Desde una supuesta campaña en contra de la Selección Argentina, un ninguneo insostenible al capitán hasta los mismos medios nacionales ensuciando el entorno de nuestro equipo. Si hay algo que cosechó la Scaloneta, además de triunfos, son enemigos.
Por Juma Lamacchia
El fútbol es un deporte apoyado en la pasión de sus hinchas. En su defensa inquebrantable por los colores que representa. Por la unión entre ellos y los protagonistas dentro del campo de juego como un todo. Pero si hay algo fundamental en esta composición es quiénes se encuentran del otro lado y fomentan que todas estas características se alimenten de una rivalidad.
La Selección Argentina es campeona defensora del título del mundo y se encuentra entre los 8 mejores para alcanzar la final y poder lograr un bicampeonato. Algo que sólo lograron Italia y Brasil en los años 1934 – 1938 y 1958 – 1962 respectivamente. Con el agregado de que Argentina cuenta en sus filas con el mejor jugador de la historia que domina este deporte desde hace 20 años.
Por lo tanto, si el campeón es uno solo y a riesgo de que sea siempre el mismo (algo que claramente es muy difícil de conseguir) el equipo capitaneado por Lionel Messi tiene entre sus filas a miles y miles de seguidores anhelando este logro, o en todo caso, acompañando el camino y otros miles que luchan incansablemente para intentar desestabilizarlo y colgarse la medalla de ganadores ante el fracaso rival.
Campañas anti Messi en redes sociales
Durante los primeros días de julio circuló en redes sociales un mail que confirmaba una supuesta campaña paga y direccionada en contra de Lionel Messi y la Selección Argentina argumentando el amaño de los partidos de la Copa del Mundo principalmente.
Esto se amplifica porque, obviamente, existen medios, periodistas, influencers o usuarios de redes que desde su opinión genuina (o eso preferimos creer) intentan convencer a sus seguidores de que invalidar el rendimiento argentino es legítimo y hay una vehemencia desde la organización para que Lionel Messi continúe en la cúspide del deporte y eso va en contra de sus propios gustos e intereses.
De todas formas, Chequeado investigó esta secuencia y determinó que es insostenible que sea real la campaña paga promovida por la agencia PR360 Sports. Se cree que podría ser una fake news que el algoritmo se encargó de posicionar para que cuentas financiadas por casas de apuestas obtengan más interacciones.
El mundo de las redes sociales es difícil de comparar con lo que pasa fuera de ellas. Porque al mismo tiempo que crece el odio a los dirigidos por Scaloni, los estadios de fútbol de la Copa del Mundo se llenan de hinchas extranjeros con la camiseta celeste y blanca con el número 10, los tickets de los partidos de Argentina tienen los valores más altos del torneo, el fenómeno Bangladesh se repite en otras regiones y las grandes figuras mundiales se rinden ante el mejor jugador del mundo.


La FIFA prefiere el marketing
Otro de los argumentos para manifestarse en contra es el armado de la Copa del Mundo para la brintallez de Lionel Messi y sus compañeros en lo que sería su última competición a nivel selecciones y un despido a la altura de su carrera. Todo sea por el marketing, la foto, las marcas, los sponsors y los negocios detrás del fútbol.
Si algo existe desde que se inventó el fútbol es la injusticia y acompañado de ella los reclamos pertinentes de quienes sufren una derrota. Es algo que forma parte ya del folklore del juego. Lo que se vive en esta época es la libertad de poder decirlo quien quiera (como por ejemplo el alcalde de Nueva York o el director técnico de Egipto), en el lugar que quiera y con los exabruptos que quiera.
El fútbol ha tenido sus manchas, hubo casos de corrupción y los habrá siempre. Incluso, en este mundial, Trump intervino para que le quiten la suspensión a una de las figuras de Estados Unidos, Folarin Balogun, y de todas formas quedó eliminado por Bélgica. También hubo errores arbitrales y dudas sobre el uso del VAR, como en todas las competiciones del mundo. Pero centrar la discusión futbolera en este ámbito es reducir al mínimo el valor deportivo de quienes lo juegan.
En una época donde la violencia no es condenada y las redes sociales permiten llevar una discusión futbolera mucho más lejos, el folklore perdió su horizonte. La conocida chicana, ese chiste entre hinchas rivales que relega o diferencia a uno del otro, se perdió por completo, entre otras cosas, por la gentrificación del fútbol. Por eso, un streamer español se pasa la camiseta argentina por sus genitales o una tiktoker la utiliza como trapo para limpiar la casa. Antes, por lo menos, la pasión era más coherente.
El enemigo desde adentro
Si hay algo a lo que está acostumbrado Lionel Messi, además de ganar, es tener que enfrentar campañas en su contra desde los grandes medios de comunicación o las esferas de poder más cercanas a él.
En Argentina tuvo a sus mayores detractores, gran parte de la prensa local apuntó contra el rosarino durante gran parte de su carrera al no obtener con la selección la cantidad de títulos que obtenía con el Barcelona de España. Y ahora, que sí lo logró, son quienes lo defienden a capa y espada. De hecho, la revista France Football lo homenajeó y publicó un video sobre esto en el año 2021 cuando Messi ganó su 7mo Balón de Oro.
Pero otro antecedente mucho más grave tiene esta historia y es el conocido como Barcagate. Este sí fue real. Transcurría el año 2020 y Lionel Messi se encontraba en negociaciones con el Barcelona para renovar su contrato, algo que con el diario del lunes, no era de interés para el presidente Bartomeu.
Fue en febrero de ese año cuando una investigación periodística destapó que la gestión de Bartomeu había contratado en secreto a una agencia de marketing digital para crear una red de cuentas falsas en Twitter y Facebook. Para esquivar los controles de la junta directiva, el club fragmentó un pago cercano al millón de euros en varias facturas menores. Estas cuentas falsas se dedicaron a desgastar la imagen pública de Messi y su entorno, instalando la narrativa de que el capitán era un «dictador» que ponía en jaque las finanzas de la institución.
El escándalo escaló a la justicia penal y, en marzo de 2021, la policía catalana allanó las oficinas del Camp Nou, culminando con la detención del propio Bartomeu por administración desleal y corrupción. Aunque la dirigencia intentó camuflar la maniobra como un simple monitoreo de redes, este hostigamiento digital sistemático terminó de quebrar la relación con el ’10’ y se convirtió en el punto de no retorno que pavimentó su traumática salida del club.
Por último, vale aclarar que si bien Lionel Messi eligió que su vida mediática sea mucho más reservada, no es ajeno a lo que se dice en los canales de televisión, streaming o redes sociales. Y así fue que desactivó los dichos sobre la periodista Sofía Martinez y sus vínculos con los jugadores (sobre todo con el 10) en la zona mixta después del partido contra Cabo Verde y no hizo eco de las fake news sobre la muerte de su padre.
Siempre es más cómodo ser oposición y bastardear a quien se encuentra en la cima. La envidia es uno de los pecados capitales y las redes sociales se desviven por un me gusta, un click más o una interacción. Si algo logró cosechar Lionel Messi a lo largo de su carrera son triunfos, seguidores, hinchas que lo aman y, además, enemigos. No serán los primeros, ni los últimos. Y por suerte, todavía le pueden quedar algunos triunfos.
