaña. Alguien desde la butaca dice “este es tipo Drexler”.

Santiago Fiuri, telonero de Jorge Drexler. Foto: Camila Spoleti.

Cuando la gente termina de entrar, las luces se apagan y el recital de Drexler empieza. Los focos del escenario acompañan los tambores. La primera canción es también la primera del disco. “Toco madera” canta Drexler apelando a la suerte y al golpe del tambor. La siguiente canción también continúa el orden del álbum. “¿Cómo se ama?”, es la pregunta que le da nombre y sentido. Y la pregunta parece ser personal pero también más amplia. “No sé si solo me pasa a mí/o tú lo estás notando también”, dice la canción e invita a quien oye a preguntarse si hay algo del presente que intervenga en que lo que era simple se haya vuelto tan complicado. “¿Hay alguien A.I.?” se toca a continuación y el cantautor introduce de vuelta la duda, ahora concretamente por esa tecnología que avanza y todavía no terminamos de entender del todo.

Después comienzan las idas y vueltas en el tiempo, primero con “Transporte”, del disco Eco, de 2004. Las referencias al espacio y el tiempo en la obra de Drexler aparecen frecuentemente. Moverse y, en el nuevo disco, quedarse, o volver. Taracá fue grabado en Montevideo, ciudad de origen del artista y evoca, desde el sonido, con el candombe como gran protagonista, lo autóctono.

Jorge Drexler en Mar del Plata. Foto: Camila Spoleti.

Drexler saluda y expresa alegría por estar acá, en Mar del Plata, en “la feliz”. A pesar del clima, bromea. Cuenta que algunos de los músicos que integran la banda que lo acompaña —varios de ellos son españoles, los hay también uruguayos—, están conociendo la ciudad por primera vez.

El show sigue con otra canción del disco Eco. Antes de que empiece a sonar, Drexler la enmarca. “Esta canción dice ‘Una vida lo que un sol vale’, agradezco tener canciones como estas para cantar cuando el precio de la vida baja y el del petróleo sube”, afirma y el público aplaude. Comparte también una reflexión acerca de lo que se les pudo haber pasado por la cabeza a los astronautas que participaron de la misión Artemis II hace algunos días, al ver la tierra desde tan lejos. “Lo que debían estar pensando ellos de la idiotez humana, de no poder resolver los conflictos hablando, de tener que andar matando gente, es una cosa que, visto a la distancia, les debe haber impactado”, opina Drexler y, entonces sí, comienza a cantar “Polvo de estrellas”.

A continuación canta “Telefonía” y luego “Tres mil millones de latidos”, en la que recuerda que los latidos, el tiempo de vida, es limitado. En una y otra el público acompaña con su voz. Al terminar esas dos canciones, Drexler presenta a la banda: Miryam Latrece (coros), Flor Gamba (coros, guitarra y percusión electrónica), Vicent Huma (guitarra eléctrica), Marc Pinyol (batería y tambor chico), Eva Catalá (repique), Julio Sanrizz (tambor piano) y Alejandra López (contrabajo).

Para seguir, Drexler propone acompañar el candombe del nuevo disco con un recorrido por su relación con el género. “Yo no soy un candombero de los candomberos de verdad, sino que soy un cancionista que tiene el candombe como herramienta de expresión”, aclara y cuenta que lo que están por interpretar es una unión entre tres candombes suyos de distintas épocas de su carrera. Tocan entonces un medley compuesto por “Bienvenida”, su primera canción, de su primer disco —que en realidad, cuenta con humor, no fue en disco sino un casette— con “Tamborero”, del álbum Sea (2001) y “Quimera”, de Salvavidas de hielo (2017). En la pantalla, se proyecta la imagen del tambor piano visto desde adentro.

Luego la banda sale del escenario por un momento, y Drexler interpreta con Flor Gamba “Te llevo tatuado”. Son solo ellos dos y sus guitarras. La canción pertenece al nuevo álbum y en su versión de estudio cuenta con la participación de la artista puertorriqueña Young Miko. Drexler recomienda al público conocer los proyectos solistas de ambas artistas.

Jorge Drexler y Flor Gamba cantando “Te llevo tatuado”. Foto: Camila Spoleti.

Al finalizar esa canción, Drexler anuncia que algo está por suceder. La banda regresa al escenario y ahora es él quien se va. Baja por el lado derecho y cruza hasta el otro extremo, hasta encontrar una pequeña plataforma. Una especie de balcón. “Un púlpito”, bromeará más tarde. Antes de eso, interpretan, él desde allí y la banda desde el escenario, “Las palabras”, canción de su último álbum, dedicada a su padre.

Foto: Camila Spoleti.

Desde aquel lugar, Drexler interpreta algunos de sus clásicos. “Guitarra y vos” primero y luego “Al otro lado del río”, la canción compuesta para la película Diarios de motocicleta y ganadora del Óscar a mejor canción original en 2005. Esta última es cantada a capela, con gran acompañamiento del público. Canta también “Inoportuna”; “Soledad”, con protagonismo de Alejandra López en el contrabajo y “Amar y ser amado”.

Alejandra López en “Soledad”. Foto: Camila Spoleti.

Luego Drexler vuelve al escenario con otro tema ya clásico: “Movimiento”. Él baila. La gente desde el asiento baila también y acompaña con palmas. El show sigue una hora más. “Ponele que hablo de Martínez”, “Cuando cantaba Morente”, “Universos paralelos”, “Tocarte”, son las canciones que siguen.

Entre un tema y otro, Drexler habla. Cuenta al público quién es Enrique Morente, un cantante de flamenco ya fallecido, que conoció cuando fue a España durante su juventud, invitado por Joaquín Sabina, y comparte una anécdota de aquel momento. En la canción lo acompaña la voz de Miryam Latrece, con su acento español que evoca la historia que se acaba de narrar.

Miryam Latrece y Jorge Drexler interpretando “Cuando cantaba Morente”. Foto: Camila Spoleti.

Después Drexler introduce “Nuestro trabajo”, una canción del disco nuevo, unida a “Los puentes” escrita en 2017, según cuenta, ante el miedo por el futuro del mundo que le generó la asunción de Donald Trump. “Un miedo que el tiempo demostró que era completamente justificado”, dice y agrega: “Eso no ha dejado de empeorar en los últimos años, estamos viviendo cosas realmente horripilantes y, en un mundo con ese grado de polarización, la música tiene un rol de sincronización”. Recupera un hallazgo científico de una flauta hecha a partir de un hueso de mamut en una cueva en Alemania y sostiene: “Ya hacíamos música hacía muchísimo tiempo y es por algo, porque la música lleva a la gente a ponerse en fase, a comunicarse, a sentir que uno también es el otro y que el otro también es uno, que es el gran aprendizaje olvidado de los últimos años, de bandos y de diferencias en los que cada uno piensa nada más que en su propios muertos y en su propia ganancia. Si algo tenemos para aportar desde nuestro trabajo es eso: que la gente salga pensando que se siente la misma persona que tiene sentada a su lado, aunque piense diferente, tenga opciones diferentes de todo tipo. Ese es nuestro trabajo, tender puentes entre las personas”. “Gracias Jorge”, grita alguien y toda la sala aplaude. “Se preguntarán qué es lo que hacemos cantándole al amor/ Mientras el mundo se va al carajo/ Ni más ni menos que nuestro trabajo/ Nuestro trabajo, nuestro trabajo”, empieza entonces la canción.

A continuación, los instrumentos reacomodan lugares en el escenario y los tambores pasan al frente. Es el momento de “Tambor chico”, la canción dedicada al instrumento del candombe que va “a contramano” y de cuyo sonido surge el nombre del disco. “Taracá”, es una forma de decir “estar acá”, pero también, cuenta Drexler, es aquello a lo que le sonaba el patrón rítmico compuesto por los golpes de mano y palo en ese instrumento. “Taracá, taracá, taracá”, explica él y los músicos hacen la demostración en vivo. Luego tocan la canción. “Estar aquí y estar ahora”, se canta. Otra vez, el espacio y el tiempo.

Sobre el final de la noche el artista toca “¿Qué será que es?”, una versión de “O Que É, O Que É?”, samba emblemática de la música popular brasileña, compuesta por Gonzaguinha; y “Sea”, dedicada a Mercedes Sosa. Para ese entonces, todo el público está de pie. Acompañan con palmas y cantan. Cuando termina la canción, Drexler y la banda agradecen, se despiden y se van. Pero la gente está dispuesta a insistir. “Olé, olé, olé, Jorge, Jorge”, corea. Entonces el show sigue un poco más. “Ante la duda baila”, tocan ahora y la sala es prácticamente una fiesta. Todos, arriba y abajo del escenario, cantan y bailan. Lo mismo cuando suena “Bailar en la cueva”. En lo que es el final de verdad, se cantan dos canciones emblemáticas: “Me haces bien” y “Todo se transforma”. Él y ellos: Drexler y el público, o ellos y ellos: Drexler y la banda, y el público, dan y reciben música y alegría como una misma cosa.

Foto: Camila Spoleti.

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